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Aníbal Fernández de Soto, protegido por los arhuacos

Aníbal Fernández de Soto, protegido por los arhuacos

Revista Jet-Set

El viceministro del Interior participó en un ritual de protección en Nabusimaque, una de las cuatro ciudades sagradas de la etnia arhuaca. La ceremonia, según los indígenas, lo librará del peligro y los enemigos.
El viceministro del Interior, Aníbal Fernández de Soto, se reunió con 50 mamos arhuacos. Después del encuentro, uno de ellos lo invitó a un ritual de protección que se dividió en dos fases. “La primera, para descargar lo malo, y la segunda, para atraer los aspectos positivos en mi vida”. Foto: Cortesía Ministerio del Interior
Por: Edición 26310/7/2013 00:00:00
La posesión simbólica del presidente Juan Manuel Santos en la Sierra Nevada de Santa Marta, permitió que varios de sus funcionarios como el viceministro del Interior, Aníbal Fernández de Soto, también bebiera de las creencias ancestrales de los sacerdotes arhuacos.

Fernández de Soto participó hace poco en un ritual de protección que encabezaron unos 50 líderes de esta etnia. Durante un consejo comunitario en la ciudad sagrada de Nabusimaque, que significa “tierra donde nace el sol”, el joven político recibió la tradicional manilla de lana blanca que los indios consideran una especie de escudo contra los enemigos.

Esta ceremonia fue reforzada en la choza del mamo Enrique, uno de los más jóvenes del clan de guías espirituales. “A las cinco de la tarde en punto, este hombre, uno de los sacerdotes más respetados, me invitó a realizar una carta mental con el fin de que enumerara mis preocupaciones personales”, explicó el viceministro. Por lo menos durante una hora reflexionó acerca de los temores que lo asaltaban, incluyendo las dificultades propias de su gestión gubernamental. Después, el mamo Enrique lo invitó a manipular varias motas de algodón como parte de un ejercicio que, según sus antepasados, ayuda a exorcizar todos los males.

A las cinco de la mañana del día siguiente, Aníbal Fernández de Soto regresó al resguardo del líder indígena. El mamo se sentó sobre una enorme piedra que estaba junto a la casa y, con la mirada hacia las montañas, empezó a orar por las peticiones de Fernández de Soto. Después de una media hora regresó a donde el funcionario y le dijo: “Todo va a salir bien. Le mandamos buena energía. Puede regresar a su casa”. A final de este acto solemne le entregó una aseguranza, también de lana virgen, que el viceministro carga desde entonces en su billetera.
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