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Chavela Vargas “Ojalá que te vaya bonito”

Chavela Vargas “Ojalá que te vaya bonito”

Revista Jet-Set

En medio de tequilas y canciones, la cantante fallecida fue despedida por miles de seguidores. Esta semana se lanza el disco La Chamana, un tributo a Chavela Vargas, que incluye Corazón negro, una canción inédita.
En septiembre un mural de la cantante acompañará la pintura del maestro José Alfredo Jiménez en el Salón Tenampa. Foto: AFP
Por: 22/8/2012 00:00:00
“Los mariachis callaron. A partir de hoy las amarguras volverán a ser amargas. Señoras y señores: se ha ido Chavela Vargas”. Con esta sentida rima se anunció la muerte de la cantante Isabel Vargas Lizano en la ciudad de Cuernavaca, México, el pasado 5 de agosto. Pero ella, que acababa de cumplir 93 años, se había encargado de predecir lo que pasaría después de su partida: “Muchos hipócritas irán a llorarme —dijo—, vendrán a mi entierro las putas y el jet-set de España”, se burló. Con su clásica irreverencia, La Chamana, consagrada por los indígenas huicholes del norte de Jalisco, sentenció: “Que me recuerden como les dé la gana”.

Por estos días Chavela ha sido recordada con amor y tequila. Las fotos de los archivos de las revistas la han mostrado joven, vestida como hombre, al lado de su amiga la artista Frida Kahlo; sonriente con Pedro Almodóvar, “su esposo en este mundo”, como le gustaba llamar al cineasta español; o arropada con su inconfundible poncho rojo en los escenarios que algunas veces compartió con Joaquín Sabina.

Las reseñas de los periódicos cuentan que aunque nació en un pequeño poblado de Costa Rica, a los 17 años se nacionalizó mexicana. Las biografías dicen que a comienzos de los sesenta logró darles un matiz dramático a las canciones de su padrino musical, José Alfredo Jiménez, y publicó su primer disco. Los expertos recuerdan que a finales de los setenta, su voz ronca desapareció del mapa por su alcoholismo, y que gracias a Almodóvar —quien en 1991 puso en la banda sonora de Tacones lejanos su versión de Piensa en mí— renació de las cenizas y volvió a ser aclamada.

Finalmente queda la sensación que dejó en quienes se emocionaron con su música en sus conciertos o a través de los más de ochenta discos que grabó, y en algunos afortunados que la conocieron y disfrutaron de su humor particularmente ácido y su apasionada manera de vivir. Para cumplir uno de sus últimos deseos, sus cenizas se esparcirán en el Valle de Tepoztlán, Morelos, declarado “Pueblo Mágico” por la Unesco.•

Marianne Ponsford. Directora de la revista Arcadia


“Estuvimos muy cerca durante tres años. El editor para el que yo trabajaba en Madrid la redescubrió en México y la llevó a España. Abrimos una casa disquera solo para grabarla de nuevo. En ese tiempo Chavela tenía un poco más de setenta años, no bebía nada y se asombraba con tantos e inesperados éxitos. Tenía algo de cuatrero maloso, una especie de oscuridad pausada en el alma. Quizá disimulaba el cansancio de su vida, y se callaba sus tristezas. Las cenas con Almodóvar, los presidentes que la buscaban y los autógrafos le daban igual. Solo quería cantar”.

Claudia García. Directora de la Fundación Semana


“La conocí en el 2006. Con ocho meses de embarazo, viajé a San José de Costa Rica y la visité en el hospital por una caída que le dejó dos costillas rotas. Le dije que su voz me había maravillado desde niña y que gracias a ella convivía feliz con mis tristezas. La acompañé durante dos días, porque su familia no la visitaba. Grosera, e irreverente, me habló de sus eternos desencantos con las mujeres, de su música y sus borracheras con José Alfredo Jiménez en la emblemática cantina Tenampa, en donde los dos bebían tequila y él escribía canciones en servilletas arrugadas”.

Jorge Lizarazo. Diseñador y artista


“Cuando oí a Chavela Vargas en vivo por primera vez, su música y letras fueron indisociables del rojo que la cubría. Ella me inspiró para diseñar un textil al que bauticé ‘Chavela’ y formó parte de nuestra primera exhibición en Design Miami. Hoy nuestros hilos se tiñen otra vez de rojo, al tejer en su despedida el dolor, la angustia y el amor desgarrado que brotaba de su voz, y que abrigarán su camino al más allá con un nuevo poncho hechizado”.

Amparo Pérez. Defensora del televidente del Canal Caracol

“Me encantaba su voz ‘ronqueta’ y sus frases arrastradas. Su música evoca tragedias, tristezas, desamores y revanchas. Cada vez que la oigo cantar me dan ganas de beber. Porque eso es mucho de lo que ella representaba, una mujer bohemia, transgresora, a la que no le importó nunca el qué dirán. Ese espíritu libre e independiente aparece cuando uno se sienta en la barra de un bar a oír sus canciones y a tomarse un trago”.

Anamarta de Pizarro. Directora del Festival Iberoamericano de Teatro

“Era una intérprete como pocas. Vivía las canciones y las actuaba. Eso hacía la diferencia en ella, tanto que Almodóvar la rescató de su alcoholismo para darles vida a sus películas con su voz y su sentimiento. Siempre que la oigo cantar siento en el fondo de mi alma el grito de una mujer que amó con el alma, que se anticipó a su tiempo y rompió paradigmas”.
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