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Carlos Raúl Yepes ahora trabaja más y sufre menos

Carlos Raúl Yepes ahora trabaja más y sufre menos

REVISTA JET-SET

El expresidente de Bancolombia lanzará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Por otro camino, un texto en el que recoge sus experiencias en el mundo empresarial. Después de ser uno de los hombres más influyentes de la banca, cambió el poder y el dinero por tiempo para estar con su familia y hacer lo que le gusta.
55El reconocido empresario paisa lanzará su primer libro, Por otro camino, con un conversatorio con la periodista Claudia Palacios, el próximo 7 de mayo.
Por: Revista Jet-set.8/5/2017 00:00:00

Cuando a sus dos hijos María Luisa y Santiago les preguntan “¿a qué se dedica su papá?”, ellos contestan: “¡A salvar el planeta!”.

Desde que Carlos Raúl renunció a la presidencia de Bancolombia en marzo de 2016, trabaja más que antes, la diferencia, dice su esposa, Gloria Cecilia Gaviria, es que ahora gana menos. “Sigo haciendo muchas cosas, siempre dije que a mí no me iban a pasar del escritorio a la mecedora, además no me he jubilado”. Es asesor de varias compañías y escribió el libro Por otro camino, lleno de anécdotas y reflexiones, de cómo logró crear un banco más humano, cercano a la gente.

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Antes de dirigir Bancolombia fue director jurídico y estuvo en la junta directiva. “En esa época pensaba en qué era lo que me molesta a mí de los bancos y la respuesta era: la lejanía, la exclusión, la falta de confianza y la frialdad”. Por eso apenas llegó a la silla de la presidencia lo primero que hizo fue diseñar un plan para darle la vuelta a eso”, como lo cuenta en el texto.

Su esposa, Gloria Cecilia Gaviria, y sus dos hijos, Santiago y María Luisa, revisaban los borradores del libro. “Me decían, no contés eso que es una bobada y hasta me hicieron borrar un capítulo”. Foto: Archivo particular.

Cambiarles el chip a los banqueros, que tienen fama de cuadriculados, no fue fácil. “Les decía nosotros podemos perder plata porque nos salió mal un negocio o porque tuvimos una crisis económica, pero con lo que yo no puedo es con el maltrato”. Al principio la gente lo miraba como si estuviera loco pero con buenos resultados se ganó el cariño y el respeto.

Su oficina vivía llena de gente y una de las cosas que más le gustaba era cuando entraban a pedirle permiso para irse de vacaciones. “Yo no sé por qué en nuestra cultura pedir vacaciones es como un acto de culpa. Casi siempre las piden en diminutivo: ‘Jefe, será que me puedo ir tres semanitas’, como si se avergonzaran. Yo les decía: ‘Ustedes tienen que ser capaces de equilibrar la vida y disfrutar de lo que hacen porque nosotros a esta organización no venimos solo a trabajar’”.

Pero él mismo reconoce que en eso no era un buen ejemplo pues en los diez años que estuvo en el banco, de 1993 a 2003, solo sacó 15 días de descanso seguidos. Para él no fue sencillo tomar la decisión de retirarse, justo cuando estaba en la cúspide de la carrera y las cifras avalaban su buena gestión. El empujón se lo dio una carta que le escribió su hija en la que le decía: “Quiero que me veas graduar, que me veas casar, que cargues a tus nietos, pero como estás actuando y asumiendo tus responsabilidades ahora no lo vas a lograr”.

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Las palabras de María Luisa le cuestionaron sus prioridades en la vida: su familia y su salud. Durante el tiempo que estuvo en Bancolombia lo hospitalizaron diez veces. A los 34 años le hicieron una cirugía de corazón abierto y le pusieron tres bypass; y empezó a deteriorarse físicamente: sufre del colon, del hígado, del páncreas y otras cosas más. “Cuando me hicieron la colectomía y me dio la peritonitis seguí yendo a la oficina e iba a la clínica día de por medio para que me hicieran las curaciones, así duré tres meses”.

Reconoce que eso le enseñó a apreciar el valor de la vida y a gozar de las cosas sencillas como ir a tomar el ‘algo’ con su mamá a las cinco de la tarde.

Uno de los planes que más disfruta es ir al estadio a ver a su Nacional del alma con su esposa y su hija, porque su hijo es hincha del Independiente Medellín. Al principio era muy difícil, nos echábamos pullas todo el tiempo. Hasta que un día Gloria se creyó de la Cruz Roja y sacó la bandera blanca y nos dijo: ‘Aquí hay un manual de convivencia y se tienen que respetar’”, cuenta. Carlos Raúl es muy aficionado al fútbol, en su casa en Llanogrande tiene un ‘cuarto verde’ con banderas, camisetas, balones firmados y todos los souvenirs que le han dado los empleados del banco y los jugadores.

Es uno de los hinchas más furibundos del Atlético Nacional y en su casa tiene un cuarto dedicado al equipo con afiches, camisetas y balones que le han dado los jugadores y los amigos que saben de su afición. Foto: Cámara Lúcida.

Su amigo, James Rodríguez, le escribió un texto para Por otro camino: “En el partido de la vida de Carlos Raúl ha hecho goles clave; pero en este libro, que es una cancha llena de enseñanzas y experiencias, demuestra que es un jugador que prefiere hacer los pases para que los demás griten gol”.

Y es que este empresario paisa, quien aparece con frecuencia en la lista de los hombres más influyentes del país, odia el protagonismo. Cuando era presidente del banco no le gustaba que los escoltas lo dejaran en la puerta de los eventos, sino una cuadra más arriba y él llegaba caminando; además, nunca se sentaba en la cabecera de la mesa. “Si usted pregunta cómo se imagina un banquero, le dicen que es un señor muy elegante, con pañuelito de seda, reloj costosísimo con punta de diamante, y yo no soy nada de eso. No me gustan las ostentaciones”, dice.

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Esa filosofía de vida le viene de su papá, Jairo Yepes, un músico que fue director del Conservatorio de la Universidad de Antioquia. “Era demasiado exigente, mientras todo el mundo salía a vacaciones a jugar fútbol y a pasear, él nos ponía a hacer un plan de trabajo para los días de descanso. No podíamos levantarnos después de las siete de la mañana”. Carlos Raúl era muy juicioso, aunque se ganó más de un regaño por culpa de sus cuatro hermanos menores. “Vivíamos en una casa en Laureles y cuando mi mamá se iba a mercar nos dejaba encerrados con llave para que no nos saliéramos. Nosotros cogíamos sábanas y nos descolgábamos del segundo piso, esas eran nuestras necedades”, cuenta, divertido.

“Por otro camino es una invitación a crear conciencia sobre nuestros problemas, el valor de lo humano y la importancia del otro, a desacelerar nuestro ritmo de vida”, dijo Francisco de Roux.

Después de su debut como escritor, quedó con ganas de publicar otro libro para seguir compartiendo sus experiencias. Le han ofrecido varias veces que sea columnista pero no le llama la atención. También le han propuesto lanzarse a la Presidencia de la República y eso sí que menos. “Hace unos días me llamaron un par de funcionarios del Estado a decirme: ‘Dígame cuándo renuncio para ayudarle a montar su campaña’”. Su interés es ser un servidor del país que contribuya con sus reflexiones a la transformación de las ciudades, especialmente Medellín y Cartagena. “Muchos dicen que quieren a La Heroica pero pocos lo demuestran, cuando voy me gusta meterme en los extramuros y saber qué está pasando”. Cree en la paz y en la reconciliación. “Lo único que quiero ser es un buen ciudadano y un buen padre”, concluye.

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