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Ana Milena Muñoz más bella que nunca

Ana Milena Muñoz más bella que nunca

Revista Jet-Set

Una de las primeras damas más recordadas del país se ve tan risueña y delgada como cuando llegó a la Casa de Nariño. Ana Milena Muñoz de Gaviria no tiene trucos para seguir tan jovial. Solo vive a plenitud sus estudios de arquitectura y lleva una dieta que empezó desde hace dos años.
Ahora. La ex primera dama Ana Milena Muñoz de Gaviria, bajó 20 kilos gracias a un régimen nutricional que incluye proteínas, frutas y verduras. Foto: ©Gerardo Gómez/13.
Por: Edición 27416/12/2013 00:00:00
La esposa del expresidente César Gaviria, Ana Milena Muñoz de Gaviria, está a punto de graduarse como arquitecta en la Universidad de los Andes. Las personas que la conocen desde hace tiempo coinciden en afirmar que la ex primera dama de la nación, quien perdió 20 kilos, se ve tan jovial como sus compañeros de clases. Aunque algunos creen que un cambio así obedece al bisturí, la verdad es que, según ella, recobró su figura gracias a una dieta.

En estos dos años bajó 20 kilos. ¿Cómo lo hizo? –Hice una dieta en la que eliminé harinas y lácteos, en un principio. Luego seguí comiendo frutas y una sola harina al día para tener energía.

¿Se alcanzó a sentir mal por el sobrepeso? –Tuve un desarreglo hormonal que me llevó a engordarme. Creo que influyeron algunas dietas mal hechas. Me miraba en un espejo y no me reconocía.

¿Pasó por el quirófano? –Para nada. Mucha gente me dio información nutricional y me apoyé mucho en Internet. Bajé de peso porque también practico tenis todos los días.

No pasa hambre. –Jamás. Después de esta entrevista voy para un almuerzo.

Regresó al peso que tenía cuando fue primera dama y también a la universidad para estudiar arquitectura. –Alguien me preguntó: “¿qué le hubiera gustado ser?”. Y dije: “arquitecta”. Entonces, vine a la Universidad de los Andes y hablé con el rector, que era Carlos Angulo. De inmediato empezó a realizar los trámites para mi ingreso. Me validaron algunas materias de economía, mi primera carrera.

¿Sintió un choque generacional con sus compañeros de clases? –Es difícil comunicarse con las nuevas generaciones. Todo el mundo en arquitectura es muy joven. Los profesores son de la edad de Simón, mi hijo. Mis compañeros de clases no pasan de los 23 años.

Pero los privilegios de haber sido primera dama abren puertas. –En el primer semestre nadie sabía quién era yo, exceptuando algunos directivos. En el segundo semestre se enteraron porque en Semana sacaron un confidencial. Cuando supieron que era la esposa de César Gaviria, por fortuna había creado relaciones con ellos de otra manera y no por los privilegios de mi esposo.

Hablando de los beneficios políticos, ¿estos le abrirán el campo laboral? –Lo único que quiero es aprender. No estudio por una nota. Ni siquiera me tomo el trabajo de averiguar cuál es el promedio que llevo. Creo que debe ser bueno. Mis amigos son quienes me cuentan.

¿Cuánto es el promedio? –En serio, no sé mis notas. El promedio debe estar por encima de 4,0.

Por su edad y tradición política debe tener mucho liderazgo en el curso. –Como digo todo lo que pienso, en ocasiones mis compañeros me dan la vocería para exponer algunas inconformidades que hay en el curso.

Arquitectura es una carrera de mucha dedicación. ¿Cómo ha hecho con su vida social? –Al principio traté de mantener el trajín académico y la vida social hasta el punto que mis amigos de clases me preguntaban: “¿qué evento tiene hoy?”. Pero ya no. Hay semestres en que debo hacer hasta seis maquetas.

¿Como arquitecta, qué cambios le hubiera hecho a la Casa de Nariño? –Está bien. Solo hubiera remodelado los cuartos, más que las áreas sociales.

¿Piensa ejercer la arquitectura? –No voy a dedicar cuatro años de mi vida para decir simplemente que saqué un título. La idea es ejercer y hacer sociedad con algunos de mis compañeros de clases. En estos momentos estoy dedicada a estudiar, tanto que cerré mi oficina de consultorías.

Su vida y la del expresidente Gaviria son muy musicales. ¿Ya está a tono con los géneros que escuchan sus compañeros de clases? –Claro. Cuando hacemos trabajos pongo mucha música electrónica y reggaeton. En otros momentos escuchamos clásica. De todo.

Un tema recurrente en su nueva carrera es el deterioro del patrimonio arquitectónico nacional. –Se siguen tumbando joyas arquitectónicas. No hay una valoración total por el pasado. Aunque hay una reglamentación urbanística, falta más decisión para hacer cumplir estas normas. Cerca de mi casa hicieron un edificio de 12 pisos, cuando debió ser de 7.

¿Qué piensa de los precios de las viviendas? Bogotá está en una burbuja, según los entendidos. –Es muy cara, si se compara con otros lugares del mundo. Estamos llegando a diez mil dólares por metro cuadrado y eso obedece a una demanda que generó la inversión extranjera.

¿En qué espacio arquitectónico le gustaría vivir? –Con verde alrededor. Pero eso no quiere decir que sea el campo. Me gusta la ciudad.

¿Arquitectónicamente, cuál es su ciudad ideal?
–No creo que haya una ciudad ideal. Hay ciudades bonitas, pero no me llegan al alma por la idiosincrasia de la gente. En Colombia me gusta Medellín.

¿Y la Bogotá de Peñalosa? –Me gustaba por la recuperación del espacio público y planeación de vías. Centralizó todo el sistema de bibliotecas y convirtió a muchos lugares en centros de congregación cultural.

Para terminar, el empresario Jean Claude Bessudo dice que usted es una de las mujeres con más clase en el país. –Cuando estaba en Palacio yo le preguntaba a los invitados qué querían. El expresidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez me dijo que le gustaban los vallenatos y se los llevé. Mucha gente me criticó y hasta me dijeron que era una montañera de Pereira. El protocolo es hacer sentir bien a la gente, y si eso es clase, está bien.
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