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César Rincón, de héroe a villano

César Rincón, de héroe a villano

REVISTA JET-SET

Las protestas antitaurinas tienen en jaque a los toreros y a los ganaderos del país. Uno de ellos es César Rincón, quien cuenta que pasó de ser un héroe y salir en hombros de las principales plazas del mundo, a ser tildado de criminal. Desaprueba que esto se haya vuelto un tema político.
La ganadería Las Ventas del Espíritu Santo del maestro César Rincón es una de las más reconocidas del país, tiene 350 hectáreas y más de 300 cabezas de ganado. Además tiene otro criadero de ganado de lidia en Extremadura, cerca de Portugal.
Por: Revista Jet-set.22/2/2017 00:00:00

Entre Facatativá y Albán, Cundinamarca, está Las Ventas del Espíritu Santo, la finca de 350 hectáreas donde César Rincón cría la ganadería del mismo nombre, que es una de las mejores del país. Desde hace seis años la rentabilidad de su negocio se ha visto reducida un 40 por ciento, una cifra que pesa en su bolsillo. “Es muy triste ver cómo con el cierre de las plazas de toros muchas ganaderías han ido desapareciendo, este es un tema económico, ¿si no venden animales, cómo los alimentan?”, dice. “Lo que ese señor (Petro) hizo fue mandar un mensaje al país, ya algunos alcaldes no permiten el toreo y eso nos ha perjudicado a los ganaderos y a la gente que vive de esto, como los banderilleros, los comerciantes, los que venden la bota, los de los restaurantes, etcétera”.

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César cuenta que lloró de la alegría el día que reabrieron la Santamaría, en Bogotá, pero esa emoción se vio opacada por la protesta antitaurina: “Es triste sentir que haya gente intolerante que impida que vayamos a un espectáculo porque nos da miedo que nos agredan”. Así justifica que en esta temporada las plazas se hayan visto medio vacías. Dice que este país es muy hipócrita. “Cuando en una marisquería escogen una langosta viva y la meten a una olla hirviendo, nadie protesta, no hay ningún animalista quejándose”.

Pero, ¿no siente dolor cuando mira a los ojos al toro y le clava la espada? “Qué pasa con la gente que trabaja en los frigoríficos, esa es su profesión. Acaso les van a preguntar si no les da pena matar a ese animalito, pues no. Además cuando el toro es espectacular, como hace poquito vimos, se gana la vida”. Su ganadería ha tenido varios ejemplares indultados.

Foto: Karen Salamanca.

Para él, todo se traduce en el respeto por los gustos de otros y el derecho al desarrollo de la libre personalidad. “A mí no me gustan las fiestas de rock donde meten marihuana, pero las respeto. Así mismo como respeto a las lesbianas y a los travestis, cada uno tiene su condición”.

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A medida que habla va subiendo su tono de voz y se apasiona tanto que se le olvida que está en una entrevista. “Lo de los toros se convirtió en un tema político, en un sofisma de distracción para tapar la corrupción tan grande que hay en nuestro país. Aquí matan por un celular, en La Guajira los niños se mueren de hambre y nadie dice nada, somos indolentes ante nuestra misma raza; pero entonces matan a un animal y ahí sí sale todo el mundo a decir pobrecito”.

Le parece absurdo que los seres humanos humanicen a los animales y los pongan en el mismo saco. “No podemos comparar a un pollo, a un perro o a una cucaracha con un toro de lidia que es combativo por naturaleza”. Explica que tiene que separarlos en los potreros por edades para que no se ataquen entre ellos. Hace unos días, ‘Batallador’ mató cinco.

Se estresa cuando se enferman y dice que es más fácil ser torero que ganadero. “Cuando yo toreaba y las cosas salían mal me acordaba de los antepasados del ganadero. Hoy les ofrezco disculpas porque la ignorancia es atrevida, la genética de estos animales es muy difícil”.

Cuando abrió Las Ventas del Espíritu Santo en 1992 importó desde España 90 vacas y cinco sementales, cada uno por valor de 12.000 dólares; ahora suma más de 300. Ha empezado a experimentar con embriones y el resultado ha sido muy positivo. “El negocio es legal y pagué mucha plata por él, si ahora quieren hacerlo ver ilegal van a tener que someterse a unas demandas en las que entraríamos a cuantificar los daños y perjuicios, aunque no creo que lleguemos a eso”, dice.

