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Las bodas mágicas de Andrés Cortés

Las bodas mágicas de Andrés Cortés

REVISTA JET-SET

Andrés decoró la boda de Laura Pons, nieta de la condesa de Vignemont, y la del marchante de arte Felipe Grimberg en la que transformó el Castillo de San Felipe, en Cartagena, en un circo. Su marca habla mucho de las fiestas y eventos de la sociedad nacional y extranjera, pues su empresa tiene sedes en Bogotá, Cartagena, Miami y España; y planea abrir pronto en Uruguay.
79En una de las paredes de la entrada de la oficina de Andrés Cortés en Bogotá hay una frase que lo define: “Mi verdadera inspiración es el amor que siento por lo que hago; cada detalle es el reflejo del amor de una pareja y la pasión en mi trabajo”.
Por: Revista Jet-set8/5/2017 11:00:00

Hace un mes, Andrés convirtió el Castillo de San Felipe en una carpa de circo para la boda del merchante de arte Felipe Grimberg y Eduardo Ojeda, de la que todo el mundo habló por su suntuoso montaje: la barra del bar era un carrusel de los años cuarenta, había pitonisas en los baños que les leían la mano a los invitados, mujeres vestidas de leopardo metidas en jaulas y show de payasos y malabaristas. Fueron tres días de brunch y fiestas en los que el ‘realismo mágico’ del decorador bogotano superó todas las expectativas.

Para la boda de Felipe Grimberg y Eduardo Ojeda en Cartagena diseñó una barra de bar como un carrusel de los años cuarenta, y se inspiró en el circo. Foto: Cortesía.

Su espíritu creativo era evidente desde un niño. A los 8 años, Andrés se encerraba con su abuelo Juan Rodríguez, que era poeta y escritor, en su biblioteca gigante a escribir en letra cursiva y a leer a Neruda y a Julio Flórez. “Para no aburrirme me imaginaba los escenarios de esas historias y los empezaba a pintar”. Su familia era muy conservadora y su papá, un odontólogo bogotano, lo presionaba para que le siguiera los pasos. Entró a la universidad a estudiar esta carrera pero se dio cuenta de que no era lo suyo y se retiró. Eso, cuenta, lo alejó de su papá, quien murió hace diez años. Para ganarse la vida entró a trabajar en un almacén de decoración en Bogotá y le gustó tanto que decidió abrir su negocio de planner de eventos. “El inicio fue muy difícil, la gente me decía pare y haga otras cosas. Tuvimos dos quiebras, pero saber que eso era lo que me gustaba me hizo perseverar”.

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Andrés, especialista en montaje de bodas, es uno de los pocos hombres que no le huye al compromiso. Se casó hace 14 años con la pediatra Adriana Soraya en una hacienda colonial sabanera en la que disfrazó hasta los burros y puso músicos en los balcones. Ahí se regó la noticia de las buenas fiestas que hacía y lo empezaron a llamar sus amigos para que les organizara las suyas. “Nos buscan porque hacemos cosas diferentes, yo me siento a bocetear para cada evento y por eso ninguno se parece. Nosotros diseñamos las mesas, las sillas, las barras de bar, y las fabricamos en nuestro taller”.

Convirtió este espacio en el Hotel Santa Clara, en un rincón marroquí con lámparas, telas y servilleteros que trajo de esa región. La comida la sirvió en platos para compartir en la mesa. Foto: Cortesía.

En una de las paredes de su oficina en Bogotá tiene un calendario con los eventos programados para cada mes. Él y su equipo hacen entre tres y cuatro bodas cada fin de semana. “Hemos hecho de dos personas y hasta para 1.000 y desde 25 millones de pesos hasta 500”. El costo, dice, depende mucho de si hay que hacer una transformación completa del lugar. “Es diferente montar un evento en Bogotá que en el Desierto de la Tatacoa o en la isla de Holbox, México, donde se casaron el presidente de Aviatur, Samy Bessudo, y Martina Hakim. Es una de las playas más lindas que he visto en mi vida pero nos tocó llevar hasta el hielo en barcazas porque allá no había nada”.

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No le gusta hablar mucho de sus clientes, que son sus amigos, por razones de confidencialidad, pero en su registro hay ministros, presidentes de empresas y reconocidos personajes del jet set nacional y extranjero. Decoró la boda de la celebrity Laura Pons, nieta de la condesa de Vignemont y amiga de John Galliano. La ceremonia, de estilo mediterráneo, en Palma de Mallorca, tuvo mucha resonancia mediática en revistas europeas como Vanity Fair en la que destacaron el trabajo del colombiano. “El enlace se convirtió en un desfile de caras conocidas, no faltó glamur”, dijo Vanitatis.

Construyó esta choza  decorada con flores para la boda de Samy Bessudo, presidente de Aviatur y de Martina Hakim, quienes sellaron su amor en la isla de Holbox, en México, en mayo de 2016. Foto: Cortesía.

Ha enriquecido su visión con los viajes por Europa, Asia y Estados Unidos, en los que se dedica a detallar en lo que otros no se fijan: los marcos y las chapas de las puertas, los balcones viejos, las lámparas en las calles y las mesas y las letras escritas en tiza en los restaurantes.

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Lo inspira la moda, su otra pasión, y a veces de un catálogo de Gucci, Valentino o Dolce & Gabbana sale la idea de las telas o la paleta de colores que usará en su próxima boda. Tiene una colección de más de 130 pares de zapatos, algunos de Jimmy Choo y Christian Louboutin, dos de sus favoritos. Cuida cada detalle de lo que se pone y su estilo encaja en lo metrosexual.

Por estos días Andrés organiza uno de los eventos más importantes de su vida: la renovación de votos con su esposa Adriana Soraya que tendrá lugar en junio en Cartagena.

También le gusta mucho el cine, donde busca elementos decorativos para los enlaces matrimoniales. En una de sus próximas bodas pondrá a volar las velas en un salón como lo hacen en La bella y la bestia y recreará parte de este cuento de hadas.

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La creatividad de Andrés no tiene límites, aunque hay rituales que son esenciales en un matrimonio y que tiene claro que no puede cambiar como el desfile de la novia a la iglesia para que le admiren su vestido, el baile de la pareja en la fiesta y dar un tiempo para las fotos. De resto, se vale todo.

Tuvo que investigar durante meses sobre la cultura mallorquí para la boda de Laura Pons y Francisco Gordillo que tuvo eco en revistas como Bazaar y Vanity Fair. Foto: Cortesía.

Se la pasa de fiesta en fiesta pero cuando ve que hay una mujer que le está echando los perros sale huyendo como Cenicienta, antes de las doce de la noche. Dice que nunca le ha sido infiel a su esposa y por estos días está en los preparativos de su renovación de votos que será en Cartagena a finales de junio. No puede contar mucho porque daña la sorpresa, pero dice que va a ser un evento fuera de serie, como todos lo que él hace.

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