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La embajadora Kennedy

La embajadora Kennedy

Revista Jet-set

La postulación de la hija del presidente John F. Kennedy como embajadora en Japón vuelve a poner en primer plano a la niña consentida de Estados Unidos.
Nació en Nueva York hace 55 años. Es abogada de la Universidad de Columbia y autora de libros sobre los Kennedy, derechos civiles y literatura infantil. Lidera varias organizaciones sin ánimo de lucro como la Biblioteca y Museo John F. Kennedy. Foto: AP.
Por: Edición 2666/9/2013 00:00:00
El presidente Barack Obama quiere recuperar la confianza de un aliado histórico como Japón y, para seducirlo, ha escogido como su embajadora allí a Caroline Kennedy, cuyos legendarios padres, el presidente John F. Kennedy y su esposa Jacqueline, aún son muy recordados por el pueblo nipón. La rígida y ceremoniosa sociedad japonesa, además, ve como un halago que la emisaria de un país como Estados Unidos sea alguien de alcurnia, fama y fortuna como Caroline, quien será la primera mujer en encabezar la legación de su patria ante el imperio, si el Senado aprueba la designación, lo cual se da por hecho.

Este será el primer cargo público de la única sobreviviente de John F. Kennedy, pero no su primera incursión en política, ya que ella siempre apoya con discursos y lobby a los candidatos del partido demócrata, del cual su apellido es un símbolo. El presidente Obama no fue la excepción, al punto de que en un discurso durante la campaña electoral de 2008, Caroline lo comparó con su propio padre.

La noticia ha traído consigo la develación de uno de los secretos mejor guardados de Estados Unidos, como es el monto de la fortuna de Kennedy. Para someter su nombre a consideración del Senado, ella tuvo que hacer públicos sus estados financieros, según los cuales su fortuna estaría por el orden de los 250 y los 500 millones de dólares, según un experto consultado por The New York Post, provenientes de las herencias de sus parientes fallecidos, así como de ingresos anuales por discursos y ventas de libros de 12 a 30 millones de dólares anuales. Y mientras que los sabuesos financieros hacen sumas y restas, los estadounidenses de a pie, que ven a los Kennedy como su “familia real” y se saben de memoria su álbum de fotos, ya empiezan a soñar con la imagen de su “princesa Kennedy” en la pomposa presentación de credenciales ante el emperador Akihito, en el palacio de Tokio.
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