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Cécilia Attias la primera dama se confiesa

Cécilia Attias la primera dama se confiesa

Revista Jet-set

La polémica exesposa de Nicolás Sarkozy rompe su largo silencio y cuenta en su autobiografía que fue el desamor de él, más que la infidelidad de ella, la causa de su escandaloso divorcio en 2007.
Cécilia, de 55 años y bisnieta del compositor Isaac Albéniz, en una reciente entrevista para televisión con motivo de su autobiografía. Desmiente que fuera el poder detrás del trono en la presidencia de Sarkozy. Foto: AFP.
Por: Edición 27023/10/2013 00:00:00
La opinión pública francesa ya la reconoce como una de las mujeres emblemáticas de la Quinta República porque hace seis años, en pleno corazón de la historia, cuando su esposo Nicolás Sarkozy acababa de conquistar el poder supremo de una de las naciones más influyentes del globo, ella abandonó al mandatario para rehacer su vida. Y no precisamente sola, sino con Richard Attias, de quien se había enamorado a primera vista en 2005 con tanto ímpetu, que incluso se había fugado con él antes de que su segundo marido, quien le perdonó los cuernos, la convirtiera en primera dama.

En ese momento que dejó al mundo sumido en el estupor, porque nunca se había visto algo así en la historia de la presidencia gala, se dijo que ella no soportó vivir sin Attias, con quien hoy está casada y vive en Nueva York. No obstante, luego de años de silencio, Cécilia Ciganer-Albéniz, su nombre de soltera, escribe en su nueva autobiografía, Une envie de vérité, que si bien seguía teniendo sentimientos por su amante, fue el cambio que operó en Sarkozy la llegada al poder lo que la llevó a dar este paso “totalmente personal”. “Él me había olvidado”, asegura, y relata además que una vez en el Palacio del Elíseo él se transformó de un político dinámico a un presidente agitado, propenso a las terribles furias. “Es extraño cómo este hombre que era totalmente plácido en su vida privada, que nunca alzaba la voz en casa, terminara por proyectar semejante imagen pública de ser impulsivo”, se cuestiona Cécilia. Apunta que fue precisamente ese el origen de la derrota del político en la reelección de 2012, además de su giro hacia la extrema derecha: “pienso que tanta transparencia es un arma de doble filo. Al mostrarse tan cercano se corre el riesgo de desdibujar la grandeza del cargo”.

Luego del divorcio, revela la bisnieta del compositor Isaac Albéniz, varias de sus amigas empezaron a separarse de sus maridos, deseosas de reemplazarla como anfitriona del Elíseo. “La gente hace lo que sea por el poder y el dinero”, concluye.

Cécilia también desmiente la versión de que ella era el genio malvado detrás de la política del jefe de Estado y que lo manipulaba todo en el palacio. “Nicolás no necesitaba de mí. ¡Él está en la política desde los 17 años!”, aclara. Eso sí, reconoce que suplía la necesidad de él de ser escuchado ante la soledad del poder y las difíciles decisiones que debía tomar.

Uno de los episodios polémicos del paso de Cécilia por la vida pública, fue el hecho de que no votara en la segunda vuelta de la elección en que su esposo se jugaba la presidencia. Por fin, ella explica que en ese momento se estaba cuestionando si seguir o no con Sarkozy, y que se sentía tan confundida que no fue capaz de afrontar a la prensa que la perseguía por todos lados. “Yo quería votar, pero no pude”, escribe.

Attias, famosa por su imagen de fría y distante, defiende en el libro su teoría de que hay que saber dejar a un esposo para salvar a una familia y eso fue lo que ella hizo, además de querer cumplir con su lema de vivir de acuerdo consigo misma. Hoy, confiesa, siente ternura por Sarkozy y aún habla de política con él. Cree además que así como ella tiene un hogar feliz con Richard, él lo tiene con la bella Carla Bruni. “Adoro a Carla, es fina, inteligente. La pequeña Giulia (hija de Sarkozy y Carla) es adorable. Richard y yo la hemos ido a ver desde que nació. ¡Es el vivo retrato de su padre!”.

Su encuentro con el fallecido dictador libio Muammar Gaddafi, a cuyo país fue en misión diplomática de liberar a unas enfermeras búlgaras retenidas por el régimen también sale a la luz en la autobiografía. La entonces primera dama fue conducida del aeropuerto de Trípoli a un búnker donde fue encerrada en un salón. De pronto, apareció el caudillo, a quien describe como “un exatleta decrépito, con la cara hinchada, obviamente cansado y que parecía un actor de segunda en una producción clase B”. De inmediato, narra, comenzó a reprenderlo: “¿está usted consciente de la manera en que he sido tratada? ¡Y no se me acerque tanto!”. Cécilia finalmente logró que Gaddafi se comprometiera a entregarle a las enfermeras y le dijo: “¿ya está contenta”.
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