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Ágatha Ruiz de la Prada llena de color la moda colombiana

Ágatha Ruiz de la Prada llena de color la moda colombiana

REVISTA JET-SET

La diseñadora de los corazones volvió a Colombia para inaugurar la primera tienda del país y de América Latina. Con su característica personalidad extrovertida posó junto a sus seguidores y saludó a grandes amigos como Noemí Sanín, Pilar Castaño y Andrés Parra.
Foto: Karen Salamanca/16
Por: Revista Jet-set.23/11/2016 00:00:00

A los 4 años, mientras las niñas jugaban a vestir muñecas, la nieta de la marquesa de Castelldosríus se divertía dibujando en sus cuadernos flores y corazones, los mismos que protagonizan los diseños de su marca y que ahora se podrán conseguir en Colombia, donde acaba de inaugurar la primera tienda de América Latina.

La diseñadora madrileña opina que “Colombia es un país cojonudo y que en este preciso momento abrir una tienda acá puede funcionar muy bien”. Siente un “amor especial” por los colombianos, y en cada uno de sus viajes suma más amigos. En la lista hay nombres como Noemí Sanín, a quien acompañó a hacer campaña cuando se lanzó a la Presidencia de la República y en esta ocasión la invitó a quedarse en su casa; Pilar Castaño, su cómplice de visitas y conversaciones sobre las tendencias de la moda; y Andrés Parra, su héroe de televisión desde el día que vio el primer capítulo de la serie Escobar, el patrón del mal. Lo conoció en Madrid, lo invitó a cenar a su casa y desde entonces conservan una cercana amistad.

Además de compartir tiempo con aquellos a quienes quiere tanto, Ágatha goza con cada visita a Colombia porque puede almorzar ajiaco, el plato que más le gusta en la vida. Sin embargo, con cara de mal humor y su acento español más marcado que de costumbre, aseguró que esta “rabiosa” porque esta vez no lo pudo comer. “Esa sopa te hace sentir fenomenal, es una maravilla”. Incluso después de estar en Bucaramanga, Medellín, Cartagena y Barranquilla, prefiere el tradicional plato santafereño que la comida típica de esas ciudades.

Ágatha también encontró en Colombia un mercado apto para que sea el punto de partida de su marca en América Latina. A pesar de que las tiendas que tiene en el mundo son contadas y exclusivas, su marca hace presencia en las ciudades emblemáticas de la moda: Nueva York, Milán, París, Oporto, Florencia, Madrid, Barcelona, y ahora decidió abrir en Bogotá. Ha dicho que está emocionada e ilusionada con esta nueva tienda y que “la mujer colombiana es una de las más difíciles de vestir porque en su clóset predominan los colores oscuros, como el negro y el gris”, pero la hace feliz llegar en este momento porque “el país empezó a ver en la moda la oportunidad de salir de tantos rollos”. Sueña con diseñar una línea de productos con artesanos nacionales que combine los dos estilos y se comercialice a nivel mundial.

Sus arriesgadas creaciones la han hecho única y exitosa internacionalmente, igual que su desparpajo y el poco miedo que tiene al qué dirán. La prueba reina fue la boda del rey Felipe VI de España con Letizia Ortiz, a la que llegó vestida con un peculiar atuendo que llamó la atención de los ‘encopetados’ asistentes, de los fotógrafos y de algunos gurús de la moda, quienes calificaron su vestido más propio para una piñata que de una boda real.

En contraste con los sobrios sastres de colores neutros que llevaban la mayoría de las invitadas, la diseñadora escogió un traje rojo adornado con un enorme corazón amarillo y otro fucsia en la parte de adelante, acompañado de guantes rojos y medias amarillas y rojas, algo predecible para esta mujer que es amiga personal de los reyes de España, que odia el color negro y que asiste a los eventos más exclusivos del mundo con pintas similares. Aunque su estilo es totalmente opuesto, es fanática de Silvia Tcherassi, otra de sus grandes amigas, y quedó enamorada de los diseños de Leal Daccarett después de ver el vestido que lució María Clemencia Rodríguez de Santos en la visita de Estado a Inglaterra.

Ruiz de la Prada es hija de un famoso arquitecto coleccionista de arte y de una aristócrata catalana. Estudió en la Escuela de Artes y Técnicas de la Moda en Barcelona y desde ese entonces se perfilaba como una mujer con un estilo rebelde, vanguardista y revolucionario. Es una gran conocedora de arte porque durante su infancia acompañaba a su padre a los estudios de los grandes pintores de la época. Admira profundamente a Picasso: “A sus 84 años seguía actuando como un niño. Con él entendí que cuantos más años tienes, más libre eres: y eso hay que aprovecharlo”, concluye.

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