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Alejandra Borrero “Las mujeres tenemos que empoderarnos”

Alejandra Borrero “Las mujeres tenemos que empoderarnos”

Revista Jet-set

La actriz rescató los personajes de Shakespeare y los adaptó a la realidad colombiana. Desdémona, Julieta y Lady Macbeth la emprenden contra el maltrato a la mujer en una obra que protagoniza en el Teatro El Arlequín. Alejandra Borrero no ha sido ajena a la violencia de género y por eso protesta con lo que mejor sabe hacer: actuar.
En Ella en Shakespeare, Alejandra Borrero y Erick Rodríguez se valen de escenas del teatro shakespeariano para visualizar casos de mujeres maltratadas en Colombia como el de Vivian Urrego, quien fue apuñaleada por su esposo en un centro comercial. Foto: Camila Reina/14
Por: Edición 28524/6/2014 00:00:00
Alejandra camina por el Park Way en Bogotá vestida como Desdémona, su personaje en la nueva obra de teatro Ella en Shakespeare cuando un transeúnte la interrumpe gritándole: “Hola, Caperucita”. La actriz se voltea para responderle: “Caperucita, su madre”, y sigue su marcha como si nada. Los piropos son de las cosas que más la ofenden, especialmente desde que inició su cruzada contra el abuso de género, hace ocho años.

Le acaban de pegar 28 puñaladas en el escenario, donde se vale del teatro clásico y de los diálogos del dramaturgo inglés para contar historias como la de Vivian Urrego, quien fue asesinada por su esposo en un centro comercial de Bogotá. “No sé si se dieron cuenta, pero enterrarle un cuchillo 28 veces a una mujer toma largo tiempo y nadie hizo nada para evitarlo”. Con su representación ella busca alertar sobre lo medieval que es el maltrato de género en Colombia. “Desde hace 500 años la historia de las mujeres es la misma y esto tiene que cambiar”.

Para la directora de Casa E está clarísimo que los hombres en el país no saben tratar a las mujeres: “Todas de alguna manera hemos sido vulneradas”. Le da risa que la gente piense que porque es una actriz exitosa, la violencia no la toca. Recuerda que a los 7 años iba a comprar un helado y un hombre le dijo algo tan asqueroso que casi se muere. Pero la solución no es quejarse sino ser parte de un cambio. “Los actores tendemos a criticar todo, yo me cansé de eso y quise hacer algo por mi país”. Con su campaña “Ni con el pétalo de una rosa” ha logrado poner en boca de la gente un tema que era invisible y vergonzante.

Gracias a su liderazgo le coquetean para que sea senadora o representante a la Cámara. “Realmente no creo tener la estamina para hacer política, no sé mentir, a mí lo que me sale del corazón lo voy diciendo, por eso he armado tanto escándalo en mi vida”. Defiende a capa y espada su independencia y libertad sexual aunque eso le traiga problemas. “Mi mamá sufrió mucho conmigo porque siempre quise el arte y fui muy rebelde y contestataria”, dice. Su formación actoral comenzó en Cali en los años 80, época de desenfreno, drogas y salsa dura. “Las mujeres que me precedieron, que eran de las décadas del 60 y 70, fueron las primeras que se desnudaron, que tuvieron sexo con quien les daba la gana y entraron a trabajar. Recuerdo que yo las miraba y decía: “¡Uyyy, qué valor!”.

A pesar de todo Alejandra reconoce que ha sido una mujer sumisa. “Soy todo lo que querían que fuera. Aunque no parezca, dentro de mí hay una señora payanesa muy conservadora. Me criaron con los principios de la religión católica de respeto a los hombres. El día que en mi casa no había empleada nos tocaba a mí y a mis hermanas ponernos a arreglar, mientras que mi hermano se quedaba sentado en una silla sin hacer nada”. Parte del hecho de que ahora sea una abanderada de este tema es que nunca entendió por qué él tenía esos privilegios y ella no. “Esto no está bien, dónde dice que nosotras vinimos a este mundo a sufrir y los hombres a pasar bueno. Una mujer es más mujer cuanto más se realiza y más feliz es”, afirma.

A sus 52 años sigue siendo una niña, una llorona sin remedio. “Cuando estaba en el montaje de la obra Cinco mujeres, un mismo trato, lloré durante dos meses seguidos. Mi mamá me decía: ‘Alejandra, ve a donde un psicólogo que te vas a enloquecer’. Con cada historia que me contaban llegaba a mi casa destrozada”. Una de ellas fue la de Victoria, quien fue torturada sexualmente por un grupo armado y se exilio en otro país. Ahora es cura y ayuda a otras mujeres en el mundo a escapar de la violencia. “Ella es un ejemplo de resiliencia. Cuando le pregunté si podía usar su testimonio en la obra Ella en Shakespeare, me contestó: ‘Es tuyo, yo ya no estoy mirando al pasado sino al futuro’”, cuenta Alejandra.

En las charlas con estas mujeres, la actriz les insiste en que no tienen que ser perfectas para que las respeten. “Podemos ser histéricas o estar desnudas, igual nos tienen que respetar. Hay que acabar con esa cultura traqueta de los años 80 donde oía decir frases como: ‘Cuando ellas dicen que no, realmente quieren decir que sí’”. Por eso al final de la obra, en su interpretación de Lady Macbeth increpa al público femenino así: “¡A ver, huevonas, pónganse las pilas, tenemos que empoderarnos!”.
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