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Anne y Danielle Bessudo Sanan con el sonido

Anne y Danielle Bessudo Sanan con el sonido

REVISTA JET-SET

La esposa de Jean Claude Bessudo descubrió en los cuencos tibetanos la terapia perfecta para curar el flagelo del siglo XXI: el estrés. Así que viajó a España con su hija Anne, tomaron varios cursos y acaban de abrir un taller de sanación con sonido en el norte de Bogotá.
2016Anne y Danielle siguen la técnica del ingeniero de sonido alemán Peter Hess, quien introdujo el masaje de sonido con cuencos tibetanos en Occidente. Hicieron varios cursos intensivos en España en los que también aprendieron a tocar el gong.
Por: Revista Jet-Set27/7/2016 00:00:00

A Danielle, la esposa del empresario Jean Claude Bessudo, le diagnosticaron un cáncer terminal y en medio de esa batalla por sobrevivir oía seis o siete horas de música clásica y sentía que eso la calmaba y le quitaba el estrés. Un día, luego de superar la enfermedad, hace tres años en París le hicieron un masaje con cuencos tibetanos y le encantó porque recordó el poder que tenía el sonido en su cuerpo. Empezó a investigar en internet e invitó a su hija Anne a tomar un taller en Málaga, España, con la terapista alemana Christine Heckel. Durante una semana, de ocho de la mañana a siete de la noche, se concentraron en hacer sonar los cuencos. “Cada una de estas vasijas de metal se sintoniza con una parte del cuerpo y las ondas vibratorias entran y masajean las células, lo que crea una sensación de bienestar

inmediata. La mente se detiene y las personas, incluso, pueden tener visiones”, cuenta Anne.

En el taller de Heckel también aprendieron a tocar el gong, un instrumento que en las antiguas civilizaciones usaban para curar a los enfermos y expulsar los malos espíritus. “Ella nos hizo un baño de sonido y quedé maravillada porque me mandó a viajar por el universo, veía pasar las galaxias, los planetas, los agujeros negros y las estrellas. Es una meditación que te saca de este mundo”.

Danielle y Anne compraron los gongs y los cuencos tibetanos afinados por el ingeniero de sonido Peter Hess y regresaron a Bogotá a perfeccionar la técnica. “Durante un año toqué los cuencos todos los días en mi casa, mis gatos se metían dentro de mi casa a recibir el masaje”, dice Anne. Ella hizo otros cursos y cuando se sintió preparada empezó a hacerles masajes y baños de sonido a sus amigas a domicilio. El trasteo era tan aparatoso que empezó a buscar un local con una buena energía para hacer sus talleres. Por esas bellas casualidades de la vida, en esos días pasó por su primer apartamento de soltera en la 78 con cuarta en Bogotá y vio que tenía un letrero que decía se arrienda. “Me bajé y hablé con los dueños, que después de 21 años se acordaban de mí y de mi perro Picasso. Luego de verlo, les dije: ‘Lo tomo’”. Adecuó el espacio para dar masajes con cuencos y baños de sonido a personas o grupos que le agenden una cita.

Antes de empezar Anne les pide a sus pacientes que fijen una intención que puede ser dejar el estrés, salir de una tusa o aliviar un dolor. Luego se acuestan en una colchoneta, cierran los ojos y ella empieza a tocar los cuencos y el gong, creando sonidos que producen un estado de relajación profundo y activan los chacras o puntos energéticos del cuerpo. Cada persona vive la experiencia de una manera distinta. “Por lo general la gente se queda dormida y se despierta feliz”. Los estresados pacientes dejan allí el cansancio, el insomnio e inclusive el mal humor. “A mí me curó el malgenio. Yo era como un fosforito, si algo no me gustaba me prendía. Ahora soy más tranquila. Esto es maravilloso porque te pone en armonía”, cuenta Anne, quien se siente bendecida con su nuevo estilo de vida. “Yo siempre me he dejado llevar. Ahora estoy en este tema de los sonidos que me tiene maravillada y que creo que no me va a soltar”, dice Anne, quien sigue con su negocio de jardines verticales, cubiertas ajardinadas y huertas orgánicas..

Su mamá, Danielle, a veces la acompaña y toca su gong al que bautizó Moisés, porque es un profeta al que admira. Ella mueve la baqueta con delicadeza, como si estuviera pintando un lienzo, y produce un sonido grave que imita el canto de las ballenas y los delfines. “Es algo que hago para mí, para mis amigas y familiares. Con esto he logrado que Jean Claude se burle de mí, él cree que es chamanismo o brujería. Hace como 15 días le hice un masaje y quedó profundo durante 12 horas, pero para que lo reconozca es difícil. Es lo más racional que puede haber”, cuenta Danielle, una fiel creyente de las terapias alternativas con las que logró superar el cáncer. “Estoy sana, en unos días tengo que ir nuevamente a chequeos”. Según ella, la cuencoterapia ayuda a curar muchas enfermedades porque quita el estrés. “En clínicas de Alemania la usan en los tratamientos de rehabilitación de drogadictos o en pacientes con derrames cerebrales. Los baños de sonidos son buenos para todo el mundo, los masajes tienen algunas contraindicaciones. No es recomendable para epilépticos, personas que sufran de depresión profunda y tomen ansiolíticos ni para mujeres embarazadas, antes de los tres meses”.

En agosto, Anne y Danielle tomarán un nuevo taller para enseñarles a las personas a dar masajes con cuencos o hacer baños de sonido. “Esto es como un instrumento, uno tiene que tocarlo todos los días para que se oiga mejor”, dicen casi que en coro.

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