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Alejandro Castaño es el creador del ‘Soho’ bogotano

Alejandro Castaño es el creador del ‘Soho’ bogotano

REVISTA JET-SET

Este arquitecto visionario promueve la apertura de galerías de arte y talleres de jóvenes creadores en el barrio San Felipe, que estuvo a punto de ser devorado por el deterioro de la Avenida Caracas y el comercio. El sector, que comparan con el distrito artístico de Nueva York, visibiliza las corrientes creativas más vanguardistas del país.
El arquitecto Alejandro Castaño lleva siete años en el proyecto del distrito de arte del barrio San Felipe, en Bogotá. Al principio fue duro. Nadie creía en su iniciativa de vanguardia.
Por: Revista Jet-set.25/4/2017 00:00:00

Las coordenadas de las galerías se encuentran entre las calles 80 y 72, y de la Avenida Caracas a la carrera 24, en el barrio bogotano San Felipe, que no se ha dejado vencer por el desgaste de los años. El sector, que nació como un asentamiento de obreros y militares en la década de los treinta, ha tenido serias transformaciones, con picos altos de decadencia y olvido gubernamental. Aquel esplendor residencial del siglo pasado fue absorbido por la proliferación desordenada de talleres, microindustrias, restaurantes de corrientazos, escuelas, almacenes, panaderías y uno que otro burdel.

Esta es una de las obras más polémicas del argentino León Ferrari, por su mirada cáustica a la Iglesia a través de la iconografía religiosa. 

En pocas cuadras se encuentran varios mundos transversalmente opuestos, un poco ‘feas’ para los que imaginan ciudades de ciclorrutas y parques, pero en últimas un sector con carácter, con un ADN que invita a la bohemia y a los procesos creativos.

El arquitecto bogotano Alejandro Castaño, el gran gestor de este proyecto, descubrió que aquella barriada monocromática, asfixiada por los ladrillos y refugio de los últimos cachacos escondía algo “bello e interesante”, capaz de albergar a los galeristas y artistas de la sangre nueva de la plástica colombiana.

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Antes de conocer este sector, Castaño estuvo a punto de ejecutar el proyecto en la zona industrial que bordea la Avenida de las Américas en el occidente bogotano. Solo que el empresario abortó la idea cuando detectó que factores como la distancia y la inseguridad retrasarían el desarrollo de su anhelado distrito artístico. “La idea era acercar el arte a la gente. Buscar que las personas consigan obras aunque sea a plazos. Hay mucho temor frente a este mercado porque muchos piensan que todo es caro”, explicó Castaño.

Los colonizadores del arte en el barrio San Felipe. De pie: María José Franco, Nicolás Cárdenas, Liz Caballero, Omayra Alvarado, Carolina Rodríguez; Mauricio Gómez Jaramillo, Steven Guberek, José García, Harrison Tobón, Andrés Matías, Paola Ferreira, Alejandro Rauhut, Fabián Ramos, Édgar Correal y Daniel Espinosa. Sentados: Camilo Bojacá, Adriana Ramírez, Alejandro Castaño y Camila Montalvo. Foto: @KarenSalamanca/17. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

Hace ocho años empezó a ejecutar el proyecto cuando pasó por San Felipe y en un acto de amor a primera vista decidió instalar su oficina allí para trabajar en función de este lugar que representa la nueva movida cultural capitalina.

Pero no fue fácil abrir la trocha. Había algo de prevención que superó cuando empezó a interactuar con el vecindario. Mientras que él estaba empecinado en la conquista del sector, algunos de sus habitantes más viejos, casi siempre parejas solitarias, vendían sus casas para mudarse cerca de sus hijos.

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Castaño, coleccionista de arte desde su época de estudiante de Arquitectura en la Universidad de los Andes, empezó a llamar a los galeristas para buscar acompañamiento en su labor quijotesca, como el abogado Mauricio Gómez Jaramillo, de la galería 12:00, quien la tenía en la calle 104 con 18. “El público respondió muy bien y todo porque la gente no pasa los linderos de la 100 para ir a ver cuadros”, explicó Gómez Jaramillo. A ellos se unió José Roca, exdirector del Museo del Banco de la República con el proyecto Flora ars+natura, sede de talleres de artistas extranjeros que llegaron becados a nuestro país.

Miler Lagos trabaja básicamente la escultura con objetos y libros amontonados, que surgió a partir de unos bocetos de Leonardo Da Vinci.

El barrio San Miguel, donde confluyen unos 13 espacios dedicados al arte entre galerías y talleres de jóvenes creadores, evoca las experiencias de Soho y Chelsea, en Nueva York, con sus bodegas convertidas en salas permanentes de exposiciones y centros de diseño. También recuerda a Wynwood, en Miami, otra zona de ollas del microtráfico que fue recuperada gracias a la explosión de grafitis y a la llegada de fotógrafos, diseñadores y galeristas visionarios que promueven su mercado en Art Basel.

