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Antonio Morales es el presidente del club de  los indignados

Antonio Morales es el presidente del club de los indignados

REVISTA JET-SET

El escritor y periodista, reconocido por sus agudas críticas a la sociedad y a la política desde la prensa escrita y la televisión, ahora se enfrenta a un nuevo reto: indignarse frente al público en el Teatro Cafam de Bellas Artes. Toño se estrena como actor e interpreta a un maestro de ceremonias en el show Indignados Social Club.
Antonio dice que siempre estará indignado, pero nunca amargado. "Yo no soy del centro o de derecha. No tengo ningún problema en decir que soy de izquierda, a los que les produce vergüenza es a quienes han tratado de censurarme en los medios de comunicación".
Por: Revista Jet-set.8/2/2017 00:00:00

Parado sobre el escenario, Antonio Morales Riveira se enfrenta a su timidez. El creador de personajes tan habladores y frenteros como Godofredo Cínico Caspa lleva una carrera de más de cuatro décadas como periodista y libretista, pero nunca había interpretado sus propias líneas. Es el maestro de ceremonias y conductor de Indignados Social Club, una sátira a modo de discurso: “¿Han visto ustedes a un arribista desempleado, a un mediocre sin futuro o a un fanático sin micrófono? ¿Cierto que no?”, pregunta en el ensayo del show que se estrenó el 8 de febrero.

Al versado escritor y agudo crítico que ha plasmado sus opiniones en El Espectador, Alternativa, Cromos, Semana, Noticiero de las 7, Gatopardo y SoHo, no se le notan los nervios. Si a todo esto se suma la reciente experiencia en la presentación en Youtube de su programa de entrevistas Café picante, le falta muy poco para vencer el pánico escénico. “Como el gran tímido que soy, la paso fatal los primeros minutos. Después me transformo, hecho mi rollo, opino y mamo gallo”.

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En su primera experiencia histriónica, Toño empieza por contextualizar al público con la indignación que producen el arribismo, la mediocridad y el fanatismo, fenómenos de la sociedad colombiana que son interpretados por los comediantes Diego Camargo, Catalina Guzmán y Diego Mateus.

Foto: Imagen Reina.

“El teatro es un hilo conductor y la gente se va a sentir tocada”, pronostica Antonio, y a la vez reclama que en Colombia nos hace falta estar más indignados. “Aquí todo el mundo come mierda, y parece que nos acostumbramos a vivir en un país en donde los niveles de corrupción hacen que se pierda el 20 por ciento del PIB. Si existiera la indignación no elegiríamos a los políticos que nos dirigen, y no hubiera ganado el ‘No’ en el plebiscito”.

Para este personaje que dirigió durante tres años el programa periodístico y de humor Quac con Jaime Garzón y Diego León Hoyos, aclara que la indignación no es lo mismo que el ‘empute’, para él es más una toma de conciencia.

Ante la pregunta de si las redes sociales son una plataforma para expresar la indignación, es contundente en su respuesta: “Las veo más como fuentes de agresión. Muy pocas veces se ven propuestas para cambiar. Lo que hay es veneno, grosería, mala leche, es decir... basura. La rabia solo sirve para que a uno le dé un infarto”.

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Este declarado enfermo de dromomanía, inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro, se cuida el corazón. Se toma con calma que lo tilden de pesimista y amargado. Explica que tiene una interpretación del mundo como la de cualquier ser humano: de dos aguas. Así como alaba lo bueno, no traga entero “porque me enveneno”.

Se indigna ante la inexistencia de una democracia en Colombia o ante la acumulación de poder en los medios de comunicación. Critica la política, y dice que es de izquierda. “A los que les produce vergüenza es a quienes tratan de censurarme y quieren joderme mediáticamente”. Se refiere a las declaraciones que él le dio a la revista Semana, luego de que la Fiscalía General de la Nación archivó la investigación en su contra por el supuesto acceso carnal violento y lesiones personales a la abogada Ana María González. “Conocida la denuncia hubo una avalancha de infamias y calumnias contra mí, procedentes de algunas personas del Centro Democrático. Ellos evadieron la responsabilidad que tiene un partido de defender la presunción de inocencia”, dijo Antonio el 16 de enero, al mismo tiempo que anunció que está estudiando instaurar acciones legales por falsa denuncia y delitos informáticos.

Foto: Imagen Reina.

Se le ve encarretado con este nuevo proyecto del teatro producido por Daniel Álvarez Mikey, quien también le dio un espacio a Antonio en este club de los indignados para que hable sobre los auténticos falsos y los indiferentes. Las presentaciones se extenderán hasta el 19 de febrero, son solo el inicio de lo que el hijo de Fanny Mikey quiere hacer: un teatro modular en el cual se puedan cambiar los actores y las diferentes versiones de la sociedad. “Eso puede resultar eterno. Podemos pasar cinco años haciendo vainas con el sapo, el avión, el lagarto y otros tantos especímenes que se prestan para tomar del pelo”, dice Antonio.

Con la capacidad que tiene de burlarse de sí mismo, cuenta que está viviendo “esa porquería de la vida que llaman madurez”. Dice que está en la antesala chévere y tranquila de lo que no espera con tanto cariño: la ancianidad. “He tenido problemas graves en la vida, pero siempre he encontrado la opción de diversión y de ponerme en escena frente a mí mismo. ¡Porque la vida es una comedia!”, remata con una sonrisota.

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