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Arrepentimientos periodísticos

Arrepentimientos periodísticos

REVISTA JET-SET

Varios de los periodistas más reconocidos del país se pusieron la mano en el pecho para confesar de qué se han arrepentido en el transcurso de sus carreras. El resultado fue esta serie de anécdotas que combinan lo más profundo de la escencia de la reportería con hechos que son parte de la historia de nuestro país. Aquí está la prueba de que todos nos equivocamos.
Alejandro Santos (Director de revista Semana).
Por: 10/3/2016 00:00:00

Alejandro Santos. Director de revista Semana

“Creo que parte fundamental del periodismo es ejercer su papel de contrapoder. Es decir, que la prensa asuma un rol fiscalizador frente a los abusos en lo público y en lo privado. Ese ejercicio difícil y valiente de destapar escándalos y hacer denuncias no solo es peligroso, además tiene riegos a la hora de hacer la investigación. Aunque todos sabemos que pasan cosas y que hay personajes implicados en episodios oscuros, lo difícil es probarlo. La rigurosidad en el trabajo de reportería, el acervo probatorio, el equilibrio y el tono con el cual se escriba se vuelven determinantes para hacer una buena labor. Sin embargo, todos nos equivocamos. Recuerdo que hace unos diez años llegó a la revista una información de buena fuente que demostraba la presencia de uranio de alta peligrosidad en Bogotá. Era una noticia bastante inusual y sorprendente, por eso hice énfasis en que chequeáramos que en efecto se trataba de algo de gravedad. Las fuentes en teoría eran confiables y publicamos una portada sobre el tema. Se armó un escándalo y claramente se desinfló la noticia a pesar de que habíamos tomado precauciones. Yo diría que es una de esas portadas que a veces uno no quisiera recordar”.

María Jimena Duzán. Periodista y columnista de Publicaciones Semana

“Siempre he sido muy rigurosa en mis invesigaciones y en ese sentido he tenido poco de qué arrepentirme. Sin embargo, hay otras razones por las cuales uno puede sentir que cometió errores. Hubo algo que ocurrió hace poco, una historia trágica que empezó con una entrevista en la revista Semana a Angélica Bello, la primera víctima que le ponía la cara al tema de acoso sexual a las mujeres en el conflicto colombiano. Ella contó con lujo de detalles, y una valentía que no le había visto a nadie, su abuso. Pero a raíz de esa publicación se recrudecieron las amenazas que había estado recibiendo contra su vida. Siempre me arrepentiré de haber publicado ese artículo porque me di cuenta tarde de que Angélica no estaba preparada para tal nivel de exposición mediática y tristemente, cuatro meses después, se suicidó. Desde entonces siempre me acompaña la duda de cómo abordar los temas del conflicto, sobre todo cuando tienen que ver con el abuso de mujeres. Y todavía me pregunto cuánto tuvo que ver esa entrevista con su decisión de quitarse la vida”.

Daniel Samper Ospina. Periodista y columnista

“De arrepentirme, me arrepiento de muchas cosas, cómo no, pero quizás de ninguna tanto como de un chiste que escribí contra el exsenador Fabio Valencia Cossio. Cursaba el mes de junio de 2008 y yo debía escribir mi columna de la revista Semana, responsabilidad en la que me acababa de embarcar. La columna en cuestión fue mi segunda entrega: la segunda de las casi 400 que he escrito hasta la fecha. Por aquellos días estrenábamos con mi mujer a nuestra segunda hija, y habíamos tenido que asistir a los famosos cursos profilácticos con que una enfermera enseña a papitos y mamitas –siempre hablan de esa manera– a ser lo que, en últimas, uno aprende con la realidad. Bien. La columna se llamaba ‘Por qué votaré por Holguín Sardi’ y en ella elogiaba al exministro azul, célebre por pegarse en público unas siestas siderales, de boca abierta y baba escurrida: un político dormido, era la tesis de la columna, es menos peligroso que uno despierto. Para hilar un tema no político con uno de actualidad –estrategia narrativa a la que acudo con frecuencia–, relacioné a los políticos uribistas con las clases que recibía en el curso profiláctico y comparé, en determinado momento, a Fabio Valencia Cossio con un tapón mucoso que antecede al parto. Fue la primera vez que me quemé con el voltaje de mi propio chiste, máximo castigo que le puede suceder a un humorista. No ofendí a Valencia Cossio, ofendí a los lectores. Desde entonces aprendí que la clave del humor no reside en el qué sino en el cómo; que el chiste escatológico es tema de cuidado. Y que de Valencia Cossio es posible burlarse de múltiples maneras sin que uno termine arrepentido”.

