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Bárbara Escobar, un legado de amor

Bárbara Escobar, un legado de amor

Revista Jet-Set

La directora de La Casa de la Madre y el Niño celebra los 70 años de fundación con la edición de un libro, un documental histórico y una fiesta con dos conciertos de música clásica y gospel, danzas y testimonios de algunas de las más de 6.500 personas que han sido adoptadas.
Bárbara Escobar tiene cuatro hijas que conservan el legado familiar: Lorena trabaja con los niños de difícil adopción, Verónica maneja las comunicaciones, Bárbara María y Susana, que viven fuera del país, ayudan con los preparativos de la celebración. Foto: Imagen Reina/12.
Por: 9/8/2012 00:00:00
Para encontrar a Bárbara Escobar López en la Casa de la Madre y el Niño, antes hay que caminar por pasillos repletos de fotografías de niños sonrientes que ya fueron adoptados, tres salas dispuestas con dos sillas y una cunita para que los ansiosos padres reciban a sus hijos, un comedor amoblado con 15 pequeñas mesas de cuatro sillas cada una, dormitorios con camas de diferentes tamaños, decoradas con animalitos de peluche, y una sala de juegos en la que diez cochecitos de muñecas esperan parqueados hasta que las niñas regresen de clases. Las voces infantiles llegan de todas partes: del jardín interior, del parque, del salón de arte, del aula de computadores o de los vestidores, en donde las voluntarias les ponen los uniformes escolares a los niños mayores.

En la salacuna no se oye ningún llanto, increíblemente todos los bebés duermen. Casi al final del corredor más amplio, está Barbarita, como la llaman los niños que habitan la inmensa casa de una sola planta. Sentada frente a una mesa redonda, rodeada de libros y fotografías que resumen el paso del tiempo, se detiene a recordar. “Hace 70 años las señoras se ponían almohadas en el estómago para aparentar un embarazo y evitar que alguien se enterara de que su hijo era adoptado.

Hoy es una ilusión que se comparte con toda la familia y los amigos”, dice la directora de La Casa de la Madre y el Niño, quien hace 35 años remplazó a su mamá, María López Michelsen, en la tarea de apoyar a las madres que no pueden criar a sus hijos, y encontrarles una familia adoptiva a los huérfanos. Antes de continuar, Bárbara aclara que La Casa, como es conocida mundialmente, no funciona solo gracias a ella, “Inés Elvira Cuéllar, que lleva con nosotros 45 años, María Cristina Uribe de La Torre, Emma Campuzano, Mercedes Corpas y yo, trabajamos hoy con un grupo de 54 voluntarias que ayudan con terapias, supervisan los almuerzos, les dan el tetero a los bebés y les cuentan cuentos a los más grandecitos”.

Hoy atienden a 78 niños, desde recién nacidos hasta los 12 años, mientras les encuentran una familia y terminan sus procesos de adopción. Pero en el día no se siente que sean tantos, ya que unos estudian en un kínder privado y otros van en camioneta a un colegio que queda a solo 15 cuadras de la calle 48 con carrera 28, dirección en donde queda La Casa. Muchos de ellos son los primeros del curso, gracias a que siempre están acompañados de tutores que se encargan de hacerles supervisión a sus tareas, van a las reuniones de padres y hacen seguimiento con los profesores de cómo van en las materias. La espera de estos niños por tener un nuevo hogar no es aburrida, ni mucho menos triste. Todas sus actividades están rigurosamente programadas: los sábados tienen clases de natación, aprenden de sistemas y hacen gimnasia. Una vez a la semana se dedican al arte con Blanca de Ariza, nuera del maestro Gonzalo Ariza, y hace un par de meses andan felices con la llegada de Yutaka Otashiro, un diplomático de la Embajada de Japón que les enseña yudo.

Pero no solo ellos disfrutan de todos estos beneficios. En La Casa también viven 16 madres gestantes, que por diferentes razones no pueden quedarse con sus hijos. “Si una mamá está cuidada, su hijo nacerá bien. Ellas tienen atención clínica, viven bajo un techo familiar y nadie las juzga. No todas las madres que están aquí van a dar sus hijos en adopción, tienen 60 días para arrepentirse”, cuenta Bárbara.

Para esta celebración de los 70 años vienen 250 personas, entre padres e hijos adoptados, de diferentes ciudades de Colombia, Suecia, Francia, Inglaterra y Holanda. Algunos vienen a encontrarse con su hogar, porque quieren saber de dónde vienen, cómo se trabaja en La Casa y cómo es la gente colombiana, para darse cuenta de que no estuvieron en un orfanato, abandonados. “Dar amor y felicidad no es una tarea fácil. Son muchos años de retos, y no recuerdo que haya pasado un día en el que no haya tenido que resolver un problema. La gente me pregunta por qué no me doy otros placeres como jugar tenis, golf o bridge; pero eso no es lo mío. Les agradezco a mi mamá y a mi familia por haberme dado la oportunidad de compartir con todas estas personas. Hoy me siento plena”, concluye Bárbara. 
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