Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Aristóteles Onassis y Jacqueline Kennedy Onassis la traición desnuda

Aristóteles Onassis y Jacqueline Kennedy Onassis la traición desnuda

Revista Jet-set

El magnate griego orquestó la publicación de las famosas fotos de su esposa Jackie sin nada de ropa en 1972, afirma un nuevo libro.
Ari y Jackie en 1970 en Nueva York. Para ese momento él le era infiel a ella con María Callas y estaba furioso con Jackie al descubrir una carta en la que ella decía amar a Roswell Gilpatric. Se vengó dándole a los paparazzi las facilidades para pillarla desnuda. Foto: Getty Images.
Por: Edición 29518/11/2014 00:00:00
Aristóteles Onassis era tan patán como millonario y tanta maldad le sirvió para dejar en ridículo ante el mundo entero a su segunda esposa, Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente estadounidense John F. Kennedy. Al menos así lo afirma Christopher Andersen en una nueva biografía de John-John Kennedy, el hijo de Jackie, en la cual narra el escabroso episodio de las imágenes de la ex primera dama como Dios la trajo al mundo, que causaron furor en los años 70.

No fue para menos, ya que ella era la mujer más famosa del mundo y la esposa trofeo del dueño de la mayor fortuna del planeta, Onassis, con quien se casó por conveniencia, según el libro titulado The Good Son: JFK Jr. and the Mother He Loved. Cuando Jackie enviudó del presidente, en 1963, sus más firmes pretendientes eran su cuñado Robert “Bobby” Kennedy, con quien tenía un romance, y Onassis, a quien le quedó el camino libre con el asesinato del primero en 1968.

Tras el entierro de Bobby, Onassis acudió a Hammersmith Farm, donde estaba Jackie, la cubrió de joyas y la conquistó, como lo asegura Aileen Mehle, una amiga de la viuda. “Él era repulsivo, por supuesto, pero no se trataba solo de su dinero. Era muy vivaz, vibrante y vigoroso”, anota Mehle, y eso cautivó a Jackie, quien además concluyó que con su riqueza, valorada en mil millones de dólares, él era el único que podía protegerla a ella y sus hijos, Caroline y John F. Kennedy Jr., del hostigador acoso de la prensa y de la violencia de la época.

Ni los Kennedy, la familia política de Jackie, ni sus amigos, lo más selecto del jet set, creían que el armador griego fuese adecuado para ella. Podía ser muy acaudalado, pero les parecía “basura” y burdo, pues, por ejemplo, se ufanaba de sí mismo en estos términos: “¡Me tiro a María Callas, me tiro a Jackie Kennedy y soy jodidamente rico!”. No obstante, ella aceptó su propuesta de matrimonio, que tuvo lugar el 20 de octubre de 1968 en Skorpios, la isla privada del millonario.

Pasada la boda, él la dejó sola en la isla, lo que la llevó a sentirse abandonada y a escribirle una sentida carta a otro de sus pretendientes, Roswell Gilpatric, en la que le decía: “Espero que sepas todo lo que has sido, eres y serás para mí. Con amor, Jackie”. Ari, como le llamaban familiarmente al millonario, se enteró de la nota y retornó a Skorpios a pasar la luna de miel con su nueva esposa, sostiene la biografía. Pero apenas ella se ausentó, él enfiló sus energías a la reconquista de Maria Callas, la célebre prima donna y el verdadero amor de su vida, de acuerdo con personas tan cercanas a él como su conductor, Jacinto Rosa.

Aún así, este trío pasional no fue tan lesivo para el frágil matrimonio como el destape, en febrero de 1970, de las comprometedoras cartas de Jackie a Roswell Gilpatric, por parte de Charles Hamilton, un coleccionista de autógrafos de celebridades. “A Ari no le importaba ser retratado como zafio cretino, pirata, viejo sucio y hasta criminal. Pero la idea de ser corneado en público por una mujer que se había gastado 60 mil dólares de su fortuna (unos 500 mil dólares de hoy) en 200 pares de zapatos era un golpe bajo a su hombría”.

En retaliación, cuenta Andersen, en mayo de 1970 fue a cenar con Callas en Maxim’s, el refugio del jet set en París, lo cual puso en alerta a Jackie, quien viajó a la Ciudad Luz y fue a comer con su marido al restaurante, en la misma mesa en que se había sentado con María, quien así debería quedar notificada de que no le permitiría robarle a Onassis. Entonces, Callas, quien llamaba a Jackie “la esposa artificial”, intentó suicidarse cuando vio las fotos de la velada, pero sobrevivió y continuó su relación clandestina con Ari hasta la muerte de él.

El millonario seguía empeñado en darle una lección a Jackie y conectó ese deseo de venganza con lo harto que estaba de los frecuentes juicios por invasión de privacidad de ella contra la prensa, los cuales él consideraba como un despilfarro de su dinero, cuenta Andersen, uno de los periodistas que más ha investigado sobre los Kennedy, de quienes ha escrito varios libros. “Para avergonzar a Jackie, Ari urdió un plan de tal magnitud, que ya no quedaría nada que los medios pudieran hacer para herirla. Ello le permitiría rebajar hasta lo más profundo a la esposa a quien ahora llamaba despectivamente ‘la viuda’”, según se lee en el libro.

A través de sus buenos contactos en la prensa, Onassis informó a un grupo de paparazzi cuándo estaría ella en Skorpios, y les entregó mapas de la isla y otros datos que les facilitaron fotografiarla desnuda. “Jackie –relata Andersen– quedó lívida” cuando vio las imágenes, publicadas en 1972 en Italia por la revista Playmen y en 1975 en Estados Unidos por Hustler, en una edición que vendió dos millones de copias. Los hijos de ella, cuenta el nuevo libro, sufrieron matoneo en sus colegios, gracias a este affaire por el cual la primera dama fue apodada “el peluche del billón de dólares”, en alusión a su vello púbico.

Onassis tuvo así otro motivo para maltratar a Jackie delante de sus amigos. “No es que me guste mucho estar viendo el trasero de mi esposa en las revistas”, solía decir, hasta que un día ella le contestó: “Tranquilo, Goldfinger, que los medios se están reservando el tuyo para mostrarlo en Navidad”.

Jackie le exigió a Onassis que demandara a las publicaciones que habían publicado las fotos, pero la respuesta de él fue empezar a planear el divorcio. “Consciente de que ella no aceptaría los tres millones de dólares que estipulaba su acuerdo prenupcial, él resolvió agregarle un millón más. ‘Eso es todo lo que tendrá la viuda. Ni un centavo más’, le ordenó a su abogado Roy Cohn”, asegura el biógrafo Andersen. Pero el proceso nunca se concretó, pues él cayó gravemente enfermo y murió en 1975.
LO MÁS VISTO