Darío Arizmendi. Director de 6:00 a.m. Hoy por Hoy de Caracol Radio

“Claro que he equivocado muchas veces. Me equivoco todos los días afortunadamente en materia leve. Pero sí hubo una metida de pata que todavía me quita el sueño, lamento en lo más profundo de mi alma y he pedido perdón. Sucedió hace unos dos o tres años, cuando alguien de mi mayor confiabilidad, un periodista con una larga trayectoria y una gran cercanía, cuando estaba en plena emisión, me llevó un informe de una investigación que vi por encima. Ese fue mi pecado. Ahí se involucraba por hechos de corrupción en el Carrusel de la contratación a dos personas de la más alta respetabilidad, amigos míos, personas que yo conocía ampliamente. Quien me llevó el informe me garantizó que eso estaba completamente investigado, comprobado y verificado. Los perjudiqué porque era falso: no estaba ni comprobado, ni verificado. Mi pecado fue haber creído. Desde eso me volví más escéptico que nunca y ya no creo en nada hasta que, como santo Tomás, meta el dedo en la llaga. Mi amistad con estas personas se afectó, pero eso es lo de menos. Lo demás fue daño que les hice a su honra y vida familiar. Me arrepiento mucho de eso”.

Juanita León. Directora de La Silla Vacía

“Yo me arrepiento de haber publicado, seis meses antes de que en realidad ocurriera, que el ejército había dado de baja a Alfonso Cano. Tenía tres fuentes diferentes y yo creía que eran suficientemente buenas para saber lo que decían pero al final, después del oso que hice, me enteré de que tenían la misma fuente de información equivocada. En retrospectiva me di cuenta que ignoré también pistas que, de no haber tenido tal emoción con la chiva, habrían sido suficientes para cuestionar la información que publiqué. La historia afortunadamente no afectó a nadie diferente a La Silla Vacía, que vio su reputación afectada en el momento en que apenas empezaba a existir como un medio nacional […]”.

Juan Roberto Vargas. Director de Noticias Caracol

“En el año 2003 ocurre el atentado al Club El Nogal en Bogotá. En ese momento dirigía las ediciones de fin de semana de Noticias Caracol y un día después de la explosión tuvimos que cubrir la penosa búsqueda de quienes estaban dentro del club en el momento del estallido.

Al mediodía, en plena emisión al aire, una reportera informaba desde el lugar donde los familiares esperaban noticias de sus seres queridos. Justo en el momento en el que entrevistaba al papá del chef del club, de quien, hasta ese momento, nada se sabía, recibió –en vivo– la noticia de que habían encontrado su cadáver.

Por orden mía desde el máster la cámara lo siguió, captó todos sus movimientos y gestos. Fueron cinco o seis eternos minutos en los que un padre desconsolado y destruido lloraba en el piso por la noticia de la muerte de su hijo.

El rating subió y, luego, mi vergüenza también. Una y otra vez me preguntaba si había hecho lo correcto al insistir en que mantuviéramos en directo la imagen y el sonido de un padre destrozado recibiendo semejante noticia. Para mí, en ese instante, en caliente, fue una buena decisión porque reflejaba el dolor que vivían las familias de las víctimas de un hecho tan terrible.

Pero de nada sirvieron esas reflexiones y esos consuelos que yo mismo me daba. Nunca olvidaré la frase de mi esposa cuando esa noche llegué a mi casa: ‘Ojalá cuando le den la noticia de la muerte de un ser querido nunca lo enfoque una cámara de televisión y transmita su dolor en vivo’.

Esas palabras y ese episodio me hicieron llorar y siempre recordar que por encima de cualquier cosa está el respeto por el dolor ajeno”.

Vladdo. Caricaturista, periodista y twittero

“Soltar una primicia por Twitter no es un asunto muy convencional, y menos aún cuando una ‘bomba’ noticiosa puede tener unas implicaciones tan serias como ocurrió en el caso de la firma de corredores Interbolsa el 1 de noviembre de 2012.

Consciente de las consecuencias que podrían tener las pocas frases contenidas en esos tres trinos, confirmé rigurosamente cada uno de los datos que me disponía a divulgar y, a las 10 de la mañana, no exento de nervios, redacté y envié el primero. Desde luego, en unos pocos instantes mi cuenta de Twitter se convirtió en un hervidero de reacciones de mis seguidores. Minutos después publiqué dos trinos más con la información que tenía en mi poder sobre la debacle de Interbolsa, tema que en cuestión de minutos invadió las redes sociales y por poco hace reventar mi celular.

Una de mis fuentes me había informado que la empresa comisionista iba a emitir un comunicado a las 11 de la mañana reconociendo la crisis en que se encontraba, lo cual me llevó a eliminar mis trinos, para que a partir de ese momento la información fluyera por los canales convencionales.

Lo malo fue que dicho comunicado no se produjo y algunos que me señalaban como irresponsable se llenaron de argumentos para atacarme. En medio del agite apareció en la web de Portafolio una declaración de Rodrigo Jaramillo, presidente de Interbolsa, en la que supuestamente afirmaba que me iba a demandar. Pocos minutos después de esa amenaza, y cuando las críticas arreciaban, Interbolsa expidió el dichoso comunicado. Lo que ocurrió a partir de ese momento ya es de dominio público y aunque no sentí ninguna alegría, sí me produjo una inmensa satisfacción profesional.

Sin embargo, a mí me quedó un sabor agridulce por haber borrado los trinos; cosa de la cual me arrepiento hasta hoy, precisamente porque no tuve que rectificar nada. Por fortuna, mucha gente ya había guardado capturas de pantalla y los hechos me dieron toda la razón”.

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