Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Caroline Kennedy La princesa de Camelot fascina a Japón

Caroline Kennedy La princesa de Camelot fascina a Japón

Revista Jet-Set

El imperio del sol naciente vive con inusual entusiasmo el debut de la hija de John F. Kennedy como embajadora de Estados Unidos en Tokio.
Caroline Kennedy Schlossberg, de 56 años, llega al Palacio Imperial de Tokio para la presentación de credenciales ante el emperador. Su vestido de mangas tres cuartos y falda recta, sus zapatos y su collar de perlas parecían evocar el estilo que impuso su madre Jacqueline Kennedy en los años 60. Foto: AFP.
Por: Edición 27416/12/2013 00:00:00
Japón es una nación incontestablemente oriental pero suele verse hechizada por ciertas modas y personajes de Occidente, mucho más si provienen de Estados Unidos. Un buen ejemplo de ello son los míticos Kennedy, que siguen siendo venerados allí casi que con la misma devoción de hace medio siglo, cuando John F. Kennedy y su esposa Jackie formaban la pareja presidencial más famosa del mundo. Ahora, su hija Caroline, la única sobreviviente de la familia, hereda ese cariño y es noticia de portada en los diarios nipones en sus pasos iniciales como la primera mujer que representa al Gobierno de Estados Unidos en Tokio.

Todo lo que ha hecho y dicho la embajadora Kennedy en el mes que lleva en el cargo se ha registrado hasta en reportajes en vivo por televisión, como sucedió con la presentación de credenciales ante el emperador Akihito. Ese día, cinco mil personas se apostaron a lo largo del recorrido que cumplió el carruaje tirado por caballos en que, siguiendo un viejo ceremonial, Caroline llegó al Palacio Imperial. Cámaras de televisión siguieron desde el aire el lujoso coche, desde el cual la heredera saludaba sonriente con la manos a la multitud, vestida con un traje negro de mangas tres cuartos, zapatos de terciopelo y collar de perlas, atuendo que evocaba el look que impuso su glamurosa madre en los años 60.

En el salón de audiencias del palacio, Caroline le entregó al emperador una carta del presidente Obama con sus credenciales y la carta de renuncia del embajador saliente, John Roos, según lo exige el protocolo.

La diplomática es conocida como la guardiana del legado de su familia, pero también por haber conservado un bajo perfil, alejada de las cámaras, costumbre que ahora rompe y al parecer con todo el ímpetu. Una vez posesionada, inició una serie de actividades que también han sido seguidas minuto tras minuto por la prensa. Visitó a las tropas de su patria destacadas en Japón, a los damnificados por el tsunami de 2011 y hasta tuvo tiempo para compartir con los niños de una escuela, una compañía que disfruta mucho, ya que además de abogada de la Columbia University es autora de libros infantiles.

Llamada por algunos medios “la princesa de Camelot”, en remembranza de los días del mandato de su padre, la embajadora llega con la misión de demostrarle a Japón que sigue siendo el gran aliado de Estados Unidos en el Lejano Oriente, pero además con el reto de dejar callados a quienes la critican por ser una neófita en política exterior y tener escasos lazos con la nación oriental. A su favor, cuenta con todo el respaldo del presidente Barack Obama, con quien se dice que tiene línea directa y no resulta extraño: ella, junto a su fallecido tío Edward Kennedy, fue de las primeras personalidades en respaldar las ambiciones del gobernante cuando no era muy conocido, de modo que el nombramiento es de cierta forma un agradecimiento por ello.

La diplomática está tan entregada a su nuevo rol, que hasta pasó la significativa conmemoración de los 50 años del asesinato de su padre en Japón, un país que, de todas formas, se lo recuerda. En primer lugar, gracias al ataque del entonces enemigo japonés, en la Segunda Guerra Mundial, fue que él se hizo héroe. Por lo demás, Kennedy murió en 1963 con la ilusión de ser el primer presidente de Estados Unidos en realizar una visita oficial al país, que tanto lo aclamaba, un anhelo que ahora su hija cumple, de cierta forma, ante la mirada expectante del globo.
LO MÁS VISTO