Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

La hija de Carolina Herrera dona dinero en Colombia

La hija de Carolina Herrera dona dinero en Colombia

Revista Jet-set

Carolina Adriana Herrera le sigue los pasos a su madre no solo en la moda sino también como filántropa. Su campaña “Lucha con una sonrisa”, que apoya a mujeres con cáncer de seno, le acaba de donar 30 mil dólares a la Fundación Ellen Riegner de Casas, de Colombia.
Carolina Adriana desea que su alianza con la Fundación Ellen Riegner de Casas sea a largo plazo y pueda seguir apoyando a las mujeres colombianas a quienes siente muy cercanas. Foto: Cortesía CH.
Por: Edición 26830/9/2013 00:00:00
La Fundación Ellen Riegner de Casas, que apoya a mujeres de bajos recursos con cáncer en Colombia, tiene un hada madrina. Se trata de Carolina Adriana Herrera quien con su campaña “Lucha con una sonrisa”, que beneficia a mujeres con cáncer de seno alrededor del mundo, le acaba de donar 30 mil dólares (57 millones de pesos) para ser invertidos en la capacitación de voluntarias que trabajan con los pacientes que padecen esta enfermedad.

En la decisión de elegir a la Fundación Ellen Riegner de Casas, según Carolina, jugaron varios factores: “nos parece una institución muy seria y me encanta lo que hacen. Me han dicho que Ellen era una mujer maravillosa e interesante. Conozco a su esposo, Alberto Casas, y lo respeto y admiro. Además ellos también tienen una galería y a mí me encanta el arte”. Durante su corta estadía en Bogotá fue invitada por Catalina Casas, directora de Galería Casas Riegner, a una visita guiada en compañía de María Clemencia Rodríguez de Santos y algunas damas de la sociedad bogotana. “Me hubiera gustado tener más tiempo para ir a museos pero no pude. Para crear un perfume me inspiro muchas veces en el arte, recurro a imágenes de pinturas, fotografías o esculturas”, afirma Carolina.

La visita de la directora creativa de la línea de fragancias CH coincidió con el lanzamiento de su nuevo perfume Sublime. “Lo creamos pensando en esa mujer perfecta que somos todas”, dice sentada en un salón del hotel Casa Medina de Bogotá perfumado de rosas. “En las entrevistas me preguntan mucho: ‘¿a qué huele Madrid?’, y yo me agobio porque no tengo ni idea e inmediatamente pienso en Victoria Beckham que dijo: ‘a ajo’, así yo no lo crea. Por eso, con este perfume quise hacer el ejercicio de pensar en las cualidades de una mujer sublime y asociarlas a un olor: lo inesperado es la bergamota; lo eterno es la rosa; lo enigmático es la orquídea, y lo atractivo es el cuero”. Ella prefiere las esencias florales a las cítricas y su flor favorita es el nardo, porque le recuerda su infancia en Caracas.

La otra Carolina Herrera

Carolina Adriana Herrera es la tercera de las cuatro hijas del matrimonio de la diseñadora venezolana Carolina Herrera y Reynaldo Herrera. Nieta de Mimí Herrera, una dama de la alta sociedad caraqueña y neoyorquina; a su abuelo, el marqués de Torres Casas, lo pintó Dalí.

La entrada al imperio de moda de su madre se dio por casualidad, atrás quedaron sus estudios de medicina y cine y fotografía. En 1997 se dejó seducir por la propuesta de crear CH 212, una fragancia para gente joven como ella. Ahí se dio cuenta de que eso era lo suyo. “Trabajar con mi mamá es muy fácil pues no está diciéndome todo el tiempo qué tengo que hacer sino que me da rienda suelta. Le hago propuestas y ella me dice si le gustan o no”. Sin embargo madre e hija son muy distintas, como resumió la revista Vanity Fair: “una es más estricta, atenta y perfeccionista. La otra, tranquila, pasional y amante del caos controlado. Una es la gran dama de la moda de Nueva York. La otra, su sucesora”.

Carolina reconoce que la lección más grande que le ha enseñado su mamá es valorar a la familia. “Por ejemplo, no fui al desfile en la Semana de la Moda en Nueva York porque era el cumpleaños de mi esposo y los niños empezaban el cole”. Está casada con el torero Miguel “el Litri” Báez y tiene tres hijos: Olimpia, Miguel y Atalanta. “Las niñas todavía están muy pequeñas para saber si van a seguir la tradición, pero lo que sí puedo decir es que son muy vanidosas. Hay una que quiere ser veterinaria y la otra, actriz; y cambiarán de opinión 20 veces más”. ?Independiente de la profesión que vayan a elegir, a ella lo que le interesa es que sus hijos sean generosos. “A la pequeña es la que más le cuesta. Cuando recogemos los juguetes para donarlos, me dice: ‘mete este’, después me voy y los saca de la bolsa. Cuando regreso al cuarto le preguntó: ‘¿pero qué estás haciendo?’. Me contesta: ‘es que no he terminado de jugar’. Pero finalmente entiende. A los mayores, de 8 y 7 años, ya no les cuesta tanto”. En la comida también es muy estricta. “No soporto que pidan algo y después dejen todo en el plato, si pidieron se lo tienen que comer. Soy superlátigo en eso, porque tienen que aprender a valorar las cosas”, dice.
LO MÁS VISTO