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Catherine y William de Inglaterra “¡Bienvenida, princesita!”

Catherine y William de Inglaterra “¡Bienvenida, princesita!”

REVISTA JET-SET

Los fututos reyes de Inglaterra y la familia real de Windsor reciben alborozados a Charlotte, la primera hija de un heredero del trono en nacer desde 1950. Su bisabuela Isabel II la nombró princesa de Cambridge.
Catherine y William de Cambridge presentaron a la bebé Charlotte nueve horas después de su nacimiento el 2 de mayo, en el ala Lindo del St. Mary Hospital, de Londres. Sorprendió lo espléndida que se veía la duquesa, con un vestido de Jenny Packham, pese a lo reciente del parto.
Por: 21/5/2015 00:00:00
Como toda gran dama, Charlotte se hizo esperar. Sus padres la aguardaban para mediados de abril, pero ella solo hizo su arribo el sábado 2 de mayo, a las 8:34 de la mañana, 154 minutos después del ingreso de su madre al ala Lindo del St. Mary Hospital, de Londres. Allí también nacieron su padre, el príncipe William, duque de Cambridge, y su tío, el príncipe Harry, a quien desplaza del cuarto al quinto lugar en la línea de sucesión al trono.

Al igual que pasó con su hermano, George, el príncipe de Cambridge, la expectativa por su nacimiento convocó a una multitud de curiosos y fotógrafos de todo el globo, que pasaron varios días con sus noches aguardando la noticia del alumbramiento de la duquesa Catherine. El gesto conmovió tanto a William, segundo en la línea de sucesión al trono, y a su esposa, que les enviaron meriendas para agradecer su cariño.

Finalmente, nueve horas después de su nacimiento, el mundo pudo conocer a la princesita, de lejos la bebé más fotografiada del año y quien de inmediato no recibió otros calificativos que los de “hermosa” y “tierna”. Cuando sus padres revelaron que la llamarían Charlotte Elizabeth Diana, la fascinación llegó a su punto máximo, pues así homenajeaban a su abuelo Carlos de Gales, el heredero del trono; a la reina Isabel II, de quien es la quinta bisnieta; y a la fallecida Diana, princesa de Gales, quien de seguir viva seguro estaría loca de amor por su primera nieta. A tan significativo nombre, que honra a las mujeres más importantes en la vida de William, la reina le agregó el de princesa de Cambridge, con tratamiento de alteza real, título que no se usaba desde los tiempos de la princesa Mary Adelaide de Cambridge, en el siglo XIX, bisabuela de la monarca.

Charlotte, que significa “pequeña”, es un nombre bien establecido en la casa real (ver recuadro) y el revivir que ya experimentaba antes del nacimiento de la princesita seguro se reforzará de aquí en adelante. Así se llaman, por ejemplo, la hija de Carolina de Mónaco, la primera nieta de Bill y Hillary Clinton, y es el segundo apelativo de Pippa Middleton, tía de la bebé real.

Se trata, de otro lado, del vigésimo primer nombre más popular de Gran Bretaña y las casas de apuestas pagaron cerca de 1,4 millones dólares a quienes pronosticaron que esa sería la elección de los Cambridge. Era el segundo más votado, después de Alice, otro nombre con pedigree real.

El nacimiento de la princesa de Cambridge impregnó a Londres de emoción, cuando la Royal Artillery Band recorrió su centro histórico al son de Isn’t She Lovely, la canción que Stevie Wonder le dedicó a su hija Aisha. Fue el preludio a los cañonazos con que la King’s Troop Royal Horse Artillery y la Honourable Artillery Company, 41 en Hyde Park y 62 en la Torre de Londres, saludaron a la bisnieta de la reina. De otro lado, la Royal Mint (casa de moneda) acuñó cuatro piezas de oro y plata conmemorativas del suceso, cuyos valores oscilan entre los 20 y 2.800 dólares.

Tantos homenajes solo pueden entenderse si se recuerda la prosapia de la bebé, quien es el último retoño de una tradición monárquica que se remonta a más de mil años de continuidad en la historia. En sus venas confluye la sangre de linajes que reinaron en las islas británicas como Normandy, Plantagenet, Lancaster, York, Tudor, Stuart y Wessex, entre otros. Además, por viejos parentescos, desciende de los zares de Rusia, los reyes de Dinamarca y antiquísimas casas alemanas como Hanover, Saxe-Coburg y Gotha, Saxe-Meiningen y Mecklenburg.

Es, igualmente, la primera princesa que nace en la casa real desde 1990, luego del advenimiento de Eugenia de York, hija del príncipe Andrés, y la primera hija de un heredero del trono que llega a la casa real desde 1950, cuando la entonces princesa Isabel dio a luz a la princesa Ana de Edimburgo. Cuando esta última muera y su padre sea rey, Charlotte se convertirá en princesa real, como se suele llamar a la hija única o mayor del monarca en el trono. El título data del siglo XVII, cuando la reina Henrietta María, hija de Henri IV de Francia y esposa de Charles I de Inglaterra, quiso imitar el apelativo que se le daba en Francia a la primogénita del rey, Madame Royale.

Llega también como la primera bisnieta de una monarca reinante en nacer como descendiente directa de la línea masculina, desde 1897, cuando la reina Victoria cargó a la princesa Mary, hija de George V y tía de Isabel II.

Si bien Charlotte tiene tantos privilegios garantizados, los expertos en realeza señalan que como sustituta potencial del rey, su papel será complejo. A lo largo de la historia los “segundones” han sido la desgracia o la bendición para la Corona. Para la muestra, la princesa Margaret, hermana de Isabel; su tío abuelo Andrés, y su tío Harry se han caracterizado por su rebeldía y escándalos que hasta los han dejado desnudos ante el mundo, como sucedió con Harry. Charlotte solo podrá ser reina ante el improbable caso de que su hermano George no tenga hijos. De todos modos, nada está escrito en cuestiones de realeza británica: en dos de sus tres últimas generaciones los segundos hijos del monarca, George V y George VI, se han convertido en reyes.

Por el momento, mientras crece, de Charlotte se espera que encante al mundo con su gracia y su posible parecido con Lady Di o con su madre, dos hermosas mujeres, a quienes posiblemente emulará como referentes de la moda y el estilo. Un experto en retail le dijo a The Telegraph que la pasión que suscitará cada look de Charlotte le generará alrededor de 240 millones de dólares anuales a la economía británica. Así, antes de cumplir los diez años, la suma ascenderá a 1.500 millones de dólares.
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