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Carlos el príncipe de Gales, historias e intrigas palaciegas

Carlos el príncipe de Gales, historias e intrigas palaciegas

REVISTA JET-SET

Una nueva biografía del heredero del trono de Inglaterra revela las rencillas con sus parientes y que su madre, la reina Isabel, duda del éxito de su reinado.
La reina Isabel, quien cumple 89 años en abril, no está convencida de que los planes de Carlos de modernizar la Corona sean tolerados por los súbditos. La monarca le reprocha a su primogénito por no ser más solidario con su hermano Andrés en su reciente escándalo sexual.
Por: 27/2/2015 00:00:00
La actriz Emma Thompson, gran amiga de Carlos de Gales, asegura que él nunca será un rey distante como su madre, quien ha fincado en su misterio la veneración que le profesan los británicos. El príncipe, según uno de sus excolaboradores, cree que Dios lo envió a cambiar el mundo y por eso le dedica mucho tiempo a abogar por causas como la ecología, los desposeídos, la arquitectura o la conservación de oficios en vías de extinción. De acuerdo con Charles, the Heart of a King, la biografía escrita por la estadounidense Catherine Mayer, él seguirá por esa senda apenas llegue al trono, lo cual ha suscitado malestar en el Palacio de Buckingham, pues los cortesanos temen que se convierta en un rey “metiche” y en un peligro para la monarquía, ya que la constitución le ordena al rey ser moderador y no encender controversias. 

Su propia madre, la reina Isabel, asegura la biografía no autorizada, teme que los planes de Carlos de modernizar la monarquía no sean tolerados por los súbditos. Según Mayer, corresponsal de la revista Time en Londres, el futuro Carlos III emprenderá tales cambios en los primeros seis meses de su reinado. Ello significa, sobre todo, hacer la institución “tan pequeña que quede exenta de críticas y solo oiga elogios”, lo cual lo ha obsesionado desde niño. 

La obra también anota que ahora que comienza el crepúsculo del reinado de Isabel, quien en septiembre superará a su tatarabuela Victoria como la monarca que más tiempo ha estado en el trono (63 años y 217 días), Carlos ha asumido una especie de papel de comonarca que ha resentido sus relaciones con sus hermanos. Andrés, duque de York, por ejemplo, cree que el heredero ha sido poco solidario con él en el escándalo sexual en el que lo involucró Virginia Roberts, quien asegura que fue obligada a acostarse con él cuando era una adolescente. “No sé por qué Carlos no defiende más a Andrés”, le dijo Isabel a un político al respecto. 

El trato entre los hermanos venía resquebrajado desde los festejos del Jubileo de Diamante de la reina, en 2012, cuando tanto Andrés como el resto de los hijos de la reina no fueron invitados a presenciar el desfile aéreo que remató la celebración, en el balcón de Buckingham. Ese día, solo aparecieron la reina y su consorte, Felipe; Carlos y su esposa, Camilla; el duque William de Cambridge (hijo de Carlos y segundo en la línea de sucesión al trono) y su esposa, Katherine, y el príncipe Harry. Fue, para muchos, una imagen premonitoria de cómo el futuro rey excluirá a su parentela de las ocasiones de Estado.

Otro informante que trabajó para el príncipe de Gales le contó a Mayer que desde ya tiene claro que no le dará ningún rol importante a Andrés cuando sea coronado. Esa marginación se extenderá a sus hijas, Beatriz y Eugenia de York, quienes viven dolidas porque nunca han sido llamadas a reemplazar a la esposa de William en sus compromisos durante sus dos embarazos, pese a que son las únicas princesas de sangre de su generación. 

En cuanto a su hermana Ana, la princesa real, el libro recuerda que Carlos nunca se ha llevado muy bien con ella desde la infancia, pero le hará algunas concesiones porque sabe que no será fácil controlarla, dado su espíritu independiente y a que el pueblo la respeta. 

Al menor de los hermanos Windsor, Eduardo, también le preocupa ser borrado de la historia por Carlos. Cuando se casó, en 1999, con Sophie Rhys-Jones, la reina lo nombró conde de Wessex, un honor menor ante el de duques que ostentan sus hermanos, y le prometió que cuando su padre muera, heredará su título de duque de Edimburgo. Pero ello requerirá de la aprobación de Carlos, quien al parecer será “tacaño” a la hora de conceder distinciones.

El anhelo de Eduardo es que su esposa se convierta en una duquesa real antes del ascenso de su hermano mayor, de modo que pueda mirar de tú a tú a la duquesa de Cambridge, la esposa de William, y, en especial, a Camilla, la duquesa de Cornualles, la mujer de Carlos. Una amiga de esta última le aseguró a Mayer que ella casi no se relaciona con Sophie, pues siempre ha creído que no era bienvenida a la familia real cuando su boda con Eduardo. “Ellas no tienen mucho de qué hablar”, remató la informante. 

A quien Carlos sí le concederá toda la prestancia, por supuesto, es a su hijo mayor William y su familia. No obstante, así como Isabel teme que su sucesor rompa con caras tradiciones monárquicas, Carlos, muy celoso en cuestiones de rango, también cuestiona las tendencias de su primogénito a contemporizar con los Middleton, la familia de clase media de su esposa. El duque de Cambridge muchas veces los prefiere a los Windsor, porque experimenta con ellos la calidez de hogar que no tuvo en el rígido ambiente del palacio de Kensington, donde tuvo que presenciar la guerra conyugal de sus padres. Además, los adora porque son fáciles de tratar, no les paran bolas al estatus y ello le recuerda el estilo de vida que le enseñó su madre, la fallecida Diana, princesa de Gales. 

“William nunca ha sido fácil con Carlos”, señaló otro informante, pues “no le gusta el modo en que lleva ciertos aspectos de su vida”. Por ejemplo, critica su enorme staff, una verdadera manada de lobos según la biógrafa, de modo que prefirió montar su propia oficina para que se encargue de sus asuntos. Tampoco comparte excentricidades de su padre como viajar con su propio inodoro, de modo que al venidero rey de Gran Bretaña e Irlanda del Norte le tocará probar un poco de su propia medicina con su heredero.

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