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Cazafantasmas colombianos

Cazafantasmas colombianos

Revista Jet-set

A propósito de Halloween, en Bogotá vive un grupo de personas que ven y hablan con los muertos. A semejanza de los cazafantasmas de la cinta de los años 80, ellos se dedican a buscar a los seres del más allá para limpiar las edificaciones donde hay malas energías. Esta profesión no es fácil, incluso ellos sienten miedo.
El equipo de cazafantasmas nació con el don de comunicarse con los muertos. “Muchos pueden desarrollar esta facultad, pero la bloquean por físico miedo a los seres del más allá”, dijeron. Diana Cardoza - Ingeniera industrial, David Molina - Publicista, Ayda Luz Valencia - Terapeuta alternativa, Ómar Ducuara - Periodista, Mónica Sierra - Psicóloga. Foto: ©Gerardo Gómez/13.
Por: Edición 27023/10/2013 00:00:00
Hace meses, la terapeuta de tratamientos alternativos Ayda Luz Valencia y sus cazafantasmas criollos asistieron a una sesión espiritista, igual de escalofriante a las de la cinta El conjuro, que estuvo por unas semanas en las carteleras del país. En una casa en el norte de Bogotá, donde se escuchaban llantos y alaridos, ella y sus acompañantes se enfrentaron a la agresión de un espíritu tenebroso que tiraba puertas, movía cuadros y lanzaba objetos contra los asistentes. Según Ayda, este ser del más allá, que seguía apegado a los bienes terrenales, reclamaba la propiedad de la mansión que le perteneció mientras estuvo vivo. “Llegamos allá para limpiar las malas energías y descubrimos una presencia extraña. No hicimos nada extraordinario para que descansara en paz. Solo realizamos una cadena de oración”, explicó la psíquica que empezó a escuchar las voces de los difuntos desde que era niña. Sus padres, quienes se preocuparon por lo que le estaba pasando a la pequeña Ayda, la creyeron loca durante un largo tiempo, hasta que consultaron a un psiquiatra que se había especializado en estos temas.

El grupo de cazafantasmas que ella lidera, con el visto bueno de varios sacerdotes de la iglesia católica, está conformado por un equipo interdisciplinario en el cual hay científicos y humanistas. Varios de ellos ven o sienten la presencia escalofriante de personas que incluso murieron hace más de 300 años, un don que casi siempre es innato y que pocos logran desarrollar por miedo a la muerte. Por ejemplo, la psicóloga Mónica Sierra es médium, es decir que a través de un estado de inconciencia es posible que los espíritus entren a su cuerpo para que puedan hablar con los vivos. Algo así como lo que hacía el personaje de la actriz Whoopi Goldberg en la cinta Ghost, con Demi Moore: “cuando me despierto no me acuerdo de lo que dijeron. Para eso necesito que alguien esté a mi lado. Hasta ahora ningún fantasma se ha quedado en mi cuerpo, todos salen gracias a la oración”.

Su novio, el publicista David Molina, nació con esta percepción extrasensorial que lo ha conducido a ver apariciones de personas que murieron en circunstancias trágicas o de mucha agonía, y también aquellos que siguen apegados a lo material o a un amor terrenal. “Hace semanas iba manejando, cuando alguien se me atravesó en la carretera. Pensé que lo había arrollado, pero resulta que siguió caminando como si nada. Me di cuenta de que en ese mismo lugar había muerto un hombre en un accidente automovilístico”.

Los cazafantasmas bogotanos se reúnen una vez a la semana con el fin de desarrollar la técnica que les permite hablar con el más allá. El carácter espiritual de este trabajo, que no tiene horas ni fechas específicas, los obliga a buscar seres que se resisten a abandonar la vida mundana. Hace poco se enfrentaron a un fantasma que acosaba a las hijas de un alto funcionario del ejército. Su presencia era tan fuerte que las víctimas desesperadas por entender qué pasaba viajaron a Francia donde empezaron a estudiar fenómenos paranormales. Ayda recuerda que estas jóvenes amanecían con rasguños y el cuerpo lleno de laceraciones. En estos rituales participaron no solo ellos sino personas neófitas en el asunto.

Según ella y sus cuatro discípulos, que empezaron siendo sus pacientes, el don de ver y hablar con los difuntos tiene un doble filo, y es que algunas veces se convierte en un verdadero tormento. En las discotecas, restaurantes, centros comerciales, iglesias, escuelas y viejos edificios ven fantasmas de pieles traslúcidas y en continuo sufrimiento que acaban con los momentos de diversión de cualquiera, incluso los de ellos. “Su presencia nos da un escalofrío mortuorio e incontrolable. No es fácil”, puntualizó Ayda Valencia.

A diferencia de los cazafantasmas de la película ochentera, la psíquica que trabaja en Bogotá y sus muchachos carecen de aparatos y tecnologías sofisticados para comunicarse con este mundo de espectros, sombras y almas atormentadas que se resisten a pasar el túnel negro que conduce al plano de los muertos. Simplemente nacieron con esta facultad que ni ellos mismos saben por qué la heredaron.
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