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Camila Chaín y Crespa Martínez nos muestran sus amores gatunos

Camila Chaín y Crespa Martínez nos muestran sus amores gatunos

REVISTA JET-SET

Otras que se desviven por sus gatos son Camila Chaín y Crespa Martínez. A esta pareja, el amor que les inspira Cerati y Celia, y la habilidad que han tenido para cuidarlos, les han despertado las ganas de tener hijos pronto y casarse.
Cuando Camila y Crespa se van de viaje dejan a sus gatos, Cerati y Celia, al cuidado de una nana y llaman todo el di´a a preguntar cómo están. La Crespa lloro´ antes de viajar al Desafío India por tener que separarse de sus dos mininos.
Por: 25/6/2015 00:00:00
La exparticipante del Desafío, Crespa Martínez, siempre había querido tener un gato, pero su novia, Camila Chaín, no estaba convencida. Al comienzo querían comprar uno parecido a un tigrillo, pero luego pensaron que invertir dos millones de pesos en una mascota habiendo tantos gatos abandonados en la calle era un despropósito. Crespa se puso a navegar en las redes sociales y encontró una fundación de animales que estaba dando en adopción a Cerati. Convenció a Camila de ir por él y llevarlo a su casa en La Calera, donde viven juntas. A los ocho días, al ver que Cerati estaba muy solo decidieron darle una hermanita: Celia, una criolla negra que bautizaron así en honor a la guarachera de Cuba. Ahora ellos son los amos y señores de su hogar. 
Háblenos de sus gatos…
Crespa: Son nuestros hijos, los amamos. Cerati se parece mucho a Camila, es tranquilo, amoroso y calmado. Celia tiene mi personalidad: es superindependiente y no le gusta que la apechichen. Ella es nuestra estilista, le encanta jugar con nuestro pelo. 
¿Qué pasa con los gatos cuando ustedes pelean?
Camila: Una vez discutimos fuerte y Crespa dijo: “Me voy y me llevo a Celia”. Y yo le dije: “Un momentico, de aquí no se va nadie, yo tengo la custodia”. Cuando uno forma una familia, no importa de qué tipo sea, crea un lazo muy fuerte que hay que tener en cuenta. Ya no es tan sencillo como decir: “Cojo mi maleta y me voy”. Hay dos gatos que son nuestros hijos que tenemos que cuidar. Si uno logra que un animal se sienta bien y sea feliz, se está preparando para tener hijos más adelante. 
Eso quiere decir que quieren tener hijos…
Camila: Claro que queremos, pero hay muchos factores que tenemos que analizar. Yo tengo 36 años y la Crespa 23. A la edad de ella yo no pensaba en tener hijos, lo que quería era darle la vuelta al mundo con una mochila. Por eso no quiero presionarla y decirle: “Tenemos que tenerlos ya”. 
Crespa: Pero es más o menos así: “Que ya”, “Que ya”. 
Camila: Lo que pasa es que a veces le da el arranque de tener un hijo a la una y después a la otra. 
Crespa: En este momento soy yo la que quiero, ando con un afán horrible de que eso pase. Ya les tenemos nombres y todo. 
Camila: La primera se va a llamar Alana Chaín y queremos que se parezca a la Crespa. Nos parece lindo que sea una negrita, mi mamá siempre quiso adoptar una. 
¿Y cómo piensan tenerlos?
Camila: Para nosotros es fundamental que las dos tengamos un vínculo muy fuerte con el bebé. Lo que queremos hacer es unir un óvulo de la Crespa con una esperma de un hombre moreno, de un banco de semen; y después inseminarlo en mi útero. 
Crespa: Y luego al revés. Juntamos el óvulo de Camila con el esperma de un hombre blanco de ojos cafés, como los de ella, y lo metemos en mi útero. 
Camila: Lo que pasa es que hay un probabilidad del 60 por ciento de que funcione y por eso debemos tener mucho cuidado. El procedimiento es muy caro y a nosotros la plata no nos sobra. 
¿Y por qué escogieron que Camila sea la primera en embarazarse?
