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Amalín de Hazbún:  “Vencí el cáncer con optimismo”

Amalín de Hazbún: “Vencí el cáncer con optimismo”

Revista Jet-Set

Por primera vez, Amalín de Hazbún habló de uno de los episodios más dolorosos de su vida: un cáncer de seno que la confrontó con una experiencia aun más fuerte, la muerte de su tercera hija como consecuencia de una leucemia.
Amalín de Hazbún, más conocida como la Aguja de Oro, venció un cáncer de mama entre radioterapias, oraciones, jornadas laborales extenuantes y una actitud positiva que asombró a su propio médico. Foto: Emilio Yidi/12.
Por: 30/5/2012 00:00:00
La diseñadora Amalín de Hazbún superó un cáncer de mama, cuyas estadísticas representan un problema de salud pública que afecta anualmente a unas 6.500 mujeres en el país. La noticia de la enfermedad, hace tres años, enfrentó a la Aguja de Oro a la muerte, pero casi de inmediato la impulsó a buscar una fórmula de supervivencia en la que necesitó mucha fe, valentía y optimismo. Este es su testimonio.

¿Qué tan fuerte fue el impacto cuándo el médico le dijo que tenía cáncer?

-Sentí un hormigueo en todo el cuerpo, pero al segundo reaccioné porque sentí que debía darle ánimo a mis hijos que fueron a acompañarme. Les decía: “No va a pasar nada”. Además, el doctor me aseguró que no me iba a morir de esa enfermedad si yo no quería.

La confrontó con la posibilidad de morir…

-
Claro, porque mi tercera hija, Mayra Luz, murió de leucemia. Se la descubrieron cuando iba a cumplir los 15 años. Fue duro, porque yo tenía todo listo para la fiesta, incluyendo las invitaciones y su traje. El día que murió le pusieron el vestido de quinceañera. Ese episodio me marcó para toda la vida.

Pocas veces habla de ella…

-Por el contrario. Siempre pienso que va a volver. La siento cerca de mí. Todavía hablamos de ella. En mi cabeza no me cabía la idea de por qué había muerto tan joven. Los años pasaron y me enfrenté a mi propio cáncer.

Y usted, ¿cómo se dio cuenta de que tenía cáncer?

-Hace tres años me sentí una protuberancia en el seno izquierdo y fui al oncólogo, quien, por protocolo, me mandó a hacer una biopsia. Me favoreció que el tumor estuviera encapsulado, pero igual me lo operaron.

Cuando le dieron la noticia, ¿qué le faltaba hacer en la vida?


-La actitud positiva me ayudó a vencerlo. El médico elogió mi optimismo. Pero, obviamente, el cáncer te confronta con la muerte. Pensé: “No soy inmortal, tengo que morir de algo”. Cuando vi a mis hijos transfigurados, de todos los colores, les dije: “Ya viví la vida, y si es necesario me voy con el deber cumplido y con muchos años de cosas buenas”. Yo solo tenía agradecimientos para Dios.

Dicen que jamás se puso a llorar…

-Recién operada del tumor me mandaron a mi casa con catéter puesto. No era cómodo. Sin embargo, un día me llamaron mis amigas y me fui con ellas a cantar.

Mantuvo el estilo y la elegancia ante todo…

-Un día llegó mi hijo a la clínica y dijo: “Los que están aquí tienen más cara de enfermos que mi mamá”. Yo siempre estaba maquillada y arreglada.

Se preguntó: “¿qué he hecho yo para merecer esto?”


 -Tengo mucha fe en Dios y en María Auxiliadora. La vida me ha dado muchas cosas buenas. Cuando me pasó lo del cáncer, entendí que los momentos difíciles son necesarios.

¿Qué aprendizaje capitalizó para el resto de la vida?

-Debemos ser positivos, porque los problemas hacen daño. Si no hay solución, para qué preocuparse. Si las cosas tienen solución, entonces, con más razón no hay que angustiarse.

¿Qué tan invasivo fue el procedimiento quirúrgico? -Me hicieron un cuadrante, es decir, que a través de una fisura no muy grande me extrajeron el tumor.

¿Cómo fue el tratamiento? -Me realizaron 30 radioterapias, una diaria. Cuando me las hacían me ponía a diseñar. Recuerdo que una vez empecé a dibujar un vestido para una clienta. Pensé en los colores y telas que le convenían. Cuando terminó la terapia ya había realizado el diseño.

O sea, que no cumplió la incapacidad que le dio el médico… -Las clientas iban a la habitación de la clínica a probarse los vestidos. Cortaba los moldes de los diseños en la mesa donde servían la comida.

Dicen que para gozarse la vida hay que trabajar menos…


-Cada día soy más creativa. Amo este trabajo. Estar ocupada es la mejor terapia del mundo.

Ahora, ¿cómo es su vida? -La tomo con más alegría. La disfruto a plenitud, porque entendí que uno está aquí de paso. Me encanta demostrar el afecto. Doy muchos besos y después del cáncer me volví más ‘besucona’.
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