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48 horas con Óscar de la Renta

48 horas con Óscar de la Renta

Entrevista

El diseñador dominicano estuvo sólo dos noches en la capital vallecaucana en 2009, pero le alcanzaron para ser condecorado, conocer a los diseñadores, comer chontaduros, cantar boleros, bailar salsa y sentarse junto a la primera dama, Lina Moreno de Uribe, a ver su propio desfile.
Oscar de la Renta a ritmo de salsa con una de las bailarinas del grupo Delirio. Foto: ©Alexis Murillo/09.
Por: Edición 17821/10/2014 00:00:00
De la Renta fue la estrella del Cali Exposhow y Pilar Castaño hizo este reportaje con él para Jet-set.

Este diseñador dominicano, miembro del jet-set internacional, aterrizó, haciendo honor a su estatus, en avión privado en el aeropuerto de Cali. Llegó acompañado de su equipo completo y, además, de su hija Eliza, la luz de sus ojos. Es una joven elegantísima, de pocas palabras, que luce estupendamente las creaciones de su papá, y lo acompaña siempre como asistente, desde antes de casarse.

Impecable, como ha vestido siempre, Oscar de la Renta llegó a la suite presidencial del Hotel Intercontinental, sin haber pedido pétalos de rosas en la tina como J Lo y MarcAnthony, los anteriores ocupantes. Aunque el huésped inmediatamente anterior al diseñador fue el presidente Uribe.

Lo primero que se quitó fue su chaqueta tirolesa, igual a las que inspiraron seis décadas atrás a Gabrielle Chanel para diseñar su primer sastre de mujer, vigente hasta hoy. Ahí pudimos apreciar la elegancia y el estilo del hombre que sostiene que “el reto es verse elegante desnuda”, refiriéndose a la belleza interior en una mujer. Luego nos dio la lección de que, aun a los 77 años, un hombre con su estilo propio se ve perfecto con un par de jeans bien cortados y unos mocasines.

Sus primeras palabras cálidas y caribes se refirieron a nuestro país como parte de su alma latina. Tiene entrañables amigos colombianos como “Beatrice y Julio Mario, cuya casa en Barú es una maravilla”. Le encanta Cartagena y recuerda con nostalgia a Medellín, donde presentó una de sus últimas pasarelas como director creativo de la casa francesa Balmain. En Cali presentó ‘Resort’, una colección “buy now, wear now”. Él habla así, atropellado, pero es, al mismo tiempo, suave y tranquilo.

Es un tema que normalmente no desfila, sino que se presenta en show-rooms muy exclusivos: prendas de climas cálidos que son el 65 por ciento del mercado de la moda en lugares como Dubai, Bahamas, Florida, Atenas, a los que la gente viaja durante sus inviernos. Eso es ‘Resort’, unos vestidos, coloridos muy latinos, livianos y que viajan fácil todo el año, para hombres y mujeres con capacidad de acceder a lugares paradisíacos. “Yo hago cuatro colecciones al año y eventualmente terminaré haciendo seis, para que las tiendas tengan mercancía fresca y no esperar seis meses hasta que las colecciones lleguen a los almacenes.

“La moda, ante todo, debe ser comercial. Si no es así, no tiene sentido. Tengo 12 tiendas en Estados Unidos, además de París, Londres, Madrid, Burdeos, Munich, Atenas, Dubai, Moscú, São Paulo, México, Sydney, Shanghai, Hong Kong, Corea y Taiwán. Visité a Samarcanda, en Uzbekistán, un lugar maravilloso lleno de colores y bordados y de los tapetes de boukhara; sé que hay gente ahí que vende mis diseños”.

Este hombre se enorgullece de lo que se denomina en el mundo de la moda el ‘Oscar’s World’, que atraviesa
todos los universos: trajes de novia, esmóquines, trajes de gala, abrigos de piel, vestidos de coctel, satres con puños de piel y capas bordadas, vestidos de almuerzo, de baño, zapatos, anteojos, carteras, en fin… el mundo de O.

La mujer con un vestido de este legendario dominicano se siente como una princesa, sin importar su edad, peso o estatura. El sólo hecho de llevar un De la Renta asegura su felicidad. Siempre ha pensado en la mujer, en su  evolución y en su feminidad, por eso, es un ídolo a donde va; por eso, le van a entregar el premio de Super Star de la Moda por parte de la Asociación de Diseñadores Americanos, el mes que viene en Nueva York, su ciudad adoptiva.

Al terminar la entrevista, revisó el show-room, que precede al desfile, con sus dos manos: la derecha, Jack Alexander, quien lleva montándole sus desfiles desde hace más de veinte años; y John Martínez, colombiano, quien desde el 2002 hace de ojos y patitas en la producción, con la ropa, las modelos y los accesorios. Paseó luego de noche por la ciudad con Natalia y María Andrea Lara, quienes lo convencieron de venir al Cali Expo Show, cosa nada fácil. Después
de comer feliz en Platillos Voladores, el gran restaurante de Cali, de la chef Vicky Acosta (hermana de Juanita) y probar los aborrajados, arroz atollado en fusión thai y postres de coco, y hasta cantar boleros, se fue a dormir, exhausto, luego de su viaje de seis horas.

Al día siguiente, el del desfile, el horario comenzó a las diez de la mañana en el Club Colombia con una rueda de prensa. Fue, como en toda ciudad que se respete, con Gobernador y Alcalde, condecoración como huésped ilustre y llaves de la ciudad.

La presidenta ejecutiva del Cali Exposhow, Rosita Jaluf, con todo su poder y majestad, le entregó los más bellos regalos de la cultura pacífica que, como dijo el diseñador, adornarán su casa en la playa de Punta Cana, al lado de su vecino y entrañable amigo Julio Iglesias. De ahí salimos para Pance, el barrio al sur de Cali donde están la naturaleza y las más espectaculares casas en las faldas de la Cordillera Occidental.

Allá, la hija de Rosita Jaluf, Sonia Zarzur de Daccach, nos recibió en una bella casa blanca al borde de una gran piscina, con un maravilloso almuerzo, digno de la hospitalidad vallecaucana. De la Renta probó el chontaduro, conoció a las jóvenes diseñadoras de Cali y comentó la pasarela de María Elena Villamil, de la noche anterior. Habló de Esteban Cortázar con mucho cariño, y reconoció su gran talento.

De ahí, nuevamente para el hotel a descansar un poco antes de trasladarse al Centro de Eventos Valle del Pacífico. Hasta para alguien con el mundo de Oscar de la Renta, que viste a la esposa del hombre más rico del mundo, la señora Gates; a las primeras damas de casi todos los países del primer mundo; que canta boleros con Barbara Walters, Bette Midler y Sara Jessica Parker; que tiene de vecino a Julio Iglesias; que se mueve como pez en el agua en el mundo internacional del jet-set; la noche del 15 de octubre será inolvidable, porque nunca en la historia de la moda un diseñador se sienta frente a su pasarela a ver sus diseños, siempre está atrás sufriendo, sudando, pariendo hasta el último minuto. Pero él se sentó al lado de Lina Moreno de Uribe, quien no estaba vestida por el diseñador, como sí lo estaban la mayoría de las elegantísimas mujeres que lo acompañaron, haciéndole un
homenaje en primera fila.

Después, a la Hacienda San Marino, una casa colonial donde lo esperaban Delirio y la mejor salsa caleña. Bailó como buen dominicano, haciendo honor a su sangre, a su raza y a su gran talento. Como dirían las señoras, “¡también baila!”.
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