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Alfredo Villaveces, el duro de los conciertos

Alfredo Villaveces, el duro de los conciertos

REVISTA JET-SET

En el récord de este empresario están The Rolling Stones, Iron Maiden, Red Hot Chili Peppers y Mettalica, que traerá por cuarta vez a Bogotá en noviembre. La producción del show costará más de 1.500 millones de pesos.
Alfredo tiene 52 años pero dice que se siente de 40. Compara su oficio con un casino en Las Vegas, donde nunca se sabe qué va a pasar.
Por: Revista Jet-set.5/10/2016 00:00:00

Hace 18 años que el ‘Gordo’, como lo llaman sus amigos, se dedica a hacer conciertos. Representa a la multinacional Move Concerts en Colombia y su labor es comprar giras de artistas para Suramérica y Centroamérica. Trajo al país a la banda más importante del mundo, The Rolling Stones, en sociedad con Ocesa. “Ha sido el mejor show que ha tenido el país. Con la preventa de Aval vendimos el 94 por ciento de las boletas en tres días. El orgullo de haberlos podido tener aquí no me lo quita nadie, ya puedo morir tranquilo”, dice.

Ahora tiene puestas todas sus energías en el concierto de Mettalica, que se presentará el primero de noviembre en el Hipódromo de los Andes, en la sabana de Bogotá. Y es que traer un show de tan alto calibre a Colombia implica una logística monumental. Dice que es una producción de más de 1.500 millones de pesos que necesita un montaje de 15 días, 24 horas. “La banda viaja con 76 personas. Ellos son muy sencillos, nos pidieron comida vegetariana, un camerino con muchos espejos y una suite presidencial en el hotel para cada uno. Nada extraordinario a pesar de que son una de las pocas agrupaciones que ha tocado en casi todos los continentes y países del mundo, acaban de presentarse en Antártida”, cuenta Alfredo.

Por su trabajo ha tenido que enfrentarse a unas peticiones que rayan en la locura. “Una vez un músico, del que no voy a decir el nombre, dejó al público esperando tres horas y estuvo a punto de cancelar porque no tenía una botella de sambuca negro en su camerino, que nadie sabía dónde se conseguía”. Pero el que más canas le ha sacado ha sido Luis Miguel. “Ese tipo está muy tostado, no creo que haya un empresario que quiera trabajar con él. Yo por lo menos no”.

Villaveces en un mismo año ha llegado a hacer 52 conciertos grandes, medianos y chiquitos. Últimamente le ha bajado al ritmo porque el negocio es muy riesgoso. Se ha quebrado varias veces, ha tenido que hipotecar la casa y vender los carros. “La gente piensa que esto es como coger una bolsa de basura y recoger plata de las boletas y no es así. De cinco shows que hacemos, perdemos en tres. Lo que nos da de comer en la oficina no son los conciertos sino las actividades que hacemos con las marcas y los sponsors”.

Se queja de que en la ciudad no hay un buen sitio para estos espectáculos, por eso se asoció con Jaime Dussán para construir una carpa en la Autopista Norte de Bogotá con calle 225 con capacidad para 27.000 personas. Pero cuenta que la administración del exalcalde Gustavo Petro le frenó el proyecto y ahora está tratando de revivirlo con Enrique Peñalosa. Pero lo que más lo incomoda es pensar que lleva 18 años en este negocio y nunca ha logrado un permiso antes del día del concierto. “Siempre sale un payaso a decir que el cable no le gusta o que la entrada está muy chiquita y uno termina perdiendo 4 o 5 millones de dólares. Nadie sabe lo estresante que es esto”.

Los días previos al espectáculo todos le huyen a su histeria. Su novia, la actriz Marcela Mar, es quien lo calma. “Parece una cheerleader detrás de mí diciéndome que todo va a estar bien. Es mucho más roquera que yo”. Marcela es hija de Augusto Martelo, una leyenda del rock en Colombia de los años setenta. “Yo, en cambio, no sé nada de música, tengo un oído pésimo”. Eso sí, canta rancheras en las fiestas con unos cuantos aguardientes en la cabeza. Es fanático de Rocío Dúrcal; casualmente fue él quien trajo a la cantante española a Colombia para el último concierto que dio en el país junto a Marco Antonio Solís y dice que este ha sido el único espectáculo musical de ese momento en el que no quedó una sola silla vacía.

Alfredo nació en Beirut, su papá era diplomático y vivió en Bruselas, Buenos Aires y Baltimore antes de aterrizar en Colombia a los 10 años. Cuando estudiaba Filosofía y Derecho en el Rosario oía a Silvio Rodríguez, Serrat y José José. “Me sabía todas las canciones de Raphael. Nada que ver con lo que me mueve hoy que es el rock and roll”. En esa época cuenta que era nerd y poco rumbero. “A mí me cogió la fiesta tarde”, por eso se acabó su matrimonio con Karen Schenk, mamá de sus dos hijos: Lorenzo, de 21 años, que estudia Administración de Empresas en Estados Unidos y heredó su espíritu de negociante, y Gerónimo, de 15. Habla de su exesposa con mucho cariño. “La verdad, he sido muy afortunado con las mujeres que han llegado a mi vida. Siempre he sido mujeriego, no perro. Obviamente soy coquetísimo, pero nadie me para bolas, ya me conocen y saben que estoy con Marcela”, dice sonriendo.

Está muy lejos del estereotipo de donjuán que vive pendiente de su vanidad: “Me pongo camiseta negra, blanca o gris todos los días, tenis blancos y un pantalón escurrido con la mitad de la nalga por fuera”, dice, burlándose de sí mismo. Cumplió 52 años y cuenta que ya no le gusta tanto salir, porque cada vez que entra a un sitio se siente el más cucho. En su oficina se rodea de gente joven porque son los que conocen las bandas del momento. Villaveces dice que se podrá retirar tranquilo cuando logre traer al país a la banda australiana AC/DC. “Estoy convencido que para los colombianos serían más importantes que los Stones. Es el show más verraco que hay”.

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