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Consortes en campaña

Consortes en campaña

Revista Jet-Set

El éxito de las campañas de los candidatos a la Presidencia de la República depende, en gran parte, de sus parejas quienes los conocen como nadie, les cuidan el sueño, aguantan en silencio sus ausencias e, incluso, ayudan a definir los programas de gobierno.
María Clemencia Rodríguez / Liliana Sánchez / Martha Ligia Martínez / Álvaro Rincón / Carlos Romero. Fotos: AFP, ©Camila Reina e ©Imagen Reina.
Por: Edición 2807/4/2014 00:00:00
María Clemencia Rodríguez. Diseñadora gráfica

La esposa del presidente candidato del Partido de la U desempeña un papel importantísimo en la reelección de su marido. Tutina, como le gusta que la llamen, se ha caracterizado por ser una mujer reservada y haber mantenido un bajo perfil durante el gobierno de su marido; pero ahora, en campaña, recorre el país junto al presidente, y a veces en su representación. Por estos días duerme poco, se acuesta sobre la 1:00 a.m. y se levanta a las 5:00 para atender su apretada agenda.

María Clemencia nació en Bogotá en el seno de una familia de ocho hijos, se graduó de diseño gráfico, fue secretaria privada de la exministra de Comunicaciones Noemí Sanín y directora de relaciones públicas del Banco de la República. Como esposa del presidente de los colombianos se ha dedicado a trabajar por los damnificados por el invierno a través de la campaña Colombia Humanitaria; y por la primera infancia con la estrategia De Cero a Siempre que busca que todos los alcaldes y gobernadores del país inviertan en la niñez. Es la más fiel creyente en el proceso de paz.

Tutina ha dejado claro, en las pocas entrevistas que ha concedido durante estos cuatro años, que quien gobierna es su marido y que no tiene ningún tipo de ambiciones políticas. Hace énfasis en que ella simplemente es la esposa de Juan Manuel Santos y la madre de sus tres hijos: María Antonia, profesional en neurociencias; Martín quien vive en Estados Unidos, donde trabaja con una fundación en temas de responsabilidad social y, por estos días, tomó un receso para acompañar a su padre en la campaña; y Esteban que prestó servicio militar y ahora es estudiante de historia y economía en la Universidad de Virginia.

Recientemente en el periódico La Tarde, de Pereira, María Clemencia contó que disfruta cocinándoles a su esposo y a sus hijos desde unos huevitos sencillos hasta un risotto, que le tiene miedo a los sapos y que no le gusta que le hagan PhotoShop a sus fotografías. Y no lo necesita pues es una mujer atractiva que siempre se ha destacado por su elegancia y sobriedad.

Liliana Sánchez. Administradora de empresas

“Me encantó desde que lo vi. Era mi profesor de economía en la Externado y en la segunda clase le dije a mis compañeras Margarita Conde y Jacqueline Henríquez: ‘¡Este es!’. Esperé a que terminara el semestre y lo llamé a pedirle mi nota. Obviamente sabía que había pasado porque estudiaba muchísimo para esa clase y ahí fue cuando empezamos a salir”, cuenta Liliana, la esposa de Enrique Peñalosa hace 32 años. Desde entonces son un equipo en los buenos y malos momentos como cuando ella sufrió hace 15 años una parálisis facial. “Somos un hogar común y corriente con los problemas de cualquier familia y eso no va a cambiar, así lleguemos al Palacio de Nariño. Hemos tenido crisis como todos los matrimonios pero nada grave”. Cuenta que sus peleas obedecen a que ella es muy ordenada y el exalcalde, no tanto. Tienen dos hijos: Renata, de 27 años, quien se acaba de independizar y pidió una licencia en McCann para apoyar la campaña, y Martín, de 17, que está en décimo grado en el Anglo. “Martín está en plena adolescencia y me toca estar muy pendiente porque es rumbero, amiguero, no sé de dónde heredó esos genes porque en la casa somos muy tranquilos”.

Liliana describe a Enrique como un superpapá. “El año pasado me hicieron una cirugía y me puse a maquinar qué pasaba si me moría y llegué a la conclusión de que mis hijos iban a estar bien a su lado, el problema era con quién lo dejaba casado”, bromea. Con la sencillez que la caracteriza dice que en la eventualidad de llegar al Palacio de Nariño va a seguir siendo el ama de casa de siempre. “Enrique es muy hogareño y mi rol es apoyarlo para que encuentre un buen ambiente familiar”. Liliana afirma que le gusta la política pero no la agresividad con la que han enfocado esta campaña. Puede que no esté de acuerdo con un programa de gobierno, pero no por eso me pongo a criticar por criticar. La religión de esta casa es no odiar ni hacerle daño física o verbalmente a nadie”.

