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Ana Milena Muñoz de Gaviria prende cualquier rumba

Ana Milena Muñoz de Gaviria prende cualquier rumba

REVISTA JET-SET

A fuerza de escuchar música toda la vida, la ex primera dama se convirtió en DJ empírica que anima sus fiestas y las de sus amigos. En uno de los eventos de Arco, en España, levantó a todos de la silla cuando con su iPod mezcló flamenco, rock y baladas. En Colombia sus rumbas están salpicadas de géneros tan disímiles como ópera y vallenato.
La mamá influyó en su gusto por la música. En Pereira, Ana Milena Muñoz de Gaviria escuchaba las canciones de Barbara, Dalida, Julio Jaramillo, José Feliciano y Julio Iglesias, entre muchos más.
Por: 23/4/2015 00:00:00
El libro Nunca fui primera dama, de la cubana Wendy Guerra, sobresale en la montaña de objetos artísticos que decoran la mesa de la sala de Ana Milena Muñoz de Gaviria. El sentido de la publicación en este lugar es más serio de lo que muchos creen. La esposa del expresidente César Gaviria jamás ha hecho alarde de su paso por la Casa de Nariño, ni ese momento, ni ahora que ha concretado viejos sueños como el título de arquitecta que obtuvo hace poco y le ha dado rienda suelta a la DJ que lleva por dentro.

No sabe manejar las tornamesas musicales, y tampoco va a aprender. Ella se vale de su iPod, un equipo en el que guarda las listas de canciones que ayudan no solo a animar sus propias fiestas, sino de las de sus amigos y hasta desconocidos. En España, durante el desarrollo de la Feria de Arte Contemporáneo, exorcizó el aburrimiento de un coctel que tenía todas las garantías para convertirse en el más comentado del evento cultural. Había trago, gente bohemia por montones, pero el disc jockey no transmitía entusiasmo. En ese momento Ana Milena se ofreció para programar la música con tal éxito, que hasta el mismo DJ la invitó a quedarse para que fuera su compañera de fórmula.

La tanda de canciones comenzó con la versión de El toro y la luna, de Los Fabulosos Cadillacs, y uno que otro flamenco electrónico que ella descubrió en la discoteca Reina, de Estambul, una especie de crisol donde se cruzan los géneros musicales de Oriente con los de Occidente. No podía ser de otra manera en una ciudad que se considera la zona limítrofe de los dos mundos.

Este tipo de canciones le suben los decibeles de alegría a las rumbas peninsulares de Ana Milena, y a las de Colombia, donde ella maneja el entusiasmo a su antojo con artistas tan disímiles como Mr Black, autor de El serrucho; Frank Sinatra y Vicente Fernández. En Bogotá empieza a subir la temperatura de la rumba con Amor del bueno, de Nicolás Tovar, y luego No me importa nada, de Luz Casal, un poco tenue para los que buscan baile y frenesí. Para ellos también hay complacencias discotequeras con melodías que nacieron en el cine, como las bandas sonoras de Fiebre de sábado por la noche y Flash dance.

Cuando el entusiasmo se encuentra en el pico más alto, la ex primera dama sorprende con los temas Zorba, el griego, y Carmen, de Bizet. “Cuando la gente está prendida baila lo que sea. Claro que también depende de la edad. Algunas veces los mayores son más arriesgados”, explicó la esposa del expresidente César Gaviria. A propósito, ni él ni sus hijos, Simón y María Paz, se quedan sentados cuando Ana Milena se entrega a su pasión de DJ.

El regreso a las aulas universitarias hasta hace un año le permitió descubrir los artistas de moda y las corrientes de influencia electrónica que escuchaban sus amigos, muchos de ellos, veinteañeros. Su compañero de clases Sergio Jiménez le amplió el espectro musical con éxitos que hacen devaneos entre el pop y el indie rock, incluyendo The Black Eyed Peas, Mumford & Sons, Daft Punk, Avicii, Pitbull y los reguetoneros del momento. En sus fiestas se escucha La gasolina, de Daddy Yankee y Bailando, de Enrique Iglesias.

Estas nuevas incursiones musicales nutrieron la playlist que también formó parte de la banda sonora que la acompañó en su paso por el palacio presidencial. “Oíamos mucha música. Nos gustaba todo: los Beatles, The Rolling Stones, The Who, Queen y Pink Floyd. El rock era parte de la vida familiar, pero igualmente les dábamos rienda suelta a los boleros, el despecho, los vallenatos y las rancheras”, recordó Ana Milena, quien prefiere las rumbas crossover que las de un solo género. De hecho, Alci Acosta, Darío Gómez, El Caballero Gaucho, Patricia González, Adolfo Pacheco, Otto Serge, Rafael Ricardo, Los Hermanos Zuleta y Carlos Vives engalanaron varios encuentros bilaterales con mandatarios de otros países. Algunos de estos artistas animaron la Cumbre Iberoamericana y la despedida de la Presidencia, en agosto de 1994.

El apartamento de Ana Milena Muñoz de Gaviria tiene un sitial importante para la colección de discos compactos que ha ido comprando en sus viajes por el mundo: desde Irlanda hasta India, y desde Argelia a las Antillas Francesas. En los restaurantes, bares y discotecas de estos lugares mantuvo en alerta su Shazam, una aplicación que se utiliza para identificar las canciones en tiempo real. En Nueva Delhi descubrió un cantante que le llegó al alma, buscó el CD en un almacén, pero encontró otros 30 que hoy son importantes en su vida de melómana consumada.

La pasión de ella por la música se remonta a su casa en Pereira, donde un grueso de los melómanos de la ciudad entera vivía obnubilado por el movimiento de la balada europea. En la radiola de su casa siempre sonaban las canciones de Mina Mazzini, Barbara, Dalida o de Ornella Vanoni. En el repertorio masculino existía la hegemonía de los long play de José Feliciano, Joaquín Sabina y Julio Iglesias.

En ese entonces, ni el apacible terruño risaraldense pudo escapar de las modas de la psicodelia y el rock que se cocían en el Reino Unido y Estados Unidos. La ex primera dama también quería ser diferente y rebelde como el resto de los jóvenes del mundo, y para empezar compró los álbumes Let It Be, de los Beatles; Beggars Banquet, de The Rolling Stones, y Goodbye Yellow Brick Road, de Elton John, entre otros nombres.

Hoy, 50 años después, estas melodías siguen siendo parte de la playlist de la esposa de Gaviria. Sus cómplices de rumba, casi todos de la misma generación, todavía mueven el esqueleto como en los días en que se encontraron por primera vez con la música.
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