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Camille Gottlieb Grimaldi es la nueva rebelde de Mónaco

Camille Gottlieb Grimaldi es la nueva rebelde de Mónaco

REVISTA JET-SET

La hija ilegítima de la princesa Estefanía de Mónaco les canta la tabla a los que aseguran que transformó su rostro en el quirófano y la critican por rumbera y fumadora.
En cuestión de seis meses, se operó este sorprendente cambio en la fisonomía de Camille y ella montó en cólera por el rumor de que se había sometido a cirugías e implantes en las mejillas, la papada, la nariz y la boca. “¡Por Dios, ya no luzco como cuando era una niña!”, dijo en Instagram.
Por: Revista Jet-set21/9/2016 00:00:00

“¡Dejen de llamarme princesa rebelde! Basta ya!”, le declaró hace poco Estefanía a Vanity Fair. Ahora, parece que tiene relevo como tal en su propia hija menor, Camille Marie Kelly Gottlieb, a juzgar por sus muestras de no plegarse dócilmente a las exigencias de su posición, tal como sucedió con su madre en los años ochenta y noventa, cuando se destacó como la mujer más escandalosa de la monarquía.

Un velo de misterio siempre ha cubierto a esta bella joven desde su llegada al mundo, hace 18 años. En su acta de nacimiento, Estefanía no anotó el nombre del padre, pero la prensa francesa informó que se trataba de Jean-Raymond Gottlieb, jefe de seguridad del palacio principesco de Mónaco y con quien ella sostuvo un breve romance, luego de su matrimonio con otro escolta, Louis Ducruet, padre de sus hijos mayores, Louis y Pauline. La confirmación de que Gottlieb es su progenitor, la ha dado la propia Camille en su página de Instagram, en la que ha publicado fotos con él, con frases como “La fuerza de los Gottlieb es eterna”.

Esas redes sociales, en las que es muy activa, son la causa de que Camille haya sido noticia en las últimas semanas. De un tiempo para acá, sus instantáneas empezaron a mostrar una imagen muy diferente a la de la niña regordeta que era vista en contadas ocasiones, ya que Estefanía crió a sus hijos en el anonimato y lejos del boato de palacio.

Con el auge de Instagram, Camille encontró una ventana para darse a conocer y su cambio de imagen desató una ola de asombro: “¡No la reconozco! ¡Photoshop! Nada que ver con Camille”, “Debe haber un error, esa no es Camille”. Comentarios de ese estilo abundaron, dado que su rostro aparecía más afilado, los labios más abultados y la nariz un tanto respingada. Lenguas malévolas difundieron la versión de que se había deformado en un accidente. Otros conjeturaron que todo fue obra de unas operaciones estéticas, a tan corta edad. Corrió el rumor de que siguió una dieta express y la tildaron de ridícula por haberle aplicado supuestamente Photoshop (programa para tratar fotos) a una selfi. A ello se sumaron apreciaciones como que lleva una vida “muy libre para sus años”, con “compañías dudosas” con las que fuma compulsivamente y que anda en las discotecas dándose besos con mujeres. No faltaron los que salieran en su defensa, poniendo sobre el tapete que se convirtió en una joven encantadora y que ella y sus hermanos no son esnobistas y soberbios como sus primos, Andrea, Pierre y Carlota Casiraghi, hijos de su tía, Carolina de Hanover.

Camille montó en cólera y se despachó en Instagram con una vehemencia tal que mereció artículos en medios de toda Europa. “Sus insultos, comentarios y reflexiones son ridículos”, comenzó, y continuó airada: “Yo no soy la hija de ‘Estefanía Grimaldi’, yo soy la hija de mi madre, como cualquier otra persona”.

Para los chismes sobre su transformación también tuvo respuesta: “Tengo 18 años y gracias a Dios ya no me veo como cuando estaba pequeña (...) Y, a la hora del té, ¡sí quiero publicar determinadas fotos en Instagram, las publico, y se acabó!”, escribió Camille, en un tono que seguro no habría sido del agrado de su fallecida abuela Grace, a quien nunca nadie la vio descompuesta en público. La furiosa hija de Estefanía increpaba a sus críticos: “¿Me van a decir que cuando tenían mi edad no salían a divertirse con sus amigos?, ¿que no se tomaban fotos en traje de baño en una piscina?, ¿que nunca se fumaron un cigarrillo?”.

Gottlieb parecía cada vez más fuera de sí y siguió su furioso argumento con un tono rudo: “Me importa un bledo ser la más bonita o la más fea de mi familia y, sobre todo, me importa un bledo su opinión. Lo único que sé es que esas personas que se pasan sus días y sus noches criticándome a mí, mi madre, mis hermanos y nuestros respectivos padres, no saben nada (...) Jajajajaja, permítanme que me ría. No tenemos nada que hacer con sus comentarios, porque a la final somos muy felices los cuatro”.

A lo mejor a su edad le cuesta entender que cuando se es miembro de la dinastía de sangre azul más mundana del planeta no hay que responder insultos, como lo aconsejaba su abuela Grace. Más bien, parece seguir el ejemplo de su madre, quien se saltó todas las normas de su rango y no renunció a su título pero sí a su vida de princesa y hoy está dedicada a los elefantes. De ella, además, Camille ya tuvo un ejemplo de transgresión cuando abandonó el palacio y se llevó a vivir a sus hijos en una caravana de circo entre 2001 y 2004.

Camille no figura en la línea de sucesión al trono porque sus padres no se casaron, pero ello no es ningún estigma en esta familia en la que abundan los hijos fuera del matrimonio. Hoy, está en cuarto de bachillerato en el colegio Charles III del principado, y como bien lo señaló el diario ABC, de Madrid, seguro no podrá sobrepasar en extravagancia a su madre, pero sí hacer méritos para sucederla como la nueva rebelde de Mónaco, según lo insinúa su “memorial de agravios” en Instagram.

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