Crespa: El médico nos dijo que el útero de Camila está en el momento perfecto para tener un bebé y que mis óvulos, por ser tan jóvenes, era más fácil de que pegaran. 
Camila: Mi papá es médico y vive diciéndome que mis óvulos ya están viejos y eso es un riesgo. “Es mejor que tengas un pelao ya”, me insiste. Yo siempre he querido tener hijos pero no sola, por eso he esperado. Conozco muchas familias de dos mujeres con hijos que se aman sin problema. 
¿Y han pensado en matrimonio?
Camila: Nosotras nos comprometimos hace rato, lo que pasa es que la gente no sabe.
¿Y cómo fue la pedida de mano?
Crespa: Yo le decía a Camila que a mí me daba mucha pereza esos hombres que invitan a su pareja a cenar y esconden el anillo en el postre. 
Camila: Y yo por dentro pensaba: “¿Qué hago, Dios mío?”. La invité a tirarnos en paracaídas. Compré 30 metros de tela blanca y le pedí a una amiga que me escribiera con aerógrafo: “¿Quieres casarte conmigo?”. Yo me lancé primero, nunca lo había hecho y pensé que me iba a morir. Cuando llegué me quité el uniforme y me arrodillé a esperarla con el anillo.
Crespa: Yo no tenía idea. Cuando íbamos bajando, el instructor me dijo que mirara para la piscina y ahí fue cuando vi el letrero, sentí vértigo, pero no por el paracaídas, sino por la propuesta. Yo solo le decía: “Tú estás loca”, “Tú estás loca”. No le contamos a nadie porque habían pasado solo tres meses desde que regresé del Desafío África, donde tuve un matrimonio con Alejandro. La gente nunca entendió que ese fue solamente un ritual como montarme en un elefante y que lo hicimos para probar algo diferente. Le dije a Camila: “Mi amor, tenemos que esperar porque yo no me puedo casar dos veces el mismo año”. 
¿Y entonces cuándo va a ser la boda?
Crespa: Todavía no sabemos, queremos que sea en la playa. 
Camila: Estamos hablando con una wedding planner de Medellín que es especialista en bodas gay. 
Crespa, ¿usted descubrió que era lesbiana en el Desafío África? –Era algo que tenía en mí pero que no identifiqué antes, quizás por la sociedad en que vivía. Lo reprimí hasta que llegó la persona indicada. El sentimiento nace, no se planea. Uno no le puede decir al corazón de quién se enamora, simplemente pasa.
Camila: Lo que ella tuvo que enfrentar con la familia o la sociedad fue muy fuerte. En mi caso, mis papás se dieron cuenta lo que me gustaba desde que tenía 7 años, sin embargo nunca tuve una conversación sobre este tema con ellos hasta ahora. 
Crespa: La primera pareja formal que Camila le presentó a su papá fui yo.
Camila: Yo duré 35 años de mi vida sin decirle a mi papá que era gay, pero él lo sabía.
Crespa: En cambio, para mi familia sí fue muy difícil. Yo me senté con ellos y les pregunté: “¿Ustedes prefieren que tenga a mi lado a un hombre machista, que me irrespete y me ponga los cachos, o a una persona maravillosa que vino en otro envase pero que me valora? Deben estar felices porque su hija está con alguien que la ama”. Mi mamá pensaba mucho en el qué dirán y en la sociedad. A mi papá no le dio tan duro. Él me dijo: “No puedo evitar que los pájaros den vuelta sobre mi cabeza, pero sí que aniden en ella. La gente va hablar pero no voy a dejar que eso me afecte, porque tú eres mi hija y te amo”. 
Camila: Él me adora. Cuando vamos a su casa nos sentamos en la sala a tomarnos nuestras cervecitas. 
Crespa: Nos ha tocado superar muchas cosas por la presión social. Antes, de los 10 comentarios que nos escribían, 11 eran insultos. Ahora se ha volteado un poco la arepa y nos dicen que somos una pareja divina y un ejemplo para la comunidad gay. Estamos felices, enamoradas y con muchas ganas de tener pelaos.

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