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El príncipe George de Cambridge: histórico bautizo

El príncipe George de Cambridge: histórico bautizo

Revista Jet-Set

El primogénito del príncipe William y Kate Middleton protagonizó su primera ceremonia como tercero en la línea de sucesión al trono de Inglaterra.
George Alexander Louis, príncipe de Cambridge, en brazos de su padre, el príncipe William, minutos antes de su introducción en la iglesia anglicana, en la Capilla Real del Palacio de St. James, el pasado 23 de octubre. Foto: Look Press Agency
Por: Edición 2716/11/2013 00:00:00
La historia de una nación tan antigua como Gran Bretaña se puede contar a través de la vida y milagros de su familia real y en ese relato los nacimientos, bautizos, matrimonios y fallecimientos de sus monarcas y príncipes establecen los hitos más elocuentes. La más reciente muestra de ello fue la introducción a la iglesia anglicana de George Alexander Louis, príncipe de Cambridge, de tres meses, que al decir del periodista experto en realeza Robert Hardman le legará a la posteridad uno de los mejores retratos del reinado de la bisabuela del bebé, Isabel II.

Desde ya, los cronistas de la sangre azul definen este histórico momento como llamado a recordar el orgullo de Isabel, de 87 años, quien tras 61 años en el trono, ha cumplido con los principales deberes de una reina, como dejar a la monarquía mejor de lo que la encontró y garantizar su continuidad a través de la descendencia. Al respecto, hay que recordar que con George han coincidido tres herederos del trono vivos por primera vez en 120 años, como lo atestiguan las primeras fotos de Isabel con su bisnieto, acompañados por su hijo Carlos de Gales y su nieto William de Cambridge, con motivo del sacramento.

Una señal del torrente que ha corrido bajo los puentes en este que ya es llamado como “periodo isabelino”, es la manera en que la reina les permitió a William y su esposa, Kate Middleton, duques de Cambridge, imponerle su sello al bautizo de su primogénito. Ello sin importar que se rompiera con el protocolo y las tradiciones a los que la dinastía real ha vivido tan apegada.

Debido a esta etiqueta de bajo perfil, para empezar, el dress code era traje de salón de día, pues la ceremonia fue hacia las 3:00 p.m., y no se realizó en el Palacio de Buckingham, residencia de la reina, sino en la Capilla Real del Palacio de St. James, la estancia más antigua de los Windsor, en el cual reinaron Enrique VIII, Isabel I y otras célebres testas coronadas.

Pero la innovación que más ruido suscitó tuvo que ver con los padrinos. Por costumbre, los niños reales suelen tener como testigos de este rito religioso a reyes y miembros mayores de la familia real. Según la prensa inglesa, William y Kate tuvieron como criterio la amistad para elaborar su lista con miembros de su círculo más cercano, distinguidos con el don de la discreción. La única representante de los Windsor fue lady Zara Tindall, prima de William e hija de la princesa real, Ana. De resto, figuraron personas que los duques conocieron en diversos momentos de sus vidas: Emilia D’ Erlanger es gran amiga de Kate desde la infancia, mientras que el archimillonario conde Grosvenor y William van Cutsem son los más queridos camaradas de su esposo. De su época de estudiantes en la St. Andrews University, donde se conocieron y enamoraron hace una década, el escogido fue Oliver Baker, cuya esposa, Mel, también estudió en esa alma máter. En remembranza de su madre Diana Spencer, la gran ausente, William incluyó a su gran amiga Julia Samuel. Otro padrino fue Jamie Lowther-Pinkerton, quien fuera el fiel secretario privado del duque y su actual asesor. En total, siete padrinos, cuando se acostumbran seis, otro alejamiento de los viejos usos.

A ellos, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, les recordó en su homilía su misión de contribuir con la educación y guía moral del flamante monarca, mientras que a sus padres los exhortó a hablarles de Jesucristo y enseñarles los preceptos de su religión, de la cual será algún día defensor y jefe supremo. Eso, algunos lo ponen en duda, pues los duques no brillan por su piedad.

Manifestación de las tradiciones de antaño fue el faldón de cristianar de George, de encaje de Honiton, réplica del que usaron los infantes reales desde 1841, empezando con la princesa Victoria, hija mayor de Victoria I y emperatriz de Alemania.

George fue visto por primera vez desde su nacimiento y asombró por lo sereno que estuvo en su debut. No lloró ni se fastidió cuando el arzobispo bañó tres veces su cabeza, en recordación de la Santísima Trinidad, con agua del río Jordán, sobre la Lily Font. Esta reliquia de plata de la Torre de Londres que forma parte de la Royal Collection, también se ha usado para los bautizos reales desde 1841. Los tíos del principito, Harry y Pippa Middleton, se encargaron de las lecturas bíblicas, de los evangelios de Juan y Lucas, mientras que el coro de la Capilla Real acompañó la ceremonia con los himnos Blessed Jesu! Here we Stand, compuesto por Richard Popplewell para el bautizo de William en 1982, y The Lord Bless You and Keep You, de John Rutter.

Aunque el bautizo del futuro rey de Inglaterra tiene visos de ocasión de Estado, los padres de George le confirieron más bien un cariz íntimo, de modo que solo 22 invitados, entre parientes y padrinos, asistieron a la capilla. Ni siquiera los tíos de William, el duque de York, el conde de Wessex y la princesa Ana, fueron convocados. La princesa Alexandra, una de las madrinas de William, y la niñera de George, Jessie Webb, sí acudieron.
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