Martha Ligia Martínez. Administradora de empresas


“Mírenlo, no es tan feo como dicen”, bromea Martha Ligia Martínez señalando la foto del afiche de campaña de su esposo, Óscar Iván Zuluaga, candidato a la Presidencia por el partido Centro Democrático. Ella lo ve divino y afirma que por eso se casó con él hace 26 años. Atribuye el éxito de su relación a que tienen temperamentos muy diferentes. Ella nació en Barranquilla justo un sábado de carnaval, es alegre y espontanea, y él es paisa, tranquilo y metódico. “Óscar se ve serio, pero en realidad tiene muy buen sentido del humor. Sus compañeros de universidad me cuentan que tuvo una época en que imitaba cantantes y hacía shows”. Lo describe como el esposo perfecto: “él no pone problema por nada, nunca dice ‘esa camisa está mal planchada’ o ‘esta comida no me gusta’, casi nunca peleamos. Llevarlo a hacer mercado es un peligro porque siempre echa más de la cuenta, es antojado y mecatero”. Dice que a pesar de su apretada rutina política él siempre ha estado ahí en los momentos claves. “A mí, por ejemplo, me encanta ir a bailar salsa a Café Libro y cuando le pido que me lleve, con el compromiso de que no lo hago trasnochar, me da gusto”. Tienen tres hijos: David, el mayor, está haciendo un doctorado en teoría política en Princeton y desde pequeño fue muy pilo. Esteban estudia comunicación audiovisual en La Sabana, es rumbero, buena vida y le encantan los amigos. Y Juliana acaba de graduarse del colegio y es futbolista.

Martha Ligia está segura de que su esposo será el próximo presidente de Colombia y dice que quiere ser su coequipera en los temas sociales. “Para mí llegar al Palacio significa encontrar un espacio más grande para ayudar a los demás. Lo primero que haré será conocer lo que han hecho otras primeras damas, porque soy una convencida de que para que las políticas de Estado den resultados deben tener continuidad”.

Álvaro Rincón. Arquitecto


El esposo de la candidata del Partido Conservador sería el primer hombre en acompañar a una presidenta en el Palacio de Nariño en caso de ganar las próximas elecciones. Bromea con que no quiere que lo llamen “primer damo” y que preferiría que le digan simplemente “Álvaro”. Asegura que todavía está muy pronto para saber cuál será su rol en Palacio. “Marta no me va a pedir nada, pero la ayudaré en lo que pueda. Eso sí, no me veo sacando a pasear a las esposas de los presidentes por Cartagena para que vean lo linda que es la ciudad ni planeando el menú de la Casa de Nariño, ese no soy yo”. Él tiene claro que la protagonista es su esposa y asume el papel de “príncipe consorte” con humildad. “Me gusta que ella se realice como mujer y la única forma de que esto pase es con a una persona a su lado que no le compita. En mi casa la que figura es ella y no me siento mal por eso, pues forma parte de su carrera. Soy consciente de que el trabajo en el Gobierno requiere de mucho tiempo y eso no es motivo de conflicto”. Tienen un acuerdo tácito y es que tratan de comer juntos todos los días para conversar sobre sus actividades y los fines de semana se van a su finca en Anapoima donde organizan caminatas desde dos hasta cinco horas. Confiesa que el éxito de su matrimonio de 38 años es que cada uno respeta el espacio y la profesión del otro. Él es arquitecto de la Universidad de los Andes y se especializó en manejo de empresas en Harvard y en la Universidad de la Sabana. Hace diez años es socio de Hitos Urbanos, una promotora de negocios de construcción. “Me encanta lo que hago y mientras esté en Palacio voy a seguir viniendo a la oficina, va a ser muy divertido”. Álvaro nació en Estados Unidos cuando a su papá, fundador de la Fuerza Aérea Colombiana, lo mandaron a hacer un curso a ese país, pero se considera más bogotano que el ajiaco. Su orgullo más grande es su hija, María Alejandra Rincón, de 30 años, quien es economista y trabaja en finanzas en Estados Unidos. Ella pidió una licencia para venir a apoyar a su mamá en la campaña.

Carlos Romero. Abogado y político


“Primer caballero”, así le dicen en broma los amigos a Carlos Romero, esposo de la candidata a la presidencia por el Polo Democrático, Clara López. Él se lamenta por no haber podido apoyar a Clara en la campaña como hubiera querido, porque hace un mes sufrió un infarto e incluso los médicos de la Shaio lo declararon muerto. “Me tuvieron que revivir con choques eléctricos. Estuve doce días en cuidados intensivos pero como dicen por ahí: ‘hierba mala nunca muere’”. Está seguro de que su esposa va a ir a segunda vuelta y será la próxima presidenta del país. “Clara va a ser una especie de Pepe Mujica con falda en Colombia”, dice. A diferencia de las otras parejas de los candidatos, no se ve viviendo en Palacio. “Ya le he dicho a Clara que si ella sale elegida me voy a retomar mi antigua profesión de pescador. Creo que sería un estorbo y es mejor que ella pueda realizar su actividad sin ninguna traba o influencia tradicional. Yo represento lo viejo y ella lo nuevo”, asegura Romero. Llevan 30 años juntos y se enamoraron en el Crem Helado de la Avenida Caracas con calle 34 en Bogotá, cuando él era concejal y ella contadora del distrito. “Al principio la relación fue muy difícil pues, como saben, hay una gran diferencia de clases entre los dos. Yo soy hijo de un obrero, mi padre era dirigente de la huelga de las bananeras en 1928 y fue condenado a 28 años de cárcel. Nací en el barrio más pobre de Santa Marta que es Pescaíto y estudié Derecho en la Universidad Libre”. En cambio, Clara es sobrina del expresidente Alfonso López Michelsen, economista de Harvard y abogada en la Universidad de los Andes. Sin embargo hay más cosas que los unen que las que los separan. “Tenemos en común que nos identificamos mucho con la gente. A nosotros no nos pasa como a Juan Manuel Santos que está desconectado del mundo, como si viviera en otro planeta”. Y concluye: “una mujer como Clara que se logra liberar de todo lo que piensa la clase dirigente del país y se identifica con el pueblo es muy valiosa. Creo que Colombia haría muy bien en elegirla”.
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