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Hay vida sana después del cáncer

Hay vida sana después del cáncer

Revista Jet-Set

A Alan Furmanski todos los días su esposa, Sofía Hirst, y sus dos hijos le confirman el milagro de estar vivo, pues hace siete años le diagnosticaron un cáncer en la piel y los médicos no le daban muchas esperanzas. Hoy, completamente recuperado, gracias a la terapia Gerson, ayuda a otros pacientes que sufren de esta enfermedad.
Alan dice que el apoyo de su esposa Sofía y sus hijos, Isaac y Roberto, ha sido clave en la recuperación de su cáncer. Foto: ©Imagen Reina/13
Por: Edición 26910/10/2013 00:00:00
Alan Furmanski y Sofía Hirst celebraron hace poco su cuarto aniversario de bodas, al lado de sus hijos: Isaac, de tres años, y Roberto, de año y medio. Su familia es el fruto de un amor que nació en medio de lo que pudo haber sido la peor adversidad: cuando apenas llevaban dos meses de novios, a Alan le diagnosticaron un melanoma. Pero Sofía, quien es descrita por su esposo como una mujer positiva y valiente, fue su mejor compañía para enfrentar el cáncer en la piel que ya le había hecho metástasis en los ganglios linfáticos del cuello.

Después de un par de infructuosas intervenciones quirúrgicas, los dos tomaron la decisión de no sentir más miedo, pues según Alan de esa sensación se desprenden muchas enfermedades. Armado de valor, decidió que no quería someterse a la quimioterapia y buscó otras alternativas. Viajó a Tijuana y se internó por dos semanas en el Gerson Institute, especializado en desintoxicación del organismo con una dieta basada en jugos extraídos de vegetales orgánicos. Durante dos años consecutivos, Sofía le ayudó a que se tomara 13 vasos de estos zumos al día, uno cada hora. Su recuperación fue maravillosa, los tumores desaparecieron y desde mayo de 2007 no volvió a consultar a ningún médico.

La terapia Gerson les cambió la vida y los volvió más saludables, porque además de fortalecerlos físicamente, también los unió como pareja. “Normalmente en el noviazgo todo es muy bonito, y cuando la gente se casa se da cuenta de que el matrimonio no es fácil. En nuestro caso fue al revés. Nos enfrentamos a una situación muy difícil durante el noviazgo, y a los tres años, cuando nos casamos, ya nada nos parecía imposible de solucionar”, comenta Sofía.

Al poco tiempo llegó Isaac, su hijo mayor, y la felicidad fue completa. Pero cuando el pequeño de crespos rojizos cumplió un año y medio les dijeron que tenía diabetes. “La noticia no fue fácil de asimilar pero la experiencia de mi enfermedad nos ayudó a tomar la situación con tranquilidad”, dice Alan.

Hoy, motivado en la necesidad de retribuir la oportunidad que le dio la vida, dicta seminarios sobre el método nutricional de Max Gerson y diariamente responde vía email las preguntas que le mandan los lectores de sus libros: Cómo vencí el cáncer siguiendo las leyes de la naturaleza y Terapia Gerson, cura del cáncer y otras enfermedades.

En su casa, Alan le da ejemplo a sus hijos de cómo llevar una vida saludable. Todas las noches se reúne con ellos en la mesa, y a Isaac y Robertico, que no son vegetarianos, les sirve un plato con arroz integral, ensalada de verduras y una porción de pescado. Él y Sofía comparten el menú de sopa y vegetales.

Ahora la pareja quiere ayudar a otras familias a cambiar sus hábitos alimenticios. Para empezar, en noviembre se irán con 15 personas a una finca cafetera en Armenia, Quindío, donde solo se les permitirá comer vegetales, jugos y ensaladas orgánicas. “Y si se sienten muy débiles, que complementen con avena, papas o arepas de maíz, pero nada de proteína animal en la dieta”, aclara Alan. También se podrán relajar con masajes, sesiones de yoga, de piscina, caminatas por los cafetales y cabalgatas. “No es el típico plan de finca, de sacar la botella de aguardiente por la noche –dice–. La idea es divertirse, charlar y brindar con unos exquisitos jugos”. ¡A la salud de los Furmanski-Hirst!
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