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Anamarta y Juan Antonio Pizarro: amor comunista

Anamarta y Juan Antonio Pizarro: amor comunista

Revista Jet-Set

La directora del Festival Iberoamericano de Teatro conoció a su esposo en medio de las luchas universitarias de los setenta en Colombia. Mientras los hermanos de él militaban en el M-19 y en el Partido Comunista, Anamarta era una niña bien que estudiaba en la Universidad Nacional y que terminó enamorada e irremediablemente unida al pasado y al futuro de su esposo. Esta es su historia.
Juan Antonio Pizarro y Anamarta se enamoraron hace casi 40 años mientras el país vivía uno de los períodos revolucionarios más importantes del siglo XX. Foto: ©Imagen Reina/14
Por: Edición 28814/8/2014 00:00:00
Anamarta cuenta que cuando conoció a Juan Antonio Pizarro le pareció un poco antipático. El querido de la familia era Carlos Pizarro, el hermano menor y compañero suyo en las Juventudes Comunistas. Por esos días la hoy directora del Festival Iberoamericano de Teatro estudiaba antropología en la Universidad Nacional y militaba en el comunismo. Después de un concierto de Quilapayún y una invitación a comer espantosa, empezaron a salir. Él ya estaba separado y tenía dos hijos pequeños. Ella pertenecía a una familia conservadora y tradicional, y vivía al norte de Bogotá, “lo que me hacía una revolucionaria muy particular a los ojos de mi nuevo novio”. La lucha universitaria y el activismo político los unió, y las dificultades de la familia de él los acercaron aún más. “Toda la vida he considerado a su familia como la mía, incluidos sus dos hijos mayores, y por supuesto sus nietos. Y él siente igual a la mía”.

Aunque Carlos Pizarro se hizo miembro y dirigente del M-19, y convenció a su hermana Nina de seguirlo, sus otros dos hermanos nunca tuvieron relación con el grupo. Pero en esos años turbulentos de finales de los 70, era difícil que autoridades y sociedad entendieran eso. La primera en ser detenida por el gobierno de Turbay fue la hermana del clan, y eso alertó al resto de la familia. Tuvieron que pasar unos días en la clandestinidad. En medio de tensiones y días amenazantes, la joven pareja se descubrió enamorada, y tomaron la decisión de casarse: “Para mi familia era importante que lo nuestro se formalizara y por eso decidimos dar el paso y tomarnos la foto que iba a tranquilizar a mis papás”.

Tuvieron que viajar a Panamá para casarse por lo civil, porque ya él estaba casado por la iglesia. El secretario del juzgado, quien era un conocido lejano de Juan Antonio, les hizo más fácil la vuelta, y como en una comedia, les tocó salir a la calle a conseguir un testigo para el matrimonio. Se tomaron la foto, pero nunca recogieron el papel. Lo curioso es que a pesar de no tener una constancia legal de la unión, Anamarta insistió en usar el “De Pizarro”. “Lo asumí como una declaración de principios, y una muestra de admiración y de solidaridad, un homenaje a esta familia que me acogió en años tan duros”.

Para ellos nunca fue fácil. Llegó la toma del Palacio de Justicia, la muerte violenta de muchos amigos, la persecución y el rechazo de conocidos. Hubo días de mucha tristeza. “Cuando sus hermanos estaban en la cárcel, Juan Antonio iba a visitarlos y llegaba muy mal, sin ganas de levantarse al día siguiente. Me tocaba a mí pararlo de la cama y recuerdo que le decía: ‘Tú no te puedes deprimir, somos cuatro personas intentando vivir juntas, te toca seguir’”. Y seguía.

Curiosamente, cuentan que no tenían miedo, y se lo achacan un poco a la irresponsabilidad de esos años. Las relaciones con el Partido Comunista se deterioraron, y al final, decidieron cortar lazos, lo cual no fue sencillo, pues no era solo desligarse de una agrupación política sino de toda una forma de vida. De alguna manera el clima de zozobra que los rodeaba terminó temporalmente con el anuncio de las negociaciones de paz entre el M-19 y el Gobierno: “Para nosotros fue una emoción muy grande, mi suegra Margot decidió regresar al país y eso nos alegró a todos; además era reencontrarnos con Carlos legalmente, verlo bien, con un sueño político inmenso”.

Sin embargo, los días felices terminaron de manera abrupta cuando mataron a Carlos, y a los pocos años, cayó Hernando. Anamarta estuvo a punto de desfallecer cuando le hicieron un atentado a Eduardo, porque el ataque vino justamente de la izquierda: “En esos días pensé que si a mi cuñado le pasaba algo nos íbamos. Era un país inviable”. Después de todo este tiempo, de luchas, protestas y acciones, la gestora cultural dice que no extraña esos años pero tampoco se arrepiente de nada: “Esos días me dieron la fortaleza para cosas que vendrían después, están en mi ADN, son parte de mi vida, y se las debo a todo eso”. Hace 20 años conoció a Fanny Mickey, quien la invitó a trabajar con ella. Con lágrimas en los ojos la recuerda y cuenta que hace unos días en el aeropuerto de Barajas en Madrid, sintió el vacío de Fanny y la volvió a llorar.

Y de su romance con “Pizarrito”, como le dice, lo resume así: “Es una historia de amor, de casi 40 años, con momentos de crisis, muchísimo amor y con dos hijos, Mateo es artista y dibujante, y Manuela es diseñadora de vestuario”. Para ella la clave de un matrimonio feliz está en esas cosas que parecen lugares comunes: respeto, admiración sin límites y una vida sexual activa. “Ahí está todo”.
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