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Camille Kacew la hija transgénero de Fanny Kertzman

Camille Kacew la hija transgénero de Fanny Kertzman

Revista Jet-set

Pedro, el hijo de la exdirectora de la DIAN, Fanny Kertzman, se transformó en mujer. Hace nueve años toma hormonas, aunque aún no se ha hecho el cambio de sexo porque considera que la cirugía no se ha acabado de inventar. Ha tenido varias novias pero en este momento está sola.
Es bisexual, todas sus relaciones serias han sido con mujeres pero tiene sexo ocasional con hombres. Su exnovia también es transgénero. Foto: Archivo particular.
Por: Edición 29123/9/2014 00:00:00
El suicidio del estudiante Sergio Urrego por su presunta discriminación sexual en el Gimnasio Castillo Campestre despertó la solidaridad de la exdirectora de la DIAN, Fanny Kertzman, quien entregó un honesto testimonio acerca de su hijo transexual en su columna de la revista Dinero: “Nadie escoge ser homosexual. Mi hijo me confesó que era trans a los 20 o 21 años, después de que su papá murió. Yo le manifesté que no había problema, siempre y cuando estuviera fuera del clóset. Él ya estaba por fuera. Desde los siete años sabía cuál era su orientación sexual: una niña en cuerpo de niño, aunque la ocultó por muchísimo tiempo”. Agobiado por su condición sexual, Pedro se alejó de su familia y en 2004 se fue a vivir a Austin, Texas, donde se transformó en mujer: Camille. Hoy tiene 30 años y va a empezar a estudiar Derecho, en parte porque quiere ayudar legalmente a la comunidad LGBTI.

¿Cómo mató a Pedro y le dio vida a Camille? –Yo no diría que maté a Pedro, simplemente él nunca existió. Yo sabía que quería ser mujer desde niña, me ponía la ropa de mi mamá y de mi hermana cuando ellas no estaban. A los 14 estaba absolutamente deprimida y decidí empezar a tomar hormonas, pero sabía que a mis papás no les iba a gustar la idea, lo cual pude comprobar a los 19 años cuando le dije a mi mamá que era transexual. Ella me dijo: “Te acepto, pero no te ayudo económicamente”, para mí eso no era ser aceptada. Yo estaba terminando de masculinizarme y tenía afán de parar ese proceso. Por eso me fui a vivir a Texas.

¿Cómo fue esa conversación con su mamá? – Simplemente le dije: “Soy transexual”, y ella no sabía qué era eso. Una vez le expliqué, se puso a reírse y no me creía, le parecía una idea absurda. Luego me dijo: “¿Eres gay?” y le respondí: “No, yo no soy marica, soy bisexual”. Alguna gente lo considera una enfermedad pero lo único que sé es que me deprime mucho vivir como hombre.

Después de eso ¿cómo era la relación con su mamá? –A mi mamá no le hablé desde 2003 hasta 2013. La relación era pésima. Ella pensaba cosas horribles de mí y no me apoyaba financieramente. Cuando mi papá murió en 2004, por un cáncer en el cerebro, mi mamá se desequilibró un poco. Se liberó y empezó a hacer cosas que había querido y no había podido por cuestiones de tiempo. En 2013, cuando a mí me metieron a la cárcel por consumir metanfetaminas, ella me ayudó. Ahora tenemos una buena relación.

¿Y cómo sobrevivió en Texas? –Empecé trabajando en un call center pero me aburrí y me puse a trabajar con mi webcam. Duré desde 2007 hasta 2013 cuando me cogieron con droga y me metieron a la cárcel. Ahí a mi mamá por fin le dio por ayudarme y pagarme la universidad. Ahora voy a entrar a estudiar Derecho.

Ella contó en una entrevista en radio que fumaban marihuana juntas…
–A mí me habría gustado fumar marihuana con ella de una manera más natural y consistente. Yo todavía fumo casi todos los días, lo cual no me encanta, es una cosa que tengo que cambiar, pero ya no meto otras drogas. Paré porque me di cuenta de que estaban destruyéndome. Ya estoy perfectamente bien.

¿Desde qué edad consume? –Empecé a fumar marihuana a los 16 años en Canadá y a consumir anfetaminas hace año y medio. Tenía una relación sexual con un hombre, él me dio a probar y me terminó gustando.

¿Su papá supo que usted era transexual? –No, mi papá creía que era marica. Aunque estoy segura de que si le hubiera contado, él lo habría aceptado más que mi mamá. Muchas veces él me sentó en la mesa del comedor y me dijo: “Dime si eres gay”. Yo le decía que no porque realmente no me sentía así. A mí me atraían las mujeres y quería ser mujer.

