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Marilyn Monroe, Marilyn Monroe

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Un nuevo libro basado en sus diarios inéditos, revela la faceta intelectual y las dotes de escritora de la célebre actriz, marcada durante décadas por el estereotipo de la rubia cabeza hueca. Algunos de estos apuntes descubren también su personalidad suicida.
Por: 21/5/2010 00:00:00
Los millones de espectadores que nunca la conocieron, pero que creían conocerla por sus películas y las noticias sobre sus ires y venires de diva, la veían como la diosa del amor, la reina del glamour, pero jamás como una intelectual y escritora. Esto último más bien suena a chiste, porque en los tres lustros que duró su carrera, ella encarnó siempre el rol de la rubia tonta, que la hizo rica y famosa, pero a la vez hirió su ego. “La verdad es que yo nunca he engañado a nadie. He dejado que la gente se engañe a sí misma. Nadie se ha molestado en averiguar quién soy realmente. A cambio, han hecho de mí un cliché. No voy a polemizar con ellos. Obviamente, amaron a alguien que no era yo”.
Ahora, esa Marilyn que el mundo desconoció, pese a lo elocuente y articulada que era en sus entrevistas, podría ser reivindicada por
Fragmentos, un nuevo libro que aparecerá en el otoño próximo en Estados Unidos y que la descubre como una mujer que era mucho más que labial rojo, diamantes y desnudos. La obra recoge apartes de los diarios inéditos que la estrella llevó desde 1943 hasta su muerte en 1962. Ella se los heredó a su profesor de actuación, Lee Strasberg, cuya viuda Anna le encargó al editor Bernard Comment una compilación que revelara a la Marilyn pensante, inquieta por encontrar su propia verdad y dueña de una intensa vida interior.
Comment destaca el tono de melancolía, a ratos suicida, de las anotaciones, algunas de las cuales bordean el sicoanálisis, y recalca que ella no sólo disfrutaba de escribir, sino que lo necesitaba, sobre todo cuando un evento emocional o un dilema la inquietaban. Tales impresiones ella también las trasponía en poemas, como aquel en que le habló al tiempo que algún día se llevaría su belleza: “Oh, Tiempo/ sé gentil,/ ayuda a este ser cansado/ a olvidar lo que es triste de recordar./ Ahuyenta mi soledad,/ apacigua mi mente,/ mientras devoras mi carne”.
A propósito de envejecer, Marilyn reflexionaba con palabras que hoy cobran vigencia: “Quiero llegar a vieja sin cirugías plásticas (...). Quiero tener el coraje de ser leal al rostro que me he dado. A veces, creo que sería fácil evitar la vejez, morir joven, pero entonces tú no completarías tu vida. Uno nunca se conoce completamente…”.
La actriz, efectivamente murió joven, “como deben morir las bellas”, al parecer por suicidio, pero dejó en estos diarios evidencias de que no desaprovechaba el tiempo, pues sabía mucho de pintura del Renacimiento y era asidua lectora de clásicos como Samuel Beckett; del complicado James Joyce, y de Goethe, de quien apreciaba mucho una cita que dice: “El talento se desarrolla en privado”. “Eso es totalmente cierto. Hay una necesidad de soledad que no creo que mucha gente entienda en un actor”, decía la estrella.
Estas anotaciones también revelan intimidades de su relación con su primer esposo, James Dougherty, de quien cuenta que le aburrió que no le pusiera atención. También se explaya en detalles de su tercer marido, el dramaturgo Arthur Miller, para quien fue una típica esposa, consumada cocinera (algo que él ponderaba) y jardinera, pero también una buena interlocutora sobre cultura y política. Él, cuenta Marilyn, admiraba en ella su capacidad de asombro y lo buena madrastra que fue para sus hijos.
Como se recuerda, la artista tuvo relaciones de todo tipo con hombres de alto perfil como Lee Strasberg, T.S. Elliot, Tony Curtis o Marlon Brando, de los cuales ofrece interesantes perspectivas en estos Fragmentos. De su supuesta relación con el presidente John F. Kennedy y con su hermano Robert, el editor Comment sólo adelantó que Marilyn escribió sobre el “terrorífico sentido del humor” del último, pero es sin duda uno de los temas que más expectativa genera alrededor del libro.
Aunque se quejaba de ser vista sólo como un símbolo sexual, lo cierto es que el tema no le era nada indiferente, lo mismo que la vida de las parejas y la guerra de los sexos: “Antes del matrimonio, una chica tiene que hacer el amor con un hombre para retenerlo. Después del matrimonio, tiene que retenerlo para hacer el amor con él”, escribía.
Fragmentos registra aspectos trascendentales, pero también los más nimios y cotidianos de Marilyn: ideas para decorar su casa, secretos para rellenar pavos, y su lado burlón, que lo tenía, no exento de ironía: al perro que le regaló su amigo, el cantante Frank Sinatra, lo bautizó ‘Maf’, en alusión a los vínculos con la mafia que se le endilgaban al artista y de los que, a la postre, ella habría sido víctima, involucrada como estaba con las oscuras redes de poder y dinero del Estados Unidos de los años 60.

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