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El amor según Carmenza Duque

El amor según Carmenza Duque

Revista Jet-set

La presentación del nuevo disco de Carmenza Duque, El secreto de mi voz, coincidió con la celebración del mes del amor y la amistad. En estos días, la cantante también llegó a los 45 años de vida artística, un momento coyuntural para hablar de su carrera que abandonó durante 18 años por culpa de un viejo amor. Carmenza también es recordada por la película El niño y el papa.
Carmenza Duque se retiró de los escenarios musicales y estudios de grabación durante los 18 años que duró su primer matrimonio. “Mi exesposo me puso a decidir entre la música y mis hijos. Esta decisión fue brava”, aseguró la estrella colombiana. Foto: ©Imagen Reina/13.
Por: Edición 26830/9/2013 00:00:00
La cantante Carmenza Duque cumplió 45 años en los escenarios. La celebración incluyó el lanzamiento del disco El secreto de mi voz que busca el resurgimiento de la balada clásica, como las que cantó durante la visita de Juan Pablo II a Colombia. Este acontecimiento religioso le dio un papel coprotagónico en la película El niño y el papa. Para Carmenza, la “música de plancha” sigue más viva que nunca.

Las letras de las baladas no conciben el amor si no hay posesión, casi el uno es propiedad del otro. –El ser humano vive del amor y del apoyo entre la pareja. Los que niegan el amor están para que los entierren. Si entre dos personas se levanta una maleta, es más fácil llevar la carga.

Muchas baladas promueven un modelo amoroso en el que las mujeres deben renunciar a todo por la pareja. –Hace mucho, alguien me dijo: “oiga, no cante”. Fue mi primer marido con el que viví 18 años. Me apartó de la música porque me puso a escoger entre mis hijos y el arte. Es como si me hubiera puesto a decidir entre una pierna y un brazo.

Le apostó al amor, pero de una manera dolorosa, como pasa en sus canciones. –Le paré bolas porque no quería desbaratar el concepto de familia. Yo estaba en la cúspide de mi carrera cuando me casé con Jorge Gutiérrez. Nunca le he peleado porque es el papá de mis hijos y el abuelo de mis nietos.

¿No se sintió en una jaula de oro? –Total. Después me separé. Estuve un tiempo sola y hace 16 años volví a casarme con una persona extraordinaria.

La balada no concibe el amor si no hay una cuota de sufrimiento. –Algunas veces. En mi caso fue porque no pude continuar con la música. Volver a despegar fue difícil. Siempre me pregunté: “¿qué hubiera sido de mí, si hubiera hecho lo contrario?”. Fue muy bravo.

Hay personas que son felices, solo si tienen una pareja.
–Cada día soy más dependiente de la compañía de mi esposo. No es que no pueda hacer las cosas por mí misma, lo que pasa es que vivo con la ilusión diaria de ver a Enrique al final de la tarde, para contarle lo que hice.

Pero concibe la relación de esta manera por su madurez. Son 62 años. –El amor de hace 45 años es el mismo de hoy. Son los mismos sentimientos y las mismas ilusiones. Pensando que si uno da, todo debe ser equitativo en el momento de recibir.

¿Cuál de sus canciones marcó su carrera? –“Quiero abrazarte tanto”, de Víctor Manuel. Mi disquera la retomó. Se oyó en todo el mundo. Yo recibía regalías de España, Francia y América.

Fue la Shakira de los años 70.
–Totalmente. Fue una época de oro. Por regalías no recibía cuatro pesos como ahora, sino buenas sumas de dinero. Canté en la Cumbre de los No Alineados, en Cartagena. También fui la primera artista en cantarle al papa Juan Pablo II.

Este encuentro marcó sus 45 años de carrera. –El Episcopado colombiano me incluyó en la comitiva que lo recibió en Colombia. Igualmente, Belisario Betancur me dijo que le cantara al santo padre en Palacio, junto a Carmiña Gallo, Jaime Llano González y Gerardo Arellano. Todo fue tan especial que Felipe López Caballero tuvo la hermosa idea de realizar una película que se llama El niño y el papa, con Verónica Castro y Andrés García.

No fue un rodaje fácil.
–Dos días después de cantar en Palacio, volví a hacerlo en el Tunal. En ese momento empezamos a rodar las escenas. Había dos helicópteros y nueve cámaras, pero solo sirvió una. Todo salió bien. El papa me vio y me dio las gracias. Al niño lo besó. Pensó que era hijo mío. Me puse a llorar de la emoción. Me regaló un rosario.

¿Dónde está el rosario? –Lo colgué en una lámpara de mi habitación. Durante unas vacaciones me llamaron para decirme que había un incendio en mi casa por culpa de un corto circuito. Todo se quemó, menos la cruz del rosario. Un milagro. Luego se la robaron.
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