¿Cómo asumió ese cambio de hombre a mujer? –Fue muy difícil, definitivamente lo que más me ayudó fue tomar hormonas. Eso cambia la manera en que la grasa está distribuida en la cara y en el cuerpo, lo cual hace que el resto del mundo me perciba como mujer. Sin embargo hay muchas cosas por cambiar: la manera en que uno camina y en que se comporta. Todavía no estoy perfecta, mucha gente sabe que no nací mujer pero la verdad ya no me importa. Cuando empecé a ser mujer iba al cine y apenas se terminaba la película me metía al baño de damas. De esa manera me entrené para que no me diera pena estar en entornos femeninos. La primera vez que lo hice salí rapidísimo, todos me miraron y supieron que había algo extraño. La segunda vez estuve más calmada, me lave las manos y nadie me miró.

¿Ha sentido rechazo? –En Texas, en general, no tengo problema pero a veces pasan cosas terribles. He estado en la cárcel dos veces. La segunda vez fue justificada, pero la primera simplemente estaba caminando por ahí y un policía llegó y me metió a la cárcel porque le dijeron que había un individuo sospechoso. En 2010 estaba viviendo con mi novia en un apartamento en Austin y nuestros vecinos se enteraron de que éramos transexuales y empezaron a mirarnos mal. Ella, quien siempre ha sido muy agresiva, los insultó. Un día nos dijeron que nos iban a dar una paliza de la que no nos íbamos a olvidar nunca y mi Kara les apuntó con una pistola y todo quedó así.

¿Cómo ha asumido su familia política su condición sexual? –Sé que muchos de ellos me aceptan. Por ejemplo mi tía Ester, hermana de mi mamá, tiene afán de hablarme pero yo no sé qué decirle y todavía me da pena. Salo, el hermano de mi mamá, me odia. Me llamó en 2005 y me dijo que era un maricón que estaba mostrándoles el culo a todos los vaqueros de Texas. Luego le pasó el teléfono a mi primo quien me dijo exactamente lo mismo. A ellos no les quiero hablar nunca.

¿Todavía siente pena? –Absolutamente. No sé si algún día voy a dejar de sentirla.

¿Se hizo la operación del cambio de sexo? –El sexo ni me lo cambié ni me lo quiero cambiar. No me parece que la tecnología exista. La cirugía genital es brutal. Lo que tengo ahora es un órgano que funciona. Como he tomado hormonas por tanto tiempo tengo senos.

¿Ahora tiene pareja? –No, estoy sola. Soy de esas personas que siempre andan con pareja y no estaba soltera desde 2003. Han sido novias, nunca he tenido novios. He tenido relaciones sexuales con muchos hombres pero no más. Para una mujer transexual es más fácil conseguir novia que novio, porque a ellos les da pena que los vean.

¿Cómo fue su vida en Colombia? –La verdad no quiero volver y es principalmente porque no me parece que Colombia esté lista para aceptar transexuales en público como lo hace incluso un Estado tan conservador como Texas. Sigue siendo un país subdesarrollado. Hay que esperar a que la cultura evolucione un poco.

¿Cómo vivió su época de colegio en Bogotá?
–Estudié en el Colegio Colombo Hebreo desde primaria hasta sexto y era terrible, lo odio. Tenía muy pocos amigos. En ese momento ya tenía tendencias transexuales, de alguna manera todo el mundo sabía que yo era raro y me molestaban muchísimo. Terminé yéndome al Campoalegre, de séptimo a noveno, y allá me fue muy bien. Allí nos daban clases de educación sexual y nos explicaban que había maricas, lesbianas y, sin embargo, en un colegio tan liberal, había un montón de gente que andaba diciendo que la mariconería era una cosa asquerosa.

¿Qué tipo de mujer es? –Soy bastante vanidosa, pero creo que todas las transexuales lo son. Fui criada como un hombre y tengo muchos intereses que no se asociarían regularmente a lo que a las mujeres les gusta: juego en el computador y leo ciencia ficción. Me gustaría decirte que soy mujer totalmente, eso es lo que la mayoría de las transexuales dirían, pero no es cierto. Nacer como un hombre afecta lo que soy hoy en día.

¿Cómo le dice su mamá? –Mi mamá nunca va a parar de llamarme su “nene” o “Pedro”. A veces me dice “Camille”.

¿Sus amigos son transexuales? –No, he tenido más amigos gays. Los transexuales por lo general me caen muy gordos porque son fáciles de ofender y se sienten atacados por cualquier cosita que uno dice. Terminan siendo gente como muy paranoica. Sin embargo, mi mejor amiga es una transexual y me cae muy bien.

¿Qué consejos les daría a los jóvenes que están en ese proceso? –Primero que no se suiciden. Segundo, que no sean tan valientes como el muchacho que se mató, que no anden por ahí diciéndole a todo el mundo lo que son porque Colombia aún no está lista para eso. Tercero, que usen Internet para encontrar pareja y que lo hagan con discreción. En conclusión, que hagan lo que quieran pero que lo escondan cuando lo necesiten.
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