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Antonio Sanint y su manual para entender a los hombres

Antonio Sanint y su manual para entender a los hombres

Revista Jet-Set

¿Por qué en la adolescencia duelen las tetillas? ¿Qué técnicas existen para tener el pene más grande? ¿La calvicie tiene cura? Son algunas de las preguntas que responde Antonio Sanint en su nuevo libro Todo lo que siempre quiso saber y su papá nunca le explicó.
Cuando Antonio tenía 13 años, su papá le dijo que a su edad los hombres se dedicaban a dos cosas: al deporte y a la masturbación. Y que algo le decía que él se estaba quedando en la segunda. Foto: ©Imagen Reina/13
Por: Edición 27220/11/2013 00:00:00
Sanint cuenta que cuando era un adolescente, en su familia, el sexo era un tema tabú. A los 11 años encontró en el ático una caja llena de revistas porno y en una de ellas vio un aviso de publicidad de una colonia de Playboy y pensó ¿a qué olerá? “Yo me imaginaba que olía al órgano reproductor femenino. Le pregunté a mi papá y él me dijo: ‘pues ¿a qué va a oler?, a colonia’”.

La única vez que tocó el tema sexual con su papá fue a los 13 años, cuando lo llamó al estudio y le dijo con voz ceremoniosa: “Antonio, es normal que un hombre a tu edad esté dedicado a dos cosas: al deporte y a la masturbación. Y algo me dice que te estás quedando en la segunda”. Muchos años después él le recordó a su padre esa frase, quien negó rotundamente haber dicho tal barbaridad.

Fuera de chiste, el actor reconoce que era un adolescente tímido e introvertido y que, si en esa época hubiera tenido muchas de las respuestas que pretende dar en su libro, la situación hubiera sido distinta. Opina que las mujeres tienen más herramientas para resolver sus dilemas, son como una secta, se cuentan todo y se ayudan entre ellas. “Con los hombres es distinto, en general nos quedamos callados frente a una cantidad de cosas que nos pasan y no sabemos por qué, simplemente por vergüenza o porque nos da miedo que se burlen de nosotros”.

A Sanint lo alucina que viviendo en pleno siglo XXI, con los avances tecnológicos que hay y a punto de llegar a Marte, seguimos siendo tan “morrongos” en los temas personales. “En Latinoamérica todavía tenemos mentalidad de pueblo y vivimos pendientes del qué dirán. La religión nos ha hecho mucho daño. Mi abuela decía que la única moral es la mata de la mora”. Para él, en el sexo y en el amor todo se vale, siempre y cuando se haga con respeto y sin causarle dolor a nadie. “El mío es muy tranquilo, me gusta experimentar posiciones pero no he hecho orgías ni he estado con alguien del otro equipo. Mi exploración sexual es más de lectura y de hablar con la gente”, confiesa. Su primera vez ocurrió cuando estaba en el colegio con una “lobita”, porque “en ese tiempo acostarse con la novia era mal visto”.

El autor aclara que no es un libro de chistes y que, antes de sentarse a escribir, hizo una investigación profunda en la que entrevistó a médicos y a personas expertas en el comportamiento masculino. Dice que su intención no es hacer una apología al machismo, sino todo lo contrario. Al final del libro hay un capítulo dedicado especialmente al género femenino para que aprendan a entender mejor a los hombres. “La pregunta más constante que se hacen las mujeres es cómo saber si un hombre las está mirando con ojos de sexo o para tener un vínculo estable. Mi recomendación es que no tengan relaciones sexuales en la primera cita, que los hagan esperar, que sea una conquista, algo bonito y retador. Después de acostarse con su pareja, la prueba infalible es decirle: ‘bueno, me voy’. Si él les pide que se queden es porque hay un sentimiento, si no es porque es puro sexo y es importante tenerlo claro desde el principio”.

En el texto desvirtúa el mito de que los hombres siempre piensan con el pipí y las mujeres con el corazón. “Lo que pasa es que nosotros llegamos al amor por medio del sexo y ellas llegan al sexo por medio del amor. Pero finalmente a los dos nos gusta el placer y sentimos lo mismo”, concluye Sanint.

Los consejos de Antonio


Lo mejor que una mujer puede hacer para saber qué le excita a su pareja es experimentar. Sería bueno que se alejara de todos los tabúes sociales y del bendito “pecado” que nos han metido hasta en la sopa.

El baile para el hombre es lo mismo que el sexo oral para una mujer. Lo usamos para conquistar y fingimos que nos encanta, pero cuando ya logramos nuestro objetivo, no lo volvemos a hacer con el mismo gusto.

Para el sexo oral le recomiendo a los hombres que empiecen a comer gelatina sin cuchara. Sus novias se lo agradecerán.

Los hombres somos evidentes, explícitos si se quiere. Las mujeres son como los gatos: sigilosas, estrategas, con el completo dominio de sus acciones.

Un buen amante no es el que se acuesta con una mujer, sino el que se sabe levantar con ella.

A los hombres, Dios nos dio dos cabezas pero solo sangre para llenar a una de ellas a la vez.

Nunca le presente la amiga fea de su novia a un amigo.

Solo una cosa le da más rabia a una mujer que decirle: “ya te llamo”, y es que usted no la llame después de decirle eso.

Si se entera de algo sobre la novia de su amigo y no tiene pruebas, quédese callado. Los hombres no somos chismosos.

Señales para darse cuenta de que empieza a volverse adulto: su billetera ya no es de velcro y las tarjetas de crédito empiezan a reemplazar ese condón viejo y fosilizado que llevaba desde que tenía 13 años.
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