En ‘San Felipe Art’ o ‘Bogotá Art District’ –ya tiene varios nombres– es un escenario donde se les mide el pulso a las nuevas tendencias de la plástica colombiana, que en últimas es el reflejo de lo que sucede a nivel global, con la hegemonía del arte conceptual que derribó las barreras entre la pintura, la escultura y el grafiti. Pareciera que todo vale en este carnaval de creaciones en el que los artistas se apropian de elementos de reciclaje, objetos domésticos, materiales industriales, luces de neón, telas y páginas de libros, entre muchos más.

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Por ejemplo, un grupo de artistas que es amigo del barrio sigue estas corrientes de la vanguardia mundial. Allí en San Felipe vive Alejandro Rauhut, quien trabaja con espejos; Adriana Ramírez, iconoclasta de la línea de Yoko Ono que se expresa a través de vajillas rotas y piedras coralinas; Camilo Bojacá, con un trabajo en el que yuxtapone pedazos de metal sobre lienzos; y Paola Ferreira, la joven que retoma el Pop Art al estilo de Maripaz Jaramillo pero con un sentido de crítica social en el que refleja la explotación a los obreros.

Este busto en bronce, de Juan Carlos Delgado, genera una escarcha a través de un sistema de refrigeración. Los críticos aseguran que así busca denunciar el deterioro del ser humano.

Las 13 galerías, entre ellas Sketch, Liberia, Instituto Visión, SRG, Estudio 74 y Taller Serie/5 son cazadores de jóvenes recién egresados de los circuitos académicos del arte como las universidades Andes, Javeriana y El Bosque. “En San Felipe promocionamos a los creadores con poca o mediana trayectoria. Los arriendos y servicios son más económicos que esos megaespacios del estrato 6. No tengo cómo pagar 12 millones de alquiler en otros lados”, dijo Liz Caballero, de Sketch.

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El arquitecto Alejandro Castaño y sus compañeros de aventuras han tomado el rumbo de la transgresión y de los nuevos lenguajes, ante la mirada de los inconformistas de la escuela figurativa que cuestionan todo lo conceptual. Tanto que en su colección, Castaño tiene un lugar especial para las obras de Álex Rodríguez, quien pinta retratos en las páginas y portadas de libros y diccionarios viejos; de Óscar Muñoz y sus desnudos sobre cortinas de baño; o instalaciones polémicas como la del pequeño árbol disecado en un retablo de madera que creó el artista Gabriel Silva.

El creador Óscar Muñoz, de Popayán, se cotizó en el mercado del arte con una serie de desnudos que fueron plasmados en cortinas de baño.

Poco a poco, estos creadores han abandonado los temas de violencia y narcotráfico, se han dejado de preocupar por los problemas locales para reflexionar sobre la existencia del hombre. “Digamos que son más universales”, aseguró Castaño.

El sector, con algunas calles solariegas pese a la cercanía con la Caracas, tuvo en un pasado no muy lejano a varios intelectuales que llegaban a la panadería Lily, la más antigua de la zona, para tertuliar sobre lo humano y lo divino. De hecho, el poeta Eduardo Carranza fue uno de sus habitantes más ilustres. Muchos de sus versos nacieron en el lugar en el que sobreviven algunas viviendas de corte inglés, donde habitaban familias aspiracionales que se desplazaron desde los barrios Santa Fe, centro y La Candelaria hasta esa parte del norte.

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El desarrollo de este nuevo distrito artístico arrastró otro fenómeno que podría comprometer su futuro: la sobrevalorización del metro cuadrado y de la tierra. Algunas casas, incluso deterioradas, que costaban 120 millones de pesos hace unos siete años pasaron a 1.000 millones. “Están especulando y eso generaría un impacto en nuestra labor cultura”, dijo Castaño.

Alejandro Castaño y José Roca, de Flora ars+natura, un proyecto de formación de artistas extranjeros con sede en San Felipe. Roca, exdirector del Museo del Banco de la República, fue uno de los primeros gestores culturales en llegar al barrio.Foto: @KarenSalamanca/17. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

Todo el mundo quiere beneficiarse del boom artístico de la zona que muy pronto tendrá restaurantes, bares y almacenes de diseño. Dos prestigiosos chefs ampliarán la oferta gastronómica de Bogotá hacia San Felipe. A esto se sumará el complejo de viviendas estudiantiles que construyen cerca de las galerías.

En el ‘Soho’ criollo, como también le dicen, se confunden los artistas de pintas alternativas, con las señoras que salen de misa. Algo ha cambiado, pero igual San Felipe siguió siendo el mismo de siempre con las cafeterías que huelen a pandebono y tamal, los talleres de mecánica y el bullicio de los estudiantes que compran empanadas a 1.000 pesos. Alejandro Castaño es partidario de perpetuar la esencia del barrio.

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