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A Akihito del Japón no lo dejan abdicar

A Akihito del Japón no lo dejan abdicar

REVISTA JET-SET

El rumor de que el anciano emperador del Lejano Oriente quiere renunciar en favor de su hijo Naruhito, enciende una mordaz polémica porque la monarquía hereditaria más antigua del planeta está al borde de extinguirse por falta de herederos varones.
El emperador Akihito, de 82 años, y la emperatriz Michiko, de 81, en los jardines del Palacio Imperial de Tokio. Además de politólogo y economista él es un profundo estudioso de los peces. Ella, compone waka (poemas tradicionales japoneses), es pianista y toca música de cámara.
Por: Revista Jet-Set27/7/2016 00:00:00

Aunque la casa imperial lo desmintió, medios tan importantes como la cadena de televisión NHK y los diarios Shomiuri Shimbun y Asahi Shimbun, de Tokio, los de mayor circulación del planeta, insisten en que Akihito desea dejar el trono, porque sus 82 años de edad le empiezan a pesar para cumplir sus funciones.

La prensa asegura que un colaborador muy cercano al monarca se vio en la obligación de filtrar el asunto, debido a que el gobierno ha ignorado por años los deseos de Akihito. En otras palabras, para él no va a ser nada fácil, sino imposible, seguir la reciente tendencia de homólogos como Beatriz de Holanda, Albert de Bélgica, Juan Carlos de España y el papa Benedicto XVI, de hacer uso de buen retiro, porque dicha figura está terminantemente prohibida por las leyes.

En los 2.676 años del sistema imperial japonés, que hacen de Japón la monarquía hereditaria más antigua del globo, 60 de sus 125 emperadores abdicaron, incluido uno entronizado a los 7 meses de vida. La última dimisión se dio en 1817 y 70 años después el gobierno Meiji promulgó una norma por la cual solo puede haber relevo en el trono cuando el monarca reinante muere, para evitar posibles luchas de poder entre el entrante y el saliente.

Akihito tampoco puede abdicar, señaló Nikkei Asian Review, porque sigue preso de las acciones de su padre, Hirohito, quien al morir pasó a ser llamado emperador Showa, el nombre de la era que se inició con su reinado. Él, lideró la participación de Japón en la Segunda Mundial al lado de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, que terminó con la derrota por parte de Estados Unidos, que lanzó las primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en 1945. Entonces, los aliados, o las naciones triunfadoras, lanzaron la hipótesis de que Showa debía renunciar para responder por sus crímenes de guerra. En últimas, se le permitió seguir en el trono, pero despojado de su condición de dios viviente, otra milenaria creencia. Si a Akihito se le permitiera cesar en el trono, supone el periodista local Itaru Oishi, se reviviría la vieja controversia de si su padre fue responsable por la conflagración. Es un asunto de orgullo nacional porque los japoneses llevan años pidiendo perdón por ello, cuando en el fondo creen que libraron una batalla justa contra el colonialismo.

El primer ministro Shinzo Abe tampoco quiere pensar en la abdicación por otra arista igualmente espinosa y es si el imperio debe permitir la sucesión por vía matrilineal. Como lo dilucida Oishi, en Japón, una mujer casada pertenece por tradición a la casa de su esposo y pierde sus lazos con su familia de origen. Ese es el motivo por el que las princesas imperiales no pueden subir al trono, aunque hubo ocho emperatrices hasta que en 1889 ello también se impidió legalmente.

El problema ahora es que al emperador, que es un rango por encima del rey, solo le siguen tres hombres más jóvenes que él en la línea de sucesión al trono: su hijo Naruhito, el príncipe heredero, y su esposa Masako, solo tienen una hija, Aiko, la princesa Toshi de Japón. A él le sigue su hermano Fumihito, el príncipe Akishino, quien tiene un hijo varón, el príncipe Hisahito de Akishino, de 9 años, y tercero en la línea de sucesión al trono. Si este último no tiene un heredero varón, no quedaría nadie apto para sentarse en el Trono del Crisantemo.

Diversas voces han pedido que se instaure el derecho de las mujeres a ser emperatrices titulares, así como la sucesión matrilineal. Intranquilo por ello, el propio emperador ha propuesto que a las hermanas del pequeño Hisahito, las princesas Mako y Kako, se les permita actuar como “casi-miembros” de la familia imperial, así se conviertan en plebeyas por matrimonio.

Pero en ello el primer ministro Abe también se ha mostrado inflexible, pues cree que esa innovación abriría la puerta para la sucesión matrilineal, cuando en su concepto la línea paterna constituye el núcleo del sistema imperial.

Otros opositores a la abdicación prevén una crisis en la sociedad japonesa, tan apegada a sus viejos usos. Akihito, el primer emperador en reinar como una figura ceremonial, sin funciones gubernamentales, es muy popular en su era Heisei y modernizó la monarquía. Lo demuestra el hecho de que fue el primer miembro de la realeza nipona en casarse con una plebeya, Michiko Shoda. Su padre, Hidesaburo Shoda, era un próspero fabricante de harina, por lo que era llamada “la hija del molinero”.

Al respecto, el otro gran interrogante es si Masako, la esposa de Naruhito y quizá el personaje más famoso de esta monarquía, será una digna sucesora de la emperatriz Michiko, si su marido sube al trono. Por largos años, ha permanecido aislada del mundo a causa de una severa depresión, ocasionada al parecer por su entrada al rígido mundo de la familia imperial, su incapacidad de tener un heredero varón y las presiones de su suegra.

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