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Carlos Mario Gallego: la verdadera historia de Tola

Carlos Mario Gallego: la verdadera historia de Tola

Revista Jet-set

Por estos días, Carlos Mario Gallego, creador de Tola y Maruja, prepara los 25 años de las famosas señoras. El humorista paisa, en el papel de Tola, cuenta el origen de sus personajes y las peleas de las viejas chismosas más famosas del país cuando no están debajo del paraguas.
El humorista paisa Carlos Mario Gallego creó los personajes de Tola y Maruja a partir de las mujeres chismosas de Yolombó, Antioquia, que conoció en su niñez. Foto: ©Imagen Reina/14.
Por: Edición 2987/1/2015 00:00:00
Cuando Carlos Mario Gallego, Tola, empieza la frase: “En mi casa éramos tan pobres…” se espera un chiste que cierre la oración. Pero lo que sigue es un testimonio duro y desolador: “Éramos ocho hermanos y vivíamos en un solo cuarto, sin baño. Hubo días en los que aguantábamos hambre”. Corrían los años sesenta en Yolombó, Antioquia, donde aprendió a hacer las primeras parodias en el colegio, y a dibujar con tanta calidad que las profesoras guardaban sus cuadernos al finalizar el año. En esa época, y por las razones equivocadas, estuvo a un paso de entrar al Seminario Mayor: “La verdad es que yo quería ser cura por una razón muy mezquina. Como comía tan mal, me asomaba a la sacristía y veía unas comidas maravillosas. Esa gente la pasaba muy bueno. Bregué a entrar, pero había que pagar y en mi casa no había plata”.

La verdadera vocación de Carlos Mario no demoró en manifestarse. Mientras los demás niños jugaban en la calle, él espiaba las conversaciones de su mamá con las amigas, especialmente las de Anatolia, la graciosa paisa que dio origen a Tola y Maruja: “Cuando hablaba se quedaba sin respiración, pero le gustaba tanto conversar que seguía, aunque se ahogara”. Antes de la llegada de las dos chismosas más reconocidas del país, Carlos Mario pasó por la Facultad de Periodismo de la Universidad de Antioquia. Los amigos lo convencieron de que tenía madera de caricaturista y se presentó al periódico El Mundo, recién fundado en Medellín. Un día se atrevió a dejarle una columna de humor al entonces director Darío Arizmendi, quien la publicó sin saber de quién era. Cuando se enteró de que el autor era Carlos Mario Gallego lo comprometió a escribirla cada ocho días.

Con los años cumplió su sueño y fundó la revista de humor Frivolidad, que le dio aplausos y elogios, pero significó la quiebra económica. La publicación solo llegó a la quinta edición. El fantasma de la pobreza se asomó una vez más en casa del humorista, a quien se le ocurrió hacer el montaje teatral de dos viejas habladoras que esperaban el bus debajo de un paraguas con las banderillas torcidas y la tela remendada. Sergio Valencia, uno de sus grandes amigos, se metió en la piel de la primera Maruja. Desde eso ya han pasado 25 años.

Otras Marujas

La sociedad con Sergio funcionó muy bien durante década y media. Pero el matrimonio humorístico se fue al traste por razones que Carlos Mario todavía desconoce: “Me fui de viaje y cuando volví supe que ya no éramos un dúo”. Durante cuatro años esperó la reconciliación que nunca llegó por cuenta de Valencia, quien se metió a la política como asesor de Sergio Fajardo. Gallego todavía sueña con un eventual reencuentro a propósito de los 25 años de las dos viejitas más famosas de Medellín. “Tengo pensado proponerle que celebremos con un regreso, vamos a ver qué me dice”.

La segunda Maruja llegó por casualidad. Un representante del Festival Iberoamericano de Teatro vio un monólogo de Tola, en el cual esperaba con impaciencia a su vieja compañera de paraguas. Fue tal el éxito que la invitó a presentar este montaje en el evento teatral, pero debido a un error Fanny Mikey anunció el célebre dúo sin saber que ya no existía Maruja. Carlos Mario se vio obligado a buscar pareja y la encontró cuando faltaba un mes para la presentación. Sin embargo, 15 días antes, su nuevo compañero no pudo controlar el pánico escénico y se enfermó de la garganta. A una semana del estreno tuvo que conseguir reemplazo. Lo curioso es que el casting se lo ganó el bogotano Luis Alberto Rojas, un experto imitador de Tola y Maruja en el programa Sábados felices. El ciclo con Luis Alberto funcionó durante un tiempo, pero nuevamente los problemas matrimoniales salieron a flote: “Nunca tuvimos líos de verdad, eran más conflictos externos con nuestro mánager”. Esta separación, pese a todo, fue menos traumática.

Luego llegó la tercera Maruja, John Jairo Cardona, de origen paisa, pero todo terminó cuando debido a la racha de contratos Carlos Mario le dijo que debía vivir en Bogotá. El amor de John Jairo por la tierra lo llevó a rechazar la oferta laboral y Luis Alberto Rojas regresó al paraguas de las señoras lengüilargas.

En noviembre pasado montaron La Casa de Tola y Maruja en el barrio La Soledad, en Bogotá, donde programan funciones los viernes y sábados. En el segundo piso funciona el Museo de la Caricatura, una quijotada, como la llama Carlos Mario, que inauguró con exposición dedicada a Antonio Caballero.

Además de sus actividades teatrales, Gallego hace caricaturas y escribe columnas de opinión para medios como El Espectador. “Escribirla me estresa, no permito que me hablen. Si me interrumpen, me pongo de mal genio”. De su reputación de temperamental dice que es puro cuento. Pero confiesa que nada le saca más la piedra que estar en plena creación de un chiste y que su esposa le diga: “¡Ve, ponele cuidado a una leche que está en el fogón!”. Tola tiene su carácter.
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