César colgó el capote en 2008 y desde entonces no torea ni siquiera para sus amigos que se lo piden constantemente. “Cuando uno pasa del quinto piso tiene que tener prudencia”. Dice que aunque su corazón le dice que lo haga, su cabeza le gana.

El ganadero ve con preocupación que se esté poniendo en peligro la extinción del toro de lidia. Si se acaba la tauromaquia esta especie se extinguiría y con ella el trabajo de muchos años en genética. Por eso mismo no comulga con la propuesta de las corridas sin muerte. “Eso es como si jugamos al fútbol sin meter el gol. El animal no moriría frente al público, pero lo haría en un matadero como lo hacen todos los de la cadena cárnica. ¿Nadie se ha puesto a pensar cuántos mueren por segundo en el mundo? El grave problema es que la gente de la ciudad no sabe lo que pasa en el campo, solamente abren el frigorífico y sacan la carne, pero desconocen cómo fue sacrificado ese animal y tampoco quieren entenderlo”, asegura, mientras recorre los potreros en su camioneta.

Rincón, que hasta hace unos años era una figura en Colombia, hoy recibe insultos en la calle, pero los capotea con altura. “No me pongo a pelear. Cuando dejé el toreo en 2008, un señor que se llama Daniel Samper Ospina escribió: ‘Se retira el peor criminal de la historia del país’.  Ojo, no soy ningún criminal, eso es algo que no debe pasar. Los antitaurinos no quieren ver en la fiesta más que la muerte del toro olvidando el rito, la herencia y la tradición”.

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El hombre de las cuatro ‘puertas grandes’ en Las Ventas de Madrid, defiende la tauromaquia porque le ha dado todo en la vida. “Yo nací en una familia muy humilde y poder ascender después de venir de tan abajo es importante”. Es hijo de un fotógrafo callejero y de una empleada doméstica, que murió cuando se incendió la casa por una veladora con la que alumbraba los santos para que al aprendiz de torero le fuera bien en España. Antes de lanzarse a los ruedos, César fue ayudante de zapatería en el barrio Restrepo, en Bogotá, y acompañaba a su papá a vender fotografías a la Santamaría, donde se enamoró del oficio.

El día que reabrieron la plaza en Bogotá, Felipe Negret le propuso torear pero no aceptó.  “Duré 25 años en esta profesión y mis sueños me desbordaron. Toqué el cielo y cuando uno está en la cima de la montaña, lo lógico es descender”. Reconoce que a veces le hace falta la ovación del público, pero la cabeza le gana.

Ya pasaron las épocas en que se paraba frente al toro con la inconsciencia de los jóvenes que desafían la muerte para arrancarle al público unos emocionados ‘olés’ y llevarse las orejas. “Cuando uno entra al quinto piso tiene que tener prudencia. A mis aficionados no les alegraría verme en un nivel más bajo. Esta profesión es de pasiones y en un segundo pasas de ser un ídolo a ser odiado y yo no quisiera eso”.

Su favorito en los ruedos es el peruano Andrés Roca Rey y de los colombianos no destaca ninguno. “Es que si no hay escuelas taurinas es muy difícil. No hay derecho a que Coldeportes recaude el 10 por ciento de cada espectáculo taurino y no reinvierta en formación. Me da tristeza ver a muchos muchachos que quieren ser toreros y no pueden realizar sus sueños, no se los deben prohibir”.

Por ahora no se ve un heredero de Rincón. El maestro tiene dos hijos, Juan José, de 17 años, y Luis Ignacio, de 7. A los dos les gusta la fiesta brava pero no cree que vayan a seguir sus pasos. “Juan José no torea bonito, pero es que yo nunca le he dicho haga esto o aquello. El chiquito a veces sale toreando por ahí y me estresa porque esta profesión es muy difícil, por eso mismo no hay tantas figuras del toreo”.

Su cuerpo está lleno de cicatrices de las cornadas que recibió, pero él dice que tiene la carne dura, como la de los toros, para aguantar el debate.

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