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Antonio Banderas: conquistó a Colombia

Antonio Banderas: conquistó a Colombia

Revista Jet-Set

En medio de fuertes rumores sobre su separación de la actriz Melanie Griffith, la estrella de Hollywood estuvo en Bogotá para el lanzamiento de su nuevo perfume, Her Golden Secret. El español también mostró su faceta de fotógrafo y expuso su trabajo Women in Gold en la Galería El Museo, en donde se subastaron con fines benéficos cinco de sus obras.
Después de rodar en Nemocón, Cundinamarca, la película Los 33, basada en la historia de los mineros atrapados en Chile, Antonio mostró interés en regresar a Colombia para realizar algunos proyectos con su productora de cine Green Moon. Foto: ©Imagen Reina/14
Por: Edición 28320/5/2014 00:00:00
Mientras los titulares de las revistas españolas se cuestionaban: “Melanie Griffith y Antonio Banderas, ¿divorcio a la vista?”, debido en parte a un trino de la actriz en el que se preguntaba: “¿Quién cree en el matrimonio y por qué?, el actor español atendía en Bogotá a la prensa que lo acompañó en el lanzamiento de su perfume, Her Golden Secret. José Antonio Domínguez Banderas recibió a Jet-set en un salón del hotel en el que se alojó por tres días. Una de las indicaciones de sus asesores de prensa fue no preguntarle nada sobre la separación. Como buen andaluz, capoteó todas las preguntas. Pero ante las cuestiones del amor, la estrella, que lleva 18 años de matrimonio, habló con honestidad. Aunque nunca nombró a la madre de su hija Stella, dejó ver el momento por el que pasa.

¿Cuál es su opinión sobre el amor? —Tenemos la tendencia a pensar que el amor es siempre lo mismo: esa cosa rosa, maravillosa y pasional de los primeros encuentros. Sin embargo, este se transforma y a veces tenemos mucho miedo a esos cambios. Hay que tener paciencia para redescubrirse y estar abierto a todas las posibilidades que pueden surgir, incluida la ruptura. Las cosas tienen un principio y un final, y a veces esto no es culpa de nadie, simplemente es algo natural.

¿Cómo se siente a punto de cumplir 54 años? —Cuando tenía 25 y pensaba en llegar a los 50, decía: ¡Joder, son muchos años! Ahora me siento saludable, que es lo más importante. Desde el punto de vista creativo, siento que estoy en un buen momento y tengo muchas ganas de trabajar.

¿En qué proyectos está ahora? —Con mi empresa, Green Moon, acabo de producir la película Autómata, en la que también actúo y que se presentará en el Festival de San Sebastián, con un director español joven: Gaby Ibáñez. Al final de 2014 protagonizaré Guernica, 33 días. Voy a interpretar a Pablo Picasso en la época en la que pintó su obra cumbre. Me siento preparado para hacer el papel del artista malagueño ya que, cuando creó Guernica, también era un cincuentón.

Su tercera película como director se llama Solo. ¿De qué se va a tratar?
—Es la historia de un teniente coronel del ejército español que vuelve tocado, desde el punto de vista mental, después de una experiencia en Afganistán. Se separa de su mujer y su hija, y ocurre un hecho insólito en su vida que podría enmarcarse dentro del cine de ciencia ficción. Es un juego psicológico y una reflexión sobre los efectos que la violencia extrema produce en los seres humanos.

¿Ahora prefiere dirigir? —Cada vez me apetece más porque puedo describir el mundo como lo veo. Como actor, simplemente actúas. Pero como director es distinto, ya que planteas un mundo a tu imagen. Alguna vez me dijo Pedro Almodóvar que cuando diriges te conviertes en una especie de dios, porque transformas el universo y puedes hacerlo como quieras.

Su hija Stella ha dicho que quiere ser directora, antes que actriz. ¿Qué piensa?
—Ella está en un momento en el que debe reflexionar, sin ninguna obsesión hacia un camino específico. Cumple 18 años en septiembre y, por fortuna, en las universidades de Estados Unidos pueden pasar un par de años sin elegir una carrera específica. Si decide pegar un salto a nuestro mundo, la apoyaré, pero creo que va a tratar de obviar de dónde viene y construirá todo desde cero.

¿Qué hacen cuando están juntos?
—Hace poco decidió cambiarme la imagen. Me llevó de compras en Los Ángeles y me puso muy trendy. Me criticó por usar siempre botas. Nos reímos mucho. Cuando puedo, me la llevo a Nueva York a mi apartamento y estamos nueve días solos, ella y yo. Está muy bien porque nos permite conocernos.

¿Es verdad que compró un ático en Málaga?
—Sí, y estoy feliz porque, a pesar de que tengo una casa en Marbella, yo soy malagueño. Mis amigos y mi familia están allí. Encontré un lugar muy hermoso. Frente a mi casa hay un castillo árabe y, justo debajo, tocando con la muralla, están las piedras del teatro romano. Vivir en ese ambiente me ofrece una data continua de lo que soy.

Es embajador de las procesiones de Semana Santa en su tierra. ¿Cómo es ese aspecto espiritual en su vida?
—Es un acercamiento a mis raíces, una sobredosis de lo que fui y no quiero dejar de ser. Se manifiesta en las calles de Málaga que, además de lo religioso, tienen un origen identitario muy fuerte. Tiene que ver con antropología, con arte popular, el mundo del flamenco y la saeta, una forma de relacionarnos con lo espiritual sin intermediarios. Es hecho por el pueblo y para el pueblo.

¿Hace parte de una cofradía?
—De la Cofradía de Ánimas de Ciegos, fundada en 1505. Se llama así porque la crearon un grupo de moriscos eruditos, matemáticos, poetas y astrólogos, encargados de enseñarles a las cortesanas. Pero para que no tuvieran ningún contacto visual y sexual con ellas, los cegaron.

¿A usted, qué lo enceguece?
—Pocas cosas ya. Trato de estar muy alerta con lo que me rodea para no perderme de nada. Soy muy andaluz, me gusta tener la certeza de la muerte y de la relatividad. Prefiero no cegarme por nada ni dejarme impresionar. Todo tiene un porqué y un camino. La ceguera no es una buena amiga.
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