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Christian Byfield, el embajador de Colombia en el mundo

Christian Byfield, el embajador de Colombia en el mundo

REVISTA JET-SET

El joven bogotano ha recorrido 59 países de los cinco continentes, es imagen de ProColombia para promover el turismo y reconocidas marcas como NatGeo, Go Pro y Avianca lo buscan para que los represente. Durante dos años viajó por el mundo solo con un backpack de 14 kilos y una cámara fotográfica.
Christian estudió Ingenieria Industrial en la Universidad de los Andes por “presión social”, pero sus verdaderas pasiones eran la biología, la antropología y los viajes.
Por: Revista Jet-set.9/11/2016 00:00:00

Christian aprendió a ser feliz muy lejos de Bogotá. A los 25 años, frustrado de su trabajo en una reconocida banca de inversión, renunció a su millonario sueldo para dar un salto al vacío que, según él, ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar en su vida, pero también la más acertada. Hoy, tres años después de abandonar los lujos y comodidades propias de cualquier ejecutivo, es un joven nómada lleno de experiencias y amigos que conoció en los 59 países que ha visitado hasta el momento. Entre trenes, ferris, aviones y buses, este bogotano se dio cuenta de que viajar era su pasión y vive de eso.

La aventura comenzó cuando se presentó a la convocatoria de la aerolínea Qatar Airways que buscaba personal de tripulación colombiano. “Me postulé y no pasé, pero entendí que si intenté ser azafato era porque algo en mi vida andaba mal. Había estudiado Ingeniería Industrial por presión social, no por vocación, y ahí estaban los resultados: cero pasión por lo que hacía”. Enfiló su energía en conseguir un nuevo trabajo y al poco tiempo se convirtió en uno de los consultores estrella de StratCo Consultores Asociados. Allí se codeaba con los ejecutivos más importantes del país y asistía a las juntas directivas de influyentes empresas. A pesar de la envidia que generaba en sus colegas y familiares por el dinero que ganaba y los contactos que estaba haciendo, Christian no se sentía satisfecho. “Lo que me gustaba era viajar, pero en 14 días hábiles de vacaciones que tenía al año no lograba hacerlo, entonces aprovechaba cada salida de trabajo para quedarme en el lugar los fines de semana”.

En una de esas ocasiones visitó San Agustín, en Huila, y conoció a un americano que había renunciado al Bank Of America para dedicarse a recorrer el mundo. Esa historia fue la primera señal que le envió el universo para tomar la decisión de cambiar ciento por ciento su vida. Regresó a Bogotá y empezó a trabajar intensamente para ahorrar e irse lejos. Además de las consultorías, vendía seguros, tiquetes y hacía tours. No descansaba ni en los almuerzos, solo quería conseguir más dinero para poder darle la vuelta al mundo. Cuando reunió 38.000 dólares en su cuenta de ahorros compró un tiquete a Etiopía. Ese mismo día le contó a su jefe que se iba, pero él no lo apoyó en la decisión y le dijo que estaba tirando a la basura un futuro brillante y lleno de éxitos. En su casa únicamente encontró apoyo en su papá, su mamá y sus dos hermanas lo tildaron de loco y de irresponsable.

A pesar de las opiniones de los demás, Christian abordó, hace tres años, el vuelo que lo llevaría lejos de la oficina y del protocolo corporativo. “Fue el peor viaje que he hecho. Mi jefe me había llenado de miedos y los diez primeros días pensé que estaba cometiendo el peor error de mi vida. Lloraba todas las noches y me dio una depresión muy fuerte”, recuerda. Estaba en el segundo país más poblado de África y ya no tenía que levantarse temprano y sentarse frente a un computador más de 12 horas diarias, sino conocer, probar y descansar. Esa reflexión lo hizo salir a la calle con ganas de comerse el mundo y sonreírle a la primera persona que se cruzó por el camino. “Él me devolvió la sonrisa más linda que he visto. Le volví a sonreír a la señora que venía detrás y ella hizo lo mismo. Ese fue un descubrimiento mágico, me di cuenta de que todos sonreímos en el mismo idioma”.

Llevaba poco tiempo fuera de Colombia cuando decidió empezar a escribir semanalmente un mail a las personas de su base de datos, que incluía presidentes y altos ejecutivos de multinacionales, contándoles cada cosa que aprendía y sobre los personajes que conocía. También les hacía confesiones de lo que había descubierto en él, como que se enamoraba en cada país –de hombres y mujeres– que los miedos iban y volvían influidos por el clima, la compañía o el estado de ánimo y que los ahorros se le estaban empezando a acabar. Justo en ese momento lo contactaron de la revista Avianca para que escribiera sobre esos lugares recónditos que había visitado y que habían enamorado a más de un ejecutivo que recibía los correos. Esa fue la segunda señal del universo que le demostró a Christian que ese era el camino, pero había llegado la hora de volver. Después de dos años con la mochila al hombro regresó a Colombia con los bolsillos vacíos, su computador lleno de fotos y el corazón atestado de recuerdos y sonrisas. A miles de kilómetros había aprendido a ser feliz con lo mínimo.

Pocos días después de estar en casa nuevamente le ofrecieron gerenciar una agencia de viajes. Apenas preguntó qué necesitaba para ocupar el cargo y le respondieron que cortarse el pelo, vestirse con corbata y cumplir horario de oficina, dijo que no. “Mi mamá volvió a preocuparse porque no sabía de qué iba a vivir, pero yo estaba seguro de que algo llegaría. Simplemente confiaba y atraía las cosas buenas con pensamientos positivos”. Y no se equivocó pues empezaron a aparecer marcas que lo querían como imagen de diferentes campañas relacionadas con el turismo.

Entre esas estuvo NatGeo, que le propuso hacer una serie llamada Colombia Realismo Mágico by Christian Byfield. También se sumaron ProColombia que lo nombró embajador de Colombia para promover el país en el extranjero, Go Pro, distintas gobernaciones y alcaldías nacionales y medios de comunicación como RCN, que lo contrató como experto en viajes. Actualmente Christian tiene más de 54.000 seguidores en Instagram que viven pendientes de los lugares que recomienda.

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