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Athina Onassis adiós, Skorpios

Athina Onassis adiós, Skorpios

Revista Jet-set

La única heredera sobreviviente del magnate griego Aristóteles Onassis se desliga para siempre del turbulento pasado de su familia al venderle a una millonaria rusa la célebre isla que fue símbolo de la fastuosidad, pero también de la maldición de su apellido.
Más de 150 millones de dólares. Con Skorpios, de 74 acres y frente a la costa griega del mar Jónico, Onassis introdujo entre los millonarios la moda de tener isla privada en los años 60. Foto: Look Press Agency.
Por: 25/4/2013 00:00:00
Cuando era adolescente, Athina decía que si por ella fuera se despojaría de la multimillonaria fortuna que le heredó su madre, Christina Onassis, quien la dejó huérfana cuando apenas tenía tres años. Su abuelo griego, Aristóteles Onassis, llegó a ser el hombre más rico del mundo en la década de 1960, pero un trágico destino lo persiguió y siguió acechando a sus herederos después de su muerte, acaecida en 1975. Cuando pronunció sus desencantadas palabras, Athina había oído la sucesión de infortunios familiares que habían arribado con el dinero: el fracaso matrimonial de sus abuelos, la muerte de su tío Alexandros Onassis, a los 24 años, en un accidente automovilístico, al igual que la infelicidad en el amor y la mala salud de su madre, bautizada con razón como “pobre niña rica”, entre otras desgracias. Ello se suscitó, dice una leyenda en la supersticiosa Grecia, cuando Onassis comenzaba a amasar su riqueza dejando a su paso víctimas en la ruina, una de las cuales maldijo su nombre y el de su descendencia.

Cierto o no el conjuro, Athina, criada en Suiza por su padre, Thierry Roussel, nunca ha mostrado ?ningún apego por el apellido Onassis ni por Grecia, lo cual ratifica ahora con la venta de Skorpios, la isla de 74 acres en el mar Jónico que es el símbolo del esplendor de su familia. Según The Guardian, de Londres, la huidiza heredera de 28 años recibió la friolera de más de 150 millones de dólares de manos de Ekaterina Rybolovleva, de 24, consagrada equitadora como Athina e hija del oligarca ruso Dmitry Rybolovlev, dueño de industrias en su patria, del equipo AS Mónaco, entre otras, que suman una fortuna de 9.100 millones de dólares. Es famoso porque es un halcón para quedarse con propiedades consideradas como trofeos en el mundo de los más acaudalados. Y Skorpios sí que lo es.

Al comprarla a comienzos de los años 60 por 10.000 dólares, Aristóteles Onassis introdujo la moda de tener isla privada entre los millonarios. Del paraje desértico que era, la transformó en un paraíso donde floreció el verde por doquier y la acondicionó con un conjunto familiar de tres casas, helipuerto, muelle y otras comodidades. Entonces, vivió allí su idilio con la prima donna María Callas y la convirtió en el epicentro del naciente jet-set. En 1968, Skorpios contempló la publicitada boda del armador con Jacqueline Kennedy, la viuda del asesinado presidente John F. Kennedy, y fue el refugio donde ella y sus hijos, Caroline y John-John, pudieron estar más o menos a salvo de los paparazzi que los asediaban como la familia más célebre del mundo. Siguiendo la voluntad de su padre, Christina Onassis le dio sepultura en la isla y solía pasar sus vacaciones en sus playas, lo que Athina jamás hizo cuando creció.

Según le contó a The Guardian Alexis Mantheakis, autor de una biografía de Athina y exasesor de su padre, la última vez que ella estuvo en Skorpios fue en 1998, con motivo de los diez años del fallecimiento de su madre, quien también reposa en la propiedad. En esa ocasión, los griegos la aclamaron casi como a una santa, pero ella no pudo corresponderles, pues no habla una sola palabra de griego, sino inglés, sueco, la lengua de su abuela paterna, y francés, la de su padre. Eso, junto a su ignorancia de la cultura helena, fue lo que le reprocharon los administradores de una obra de caridad que dejó su abuelo en memoria de Alexandros Onassis para desvincularla de la organización. Además, no ha tenido buenas relaciones con la Fundación Onassis, que maneja la mitad de su legado.

Según lo anunciaron portavoces de Rybolovleva, la compra de la isla formó parte de un paquete de propiedades que Athina puso en el mercado y que no es la primera. “En cierto sentido, ella ha actuado como una verdadera Onassis al mostrarse poco sentimental en materia financiera”, opina Mantheakis. “Hasta lo que sé, todo su efectivo está aún en un fideicomiso creado por su padre, lo cual quizás explica por qué está vendiendo sus bienes”. En efecto, Athina ha negociado en los últimos años la valiosa colección de joyas de su madre, así como sus tierras en la Riviera ateniense. Pero nadie hubiese esperado que saliera de Skorpios estando allí la tumba de su madre. Al parecer, a ello la llevaron los altos costos de mantenimiento e impuestos que ha tenido que pagar por conservar la isla, cercanos al millón de dólares anuales. De acuerdo con The Guardian, si a ello se le suman los tributos que le cobraron por heredar la isla, todo le habría salido por más de 45 millones de dólares. Con la crisis financiera de Grecia, que busca recursos para saldar su alta deuda, la carga fiscal creció y por eso ella resolvió vender, señaló la revista Forbes.

Pero ello no significa que Athina se esté empobreciendo. Ya no tiene Skorpios, pero le quedan cientos de obras maestras de arte, una flota de barcos y múltiples compañías y propiedades en tres continentes. “Si quisiera –concluyó The Guardian–, podría echar mano de sus 217 cuentas bancarias para pagar la deuda externa de casi todos los países del Tercer Mundo y le quedaría dinero para vivir cómodamente”.
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