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Blackbox: cool, chévere y parchado

Blackbox: cool, chévere y parchado

REVISTA JET-SET

Desde hace cuatro meses existe en Bogotá un lugar inspirado en la tendencia mundial del boxing, que propone a sus usuarios un estilo de vida y una experiencia de comunidad.
Alejandro Uribe, Diego van Meerbeke, Rodrigo Roa y Andrés Jerónimo Montoya son cuatro amigos creadores de un boxing studio donde sobresalen el gusto y la comodidad. “Nos enfocamos mucho en la marca, queremos dejar huella, que sea diferente”.
Por: Revista Jet-set.13/6/2018 06:30:00

Alejandro Uribe Castaño tiene el emprendimiento en la sangre. Hijo de Pilar Castaño –experta e impulsora de la moda colombiana– y nieto de Álvaro Castaño Castillo –fundador de la emblemática emisora HJCK– y Gloria Valencia de Castaño –periodista y presentadora que fortaleció el desarrollo de la televisión en el país–, acaba de crear, junto a tres de sus grandes amigos, Blackbox, un gimnasio que propone un nuevo concepto: reinterpretar la costumbre de ejercitarse para convertirla en un estilo de vida.

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Alejandro Uribe, Diego van Meerbeke, Andrés Jerónimo Montoya y Rodrigo Roa, los tres primeros, administradores de empresas y el último, abogado, de 26 años cada uno, hicieron realidad su sueño de crear empresa. Lo primero que se ve al llegar al sitio, una casona cercana al parque El Virrey de Bogotá, es una imagen del boxeador Muhammad Ali y una de sus frases más conocidas: “Vuela como una mariposa y pica como una abeja”. Palabras que definen muy bien este lugar, lo que encontrarán allí los usuarios y aquello que se propuso este grupo de amigos hace un año.

Foto: Pilar Majía. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

La iniciativa surgió después de un viaje de Alejandro y Andrés Jerónimo a Nueva York, donde descubrieron la fuerte presencia del boxeo en la vida diaria de la gente, como una manera novedosa y completa para recrearse y mantenerse en forma. Al regresar, ya la idea flotaba en sus cabezas, como la mariposa en la frase de Ali. Se propusieron adecuar lo visto en la Gran Manzana al contexto local, diferenciándose de los gimnasios de boxing ya existentes en Colombia. Si lo conseguían, garantizaban cumplir con la segunda parte de las palabras del boxeador estadounidense: picar a los usuarios.

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Y lo lograron. En cuatro meses de funcionamiento se han convertido en una opción diferente para hacer deporte. “Ha gustado muchísimo el concepto, porque dejamos el gimnasio convencional y nos convertimos en un gimnasio boutique, si se puede decir así, donde el cliente no solo busca hacer ejercicio sino tener los mejores 45 minutos del día”, dice Alejandro Uribe. Ofrecen entrenamiento físico, pero mucho más: una experiencia, con espacios diseñados para sentirse en casa, trabajar, comer o tomar algo, conversar con amigos o esperar cómodamente mientras la pareja, algún amigo o familiar, asiste a una clase.

Si antes fueron los clubes y después los gimnasios, ahora existen alternativas como Blackbox, que se plantean como una familia o comunidad. Por esta razón, más que un servicio, brindan un estilo de vida en el que no solo se suda, también se conoce gente y se comparten gustos. Un lugar cool, chévere, parchado, adjetivos con los que Alejandro y Andrés Jerónimo se refieren a su idea de negocio hecha realidad.

Foto: Pilar Majía. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

La oferta incluye dos tipos de entrenamiento: semipersonalizado, en un gran salón con 17 tulas, y clases individuales en un ring profesional. Todas son dinámicas al combinar el boxeo con ejercicios funcionales. En ambas obsequian las vendas y prestan los guantes. Además, es posible hallar espacios de coworking y próximamente un bar, Delfrutas, y una tienda donde se podrán adquirir los implementos necesarios para las rutinas. Ingresar es muy fácil, pues las inscripciones, reservas y pagos para los entrenamientos se realizan de manera virtual (www.blackboxbs.com).

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Alejandro Uribe y sus tres socios, como muchos jóvenes colombianos, saben que materializar las ideas implica asumir riesgos. Ellos mismos lo dicen: “Emprender puede sonar chévere y es muy chévere, pero es duro. Hemos aprendido con el proceso”. Y este les ha demandado días largos, madrugadas, cansancios, errores, pero también satisfacciones: trabajar entre amigos, felicitaciones por un espacio pensado para disfrutar y mantenerse en forma y placer de construir una empresa propia que esperan, a largo plazo, tenga nuevas sedes en Bogotá y llegue a otras ciudades de Colombia.

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