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Alberto Duque “Ya no me importan ni los aviones ni el dinero”

Alberto Duque “Ya no me importan ni los aviones ni el dinero”

Revista Jet-set

Después de 30 años en el anonimato, Alberto Duque, conocido como el zar del café en los años 80, vuelve como el promotor de un megaproyecto ecológico en las afueras de Cartagena. Dice que ya no le importan los aviones ni el dinero, ahora trabaja por el medio ambiente.
Hoy, después de 30 años, Alberto Duque está dedicado a promover Playa Iguana, un proyecto ecológico en el que tiene puesta toda su fe. Foto: ©Imagen Reina/13.
Por: Edición 26830/9/2013 00:00:00
Alberto Duque fue uno de los personajes más famosos de la sociedad en los años 80. Cuando en el país no había grandes magnates, y no existían los aviones privados ni los yates, él se proyectó como el rey del café.

Su estilo de vida, sin haber cumplido los 35 años, incluía no solo un jet, sino dos; un yate y una flotilla de automóviles; varias mansiones de lujo en Estados Unidos; y amigos como Jebb Bush, hermano del expresidente George W. Bush, y exgobernador de la Florida; Ray Crock, fundador de McDonald’s; y Kemmons Wilson, fundador de la cadena de hoteles Holiday Inn.

Como si fuera poco, sus mujeres eran consideradas las más bellas de Colombia. Se casó en primeras nupcias con Lulú Bernal, quien fue su novia desde que era un estudiante. Después de eso pasaron por su vida, Doris Beltrán, ex virreina nacional de la belleza; Ingrid Danko, hermana de Marina Danko; Tana Valencia, quien estuvo casada con él durante el drama de sus años de cárcel; y Graciela Londoño; entre otras.

Su papá era el gran exportador de café, Luis Duque, dueño del famoso caballo Don Danilo
–el mejor de los equinos de paso que hubo en Colombia– y también creador del conjunto vacacional El Peñón en Girardot. Alberto se independizó de su millonario padre y se convirtió en un hombre de negocios de talla internacional, exportando café, comprando compañías en Estados Unidos y especulando en la bolsa.

Pero todo eso se vino abajo en mayo de 1983, cuando a sus 36 años, las autoridades norteamericanas lo acusaron por irregularidades incurridas en una quiebra y pagó tres años de prisión.

Después de su salida de la cárcel, poco se volvió a saber de él, excepto por el rumor de que Fernando Gaitán se inspiró en su vida para crear a Iván Vallejo, el antagonista de la telenovela Café, que protagonizó Margarita Rosa de Francisco y fue una de las producciones con más rating de la televisión colombiana.

Pero hace unas semanas reapareció como el promotor de un importante proyecto ecológico en las afueras de Cartagena, donde se pretende integrar un condominio vacacional estilo Bali que tiene casas, apartamentos y suites hoteleras, con un parque natural con vista al mar en el que habrá muy poca intervención y la estructura adecuada para convertirse, con los años, en una zona autosostenible.

Duque lleva cinco años trabajando en este proyecto que une 132 hectáreas que está pidiendo en concesión al Estado con otras cien que ya tienen. Mientras tanto ya empezaron a hacer cortes en el terreno, ubicado a solo 25 minutos del centro histórico. Él mismo muestra los planos en su oficina del Parque de la 93, desde donde pretende vender Playa Iguana a extranjeros y colombianos que se enamoren de la vista de esas tierras.

También dedica otra importante parte de su vida a importar semillas de palma y a una plantación de 200 hectáreas que tiene en Puerto Gaitán. Mientras tanto, cuando tiene tiempo, hace anotaciones del segundo libro que piensa publicar, sobre su regreso a Colombia, después de haber estado en prisión.

¿Dónde estuvo los últimos 30 años? ¿Por qué nadie lo volvió a ver? –Porque mi vida se volvió muy privada y tranquila. Estoy tratando de montar un centro de pensamiento estratégico con un grupo de jóvenes y trabajamos la parte ecológica pero también la parte social. Apenas estamos empezando pero ya creamos una ONG para analizar todo lo que es el respeto por los derechos humanos y las zonas verdes de Cartagena. Lo que queremos es integrar a las comunidades con los proyectos, porque allá se están desarrollando una cantidad de construcciones y la gente no ha tenido nunca ninguna ventaja. Hemos hablado con algunas universidades para capacitarlos también en lo que se refiere al medio ambiente y el trabajo que van a hacer en este proyecto en especial.

¿Y antes de empezar Playa Iguana, a qué se dedicaba? –Para mí el pasado, pasó. No quiero regresar. Mientras lo tuve fue muy bonito, y lo digo con sinceridad. No creo que nadie haya tenido tantas cosas a una edad tan joven. Es que a los 24 años, estar metido en la bolsa de Nueva York y comprando aviones, eso fue una locura.

¿Por qué pasó lo que pasó? –Pasó a través de la gente que fui conociendo. Me fui metiendo con todo. No escondo la experiencia que viví. De hecho la escribí en el libro Adiós, compro la libertad, a pesar de que mi familia no hubiera estado de acuerdo. Pero creo que uno tiene que hacerle frente a lo que le pasó en la vida y tener clara cuál fue la ganancia, porque al final eso es lo que vale.

¿Qué ganó con todo esto? –A pesar de todo lo que me ha sucedido, vivo una vida muy tranquila. Corro todas las mañanas y no salgo muy a menudo. Estoy dedicado a leer y a otras cosas, pero no tengo rencores, amo los Estados Unidos, al fin y al cabo viví allá mucho tiempo. No regresé porque nunca volví a pedir visa, a pesar de que cuando me pusieron en libertad el juez dijo: “este señor tiene que quedarse en Estados Unidos porque no es un peligro para nadie”. Pero yo no. Nunca volví.
¿Qué aprendió? –Aprendí a perder.

¿De qué se arrepiente?
–De la infidelidad y de haber caído en muchas cosas que no debí caer. Ya no me interesan los aviones ni el dinero, lo que me importa es este proyecto que tal vez estará listo dentro de cuatro años.
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