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Clara López Obregón reprogramada

Clara López Obregón reprogramada

Revista Jet-set

La operación en la que le extrajeron un tumor benigno del cerebro ha sido el renacimiento de la presidenta del Polo Democrático. La sobrina de dos exmandatarios colombianos dice que los días de descanso la dejarán lista para su candidatura a la Presidencia de la República.
Después de la operación del 14 de mayo, Clara López recuerda sus años de infancia pintados por el maestro Juan Antonio Roda y la herencia política de su tío abuelo Alfonso López Pumarejo, retratado por Gregorio Zerda en 1936. Foto: ©Imagen Reina/13.
Por: Edición 26227/6/2013 00:00:00
Clara López se recupera en su casa y recibe a las visitas en las mañanas, cuando tiene más energía. Solo la cicatriz de veinte puntos en el lado derecho de su cabeza evidencia la reciente cirugía que la tuvo seis horas en el quirófano. Los neurocirujanos de la Fundación Santa Fe de Bogotá, Enrique Jiménez y Fernando Hakim, le extrajeron un meningioma del cerebro. Superado el temor que la llevó al punto de redactar su testamento, la candidata a la Presidencia de la República por el Polo Democrático dice que se siente radiante. Y así se ve, camina con agilidad, bromea, sonríe, le agradece a la vida y se dedica a repensar el país. Un monumental ramo de flores anaranjadas adornan la mesa de la sala de su apartamento en Bogotá. Al lado, una caja de chocolates medio abierta da testimonio del amor que ha recibido de la gente. En las paredes del salón, desde donde se puede ver la ciudad que ella dirigió por seis meses, cuelgan pinturas de reconocidos artistas colombianos. Entre ellos, un óleo del expresidente Alfonso López Pumarejo, tío de su padre Álvaro López Holguín, y el Homenaje a Bolívar firmado por su primo materno Alejandro Obregón. Ambrosio, el gato calentano que se volvió peludo por el frío de Bogotá, anda feliz con la compañía permanente de su dueña, quien guardará reposo en su casa por lo menos un mes más.

¿Qué le ha pasado después de la operación? –Es un renacer. A medida que avanza la recuperación, cada día me siento un año más joven. Veo los colores más brillantes, ya no me agobian ni el dolor de cabeza ni la presión en la frente con la que amanecía todos los días desde hace 16 años. Me cuentan los médicos que cuando sacaron el tumor, que era un poco más grande que una bola de golf, el centro estaba cristalizado, lo que muestra que llevaba mucho tiempo ahí. No entiendo cómo no caí en cuenta de lo que me estaba pasando, antes el dolor no me dejaba ni agacharme a recoger algo del piso. Todo se lo achacaba a la sinusitis.

¿Sintió temor? –El miedo no fue poco. No solo fue una confrontación con la muerte, la preocupación más grande que tenía era que saliera disminuida. Los médicos se metieron en la “caja negra”, que dirige cómo camino, pienso, hablo, leo, mi motricidad, todo… Cualquier parte hubiera podido salir afectada. Es un milagro divino que hoy esté mejor que antes.

¿Ese milagro le genera un mayor compromiso con la vida? –En la película La sociedad de los poetas muertos, el mentor del grupo de alumnos les recordaba un dicho latino: “Carpe Diem. Vive cada día al máximo, en el presente, como si fuera el último… con más fuerza”. ?Llevo más de un mes en mi casa disfrutando de los atardeceres, cada día uno diferente y único. Eso no lo vivía hace muchos años.

¿Por qué decidió redactar su testamento? –Soy muy realista y escribirlo me pareció algo natural y nada traumático. Tomo lo bueno y lo difícil de la vida de la misma manera. Tenía que garantizarles a quienes están a mi alrededor que no pasaran dificultades. No tuve hijos, pero sí muchas personas a quienes cuidar. Además, me interesaba que mi gente supiera que me han hecho feliz a lo largo de mi vida.

¿Quiénes la han hecho feliz? –Mi esposo (Carlos Romero, exlíder de la UP), a él le dije que esperaba abrir los ojos y verlo, pero si no era así que se quedara con la tranquilidad de que habíamos tenido una vida plena. Lo mismo hice con mis hermanos Eduardo y Mauricio, que han sido el sostén de todas mis quijotadas.

¿Tiene algún arrepentimiento? –He cometido errores tan profundos como el de quemar la colección de cartas que le envié a lo largo de la vida a mi mamá (Cecilia Obregón) y que ella guardaba en su escaparate. Fue en 1991, cuando ella murió. Siempre he sufrido y gozado al máximo, y en ese momento estaba muy triste. Ahora disfruto con las lecciones de mi madre.

¿De qué lecciones se acuerda? –Ella tuvo un tumor como el mío y, a pesar de que sufrió con su enfermedad, nunca se quejó. De ella aprendí la sensibilidad social. A los nueve años me llevaba a ayudar a la gente del barrio Sotileza, en Bogotá, y a jornadas de alfabetización en áreas rurales. Por encima de todo, me enseñó a ser tolerante con las creencias y políticas de los demás.

¿Cómo es su relación con Dios? –He sido espiritual, pero no siempre creyente. Me peleé con Dios cuando me arrebató a mi padre (Álvaro López Holguín), preciso después de mi regreso del colegio en Estados Unidos. Yo rezaba para tener fe y la recuperé muchos años después con el padre Alfonso Llano. Él nos explicó a un grupo de escépticos, exalumnos de Harvard, que la fe depende de uno mismo.


¿La credibilidad y la fe en el Polo han disminuido con las dos últimas alcaldías de Bogotá? –Esa es una de las ficciones de nuestro tiempo, que la corrupción es un fenómeno aislado. ?Me duele mucho que gente de nuestro partido esté en el ojo del huracán, pero esa es la excepción y no la regla en la izquierda.

¿Eso qué quiere decir? –A los políticos de izquierda los critican mucho más por sus errores que por sus aciertos. Solo por poner un ejemplo: la gente ignora que bajo los dos gobiernos del Polo, en Bogotá se logró la gratuidad absoluta en la educación pública.

¿Cómo ve su candidatura frente a la reelección del presidente Juan Manuel Santos? –Es una lucha desigual. Pero tengo una ventana de posibilidad: David venció a Goliat, y yo me siento “Davida”, la mujer que da vida.

¿Llegó la época de la mujer? –Lo que necesita Colombia para la reconciliación y la convivencia son los valores del cuidado, de la solidaridad y del buen entendimiento. Eso es lo que representamos las mujeres que, siendo fuertes, no necesitamos pelear para gobernar.

¿Qué viene ahora? –El afecto que he recibido es la muestra de que la gente reconoce en mí el respeto que tengo por todo el mundo. Me hizo sentir muy bien que el expresidente Álvaro Uribe haya llamado en solidaridad a mi esposo, igual que Ernesto Samper, el vicepresidente Angelino Garzón, el presidente de la República Juan Manuel Santos y el alcalde Gustavo Petro. En noviembre lanzaremos mi candidatura a la Presidencia, y creo que puedo representar la salida unificada que necesita Colombia, que podemos ser un solo cuerpo con nuestras diferencias.
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