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Ana María González la trágica historia de  una niña bien de Popayán

Ana María González la trágica historia de una niña bien de Popayán

Revista Jet-set

La oncóloga enfrenta el momento más duro y extraño de su vida: una condena de diez años de cárcel por supuestamente intentar envenenar a su examante. La científica, miembro de una prestigiosa familia, se ganó el respeto por sus investigaciones contra los tumores malignos de seno.
La familia de Ana María González apeló el fallo del tribunal norteamericano. Varios amigos de Colombia recogerán fondos para contratar un nuevo grupo de abogados defensores. Foto: AP.
Por: Edición 29210/10/2014 00:00:00
Las religiosas del colegio de Las Josefinas, donde estudian las niñas bien de la sociedad de Popayán, se unieron en cadena de oración para pedir indulgencias a favor de una de sus egresadas más disciplinadas y estudiosas de los últimos años: la oncóloga Ana María González Angulo.

Mientras esto ocurría, un grupo de profesores de la Universidad del Cauca organizaba un plantón en el que exigían la absolución de la médica implicada en el intento de homicidio contra el oncólogo norteamericano George Blumenschein. González se graduó en este centro educativo en 1995 con todos los honores académicos, entre los que destaca la medalla Camilo Torres, debido a su alto promedio, por encima de 4.5, que obtuvo durante los cinco años de su carrera de medicina.

Sin embargo, las súplicas de los representantes de los dos planteles académicos no conmovieron a los jurados de la lejana Houston, donde la especialista colombiana fue sentenciada a diez años de prisión tras considerarla culpable del intento de envenenar a su colega y amante desde el 2011. El fallo legal destrozó a sus pacientes y amigos, pero en especial a su respetada familia, una de las más influyentes en los escenarios políticos de la región caucana.

Ana María es hija de Eugenia Angulo, quien por el impacto de la noticia no ha podido recuperarse de un trasplante de córnea, y el agrónomo Alfredo González Mosquera, descendiente de Tomás Cipriano de Mosquera, uno de los presidentes reformistas durante varios períodos poscoloniales.

La laureada científica, de 43 años, es sobrina del dirigente liberal Guillermo Alberto González, exministro de defensa de Samper y exgobernador del Cauca, quien coordinó la apelación del fallo de la Corte texana. “Debido a la condena, la humanidad podría perder la oportunidad de conocer algunos avances en la medicina moderna. No es justo que la cárcel trunque estas ilusiones”, le dijo a Jet-set. Antes del sonado caso judicial, la profesional payanesa había recibido una oferta laboral para ingresar a la unidad de investigación médica de la Universidad de Harvard, en Boston.

La acusación contra Ana María González generó el repudio de todos los estamentos sociales de la capital caucana, donde incluso el Concejo de la ciudad guardaba la esperanza de que fuera postulada al Premio Nobel de Medicina por sus trabajos encaminados a descubrir la cura contra el cáncer de mama. Estos estudios que lideró como directora de los laboratorios del MD Anderson Cáncer Center de Texas, su último trabajo antes del escándalo judicial, la habrían llevado a entender y atacar la enfermedad en los casos de resistencia a los medicamentos convencionales. “Ana María representa un peligro para los intereses comerciales de los laboratorios que manejan procedimientos tradicionales contra las células cancerígenas”, dijo su amigo desde la infancia, el oftalmólogo caucano Luis Felipe Vejarano.

La especialista también ha sido conferencista en un centenar de foros médicos y coautora de unas 120 publicaciones científicas, en las que ha planteado la posibilidad de combatir el cáncer de seno con tratamientos diferentes a las quimioterapias.

González Angulo empezó a consolidar esta hoja de vida decorosa en Estados Unidos por los días en que contrajo matrimonio con Manuel Caicedo, su pareja durante una década, y con quien vivió en la ciudad de Miami. Allí estudió Medicina Interna en el prestigioso Centro Médico Monte Sinaí, y luego fue becaria del posgrado de Medicina Oncológica en la Fundación Clínica Ochsner, en Nueva Orleans. Hasta que se instaló en Houston, donde se especializó en el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, considerado “el Vaticano” de la medicina.

No obstante, tanta racionalidad científica no bloqueó su necesidad de amar y se enredó sentimentalmente con su colega George Blumenschein,

el demandante que la involucró en un peligroso triángulo amoroso. El galeno tenía una relación con Evette Toney, otra médica estadounidense. Según denuncias de él, su amante colombiana le suministró en dos tazas de café una sustancia llamada glicol de etileno o etilenglicol, de apariencia transparente, incolora y con sabor dulce como el almíbar, pero con graves consecuencias para la salud. Blumenschein declaró que sobrevivió a los ataques de su ex, pero con el costo de cargar una incurable deficiencia renal. Desde enero pasado, cuando la bebió, empezó a someterse a continuas diálisis.

En contraste con las afirmaciones de su gran amor, que luego se convirtió en verdugo, Ana María se declaró no culpable, una figura jurídica en Estados Unidos que utilizan los abogados defensores cuando el cuerpo de fiscales no tiene pruebas suficientes. A la hora de apelar la condena, el exministro Guillermo Alberto González cambió la defensa y denunció que el juicio tuvo tintes xenofóbicos: “su condición de latinoamericana exitosa –con cargos y triunfos por encima de muchos otros profesionales norteamericanos– y de investigadora independiente que no respondía a las necesidades del mercado de algunos laboratorios privados eran algunas de las características que no la ponían en la mejor situación”. Quince días antes del fallo, Ana María González Angulo recibió la visita de su primo materno, el radiólogo Aurelio Angulo. Pese a la tensión del juicio, la vio tranquila y esperanzada en un decisión absolutoria, y hasta habló con emoción de la presión que hizo el grupo de Facebook “Solidaridad con la doctora Ana María González” para verla libre. Muchos cibernautas que habían sido sus pacientes creían en la inocencia de ella.

Los resultados de la apelación se conocerán en los próximos días. La novela de la científica colombiana continuará en los estrados judiciales de Houston.
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