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Casa Bizancio Colombia, máximo lujo de la moda

Casa Bizancio Colombia, máximo lujo de la moda

Revista Jet-Set

De la mano de Eugenia Iriarte llegó a Bogotá una de las empresas más destacadas en el mundo de la moda. Desde este mes, Casa Bizancio les ofrece a las colombianas tres pisos colmados del estilo y diseño de Valentino, Givenchy, Roberto Cavalli, Moschino y Alberta Ferretti.
Ainhoa Iriarte, José Antonio Álvarez y Eugenia Iriarte vinieron desde España a la inauguración de Casa Bizancio Colombia, una empresa con la que buscan abrir las puertas de Latinoamérica. Foto: Imagen Reina/12
Por: 6/9/2012 00:00:00
Cuando se quiere ahondar en el gusto de Eugenia Iriarte por la moda, ella lo define como algo innato. Los vestidos siempre han estado presentes en la vida de la empresaria española. “Aunque mi familia no tenía posibilidades económicas para que yo pudiera jugar con telas y disfraces, desde muy niña me las ingeniaba para recortar personajes de revistas y los vestía con los cromos de ropa”, cuenta, con su particular voz gruesa y un fino acento madrileño.

En la sala del tercer piso de Casa Bizancio Colombia, su directora recuerda que en la adolescencia hacía vestidos con papel de celofán y los adornaba con estrellitas sueltas y purpurina. Ese fue el anticipo de su destino en la industria. Su gusto por la exclusividad se consolidó cuando desfiló en las pasarelas de Europa las creaciones de los diseñadores con los que soñaba desde niña. “Siempre supe que la carrera de modelo era muy corta, y en la década de los 70 aproveché los contactos para hacer mi propio negocio”, recuerda.

En 1982 era una mujer divorciada y con dos hijos, y para empezar pidió una financiación bancaria. “España vivía un momento, paralelo a lo que es hoy Colombia, en el que la importación de moda no existía. Pero no lo dudé un segundo, estaba convencida de que todo iba a marchar a la perfección”. Esa seguridad en que su nuevo proyecto saldría a las mil maravillas resultó transformada en Iriarte Trading Fashion (ITF), una empresa familiar de importación y distribución de exclusivas marcas de ropa y accesorios italianos que hace treinta años funciona en España, en todo el territorio peninsular, las Islas Canarias y el principado de Andorra.

“Tenemos la inmensa fortuna de trabajar con lo que nos gusta: el máximo lujo”, dice la dueña y señora de un showroom comercial de 2.500 metros ubicado en Madrid, al que llegan colecciones completas que luego son sometidas a una selección de su contenido más óptimo. “Las marcas con las que trabajamos tienen notoriedad internacional y conocemos el ADN de cada una de ellas”, asevera Eugenia. Y habla en plural, porque con el apoyo de su hija Ainhoa Iriarte, encargada de la subdirección de la empresa, y su yerno José Antonio Álvarez, responsable de la comercialización internacional y la apertura de nuevos mercados, acaba de incursionar en el país con Casa Bizancio Colombia. En esta edificación de estilo europeo, ubicada en la carrera 11 con calle 85 de Bogotá, cuelgan cuidadosamente los más exclusivos diseños que Valentino, Roberto Cavalli, Alberta Ferretti, Givenchy, Moschino y marcas más jóvenes como Dsquared y Philipp Plein crearon para la temporada otoño invierno 2012-2013.

Este sueño familiar es una realidad en el país gracias a los buenos oficios de José Antonio Álvarez, quien desde octubre del año pasado analizó el mercado nacional junto con Lina María Soto, gerente en Colombia. “Después de muchos meses de negociaciones regresé a España y les dije a las chicas —Eugenia y Ainhoa— que debíamos darles a las colombianas la posibilidad de vestirse con lo último de las pasarelas, sin necesidad de viajar a Europa”, cuenta el experto en finanzas, quien en un lapso de tres años tiene planes de abrir tiendas en Medellín, Cartagena, Cali y Barranquilla. “Nosotros no somos vendedores —aclara—. Queremos ser vistos como los impulsadores de esa cultura que La Mamma, como llamamos a Eugenia, le ha transmitido a la familia: la ilusión por las piezas de diseñador como obras de arte. Por eso también vamos a organizar tardes de amigas, para que vengan a tomarse un café y reciban charlas sobre los grandes del mundo de la moda”.

Ainhoa Iriarte, la hija que empezó como cualquier otro empleado trabajando en las bodegas de la empresa, como subdirectora de Iriarte Trading Fashion hoy se emociona al hablar de la fortuna de poder compartir el tiempo y el trabajo con su madre y su marido, las personas que más quiere en la vida. “Siento que vivo de transmitir la belleza y no de un negocio frío”, asegura. La encargada de escoger las prendas y accesorios de cada colección que traen al país espera complacer los deseos y el gusto de las colombianas: “No buscamos imponerles la moda, sino al revés, que podamos unir nuestra pasión por algunos diseñadores”, concluye.
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