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Catalina Denís cuando era Catalina Zárate

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Cuando se llamaba Catalina Zárate y no había triunfado en el cine francés, esta joven de Bucaramanga probó suerte como modelo y presentadora de Sweet. En ese entonces, la llamada sexy bomba latina ya tenía la buena estrella: en el 2002 ganó un concurso de la revista Fucsia y participaba en muchos desfiles. Pero, renunció a todo por amor al arte.
Por: 21/5/2010 00:00:00
Una de las mujeres más sexys del cine moderno francés no nació en la ribera de Cannes, donde la belleza femenina se extiende en las playas y los mercados provenzales. Para más señas, su nombre es Catalina Denís, quien forma parte de una inusual ‘exportación’ de Bucaramanga al celuloide de Francia, donde la joven ha participado en cinco películas, incluyendo Go Fast, que produjo el célebre Luc Besson, director de Nikita. La prestigiosa revista París Match le regaló el apelativo de la ‘bomba latina colombiana’ que triunfa por esos lados del mundo. Pero antes, la joven trató de abrirse paso en el modelaje y la televisión nacional. Presentó el programa Sweet y trabajó en las pasarelas con igual éxito. Un concurso organizado por Terra y la revista Fucsia la escogió en el 2002 como la modelo revelación. Sólo que Catalina empacó maletas y emprendió su aventura por Europa.

Jet-set la invitó a recordar los días en que ella contaba los chismes de la farándula criolla y quería ser como Adriana Arboleda o Lina Marulanda.

De Bucaramanga, donde nació, se fue para Bogotá. ¿Qué pasó en esos días? -Me fui a estudiar Derecho al Externado. A mitad de semestre, era el 2001, me llamaron para presentar el programa Sweet. Luego me fui a Stock Models.

¿El programa Sweet le dejó un sabor agridulce? -Hay algo bueno en todo lo que uno hace. Trabajar con Carlos Giraldo fue excelente. Aunque muchos tenían una imagen jarta de él, en realidad era una persona increíble y con un corazón grandísimo. El problema es que nos hacían decir cosas que no eran verdad, incluso de nuestros amigos. Tenía que leer chismes de gente que yo conocía y que sabía que no eran ciertos. Presenté durante un año. Luego sufrí un accidente de carro en Carmen de Apicalá.

Y cambió la vida… -Pensé que no iba a volver a caminar. Tenía la pierna llena de tornillos. Me operaron tres veces. Cuando salí de la Clínica Santa Fe, al mes desfilé y me gané el premio del Concurso de Modelaje Terra-Fucsia. Empecé a valorar todo y a trabajar por mis sueños.

Le quedó una cicatriz que es su consentida… -En el tobillo derecho. No me la he querido operar porque me volví una experta maquillándola. Soy ‘la más’ en ese aspecto. Nadie sabe que la tengo porque me la maquillo muy bien.

El modelaje la deprimía. No se sentía bien en una pasarela… -El modelaje es el cuento de “sea bonita y cállese”. Siempre hay presión por los cuidados de belleza, y eso que yo tengo un buen cuerpo porque siempre he hecho deporte. Conocí niñas que sufrían muchísimo por la presión de ser delgadas. Exigirle a una mujer que sea talla cero, cuando mide 1,80 es un poco malsano.

¿Sufrió por algunos de estos desórdenes alimenticios? -No estuve lejos. Cuando vivía en Londres me levantaba y, como iba a casting todo el día, me tomaba un té con unas tostadas. Luego volvía a comer algo a las ocho de la noche. Obviamente, cuando mi mamá me visitó, me dijo que debía devolverme para Colombia: es que mido 1,80 y estaba pesando 48 kilos. Cuando veo las fotos, digo: eso no era de una mujer bonita. Una modelo que está en los huesos no es bonita. Chévere la que tiene buen pelo, buena cola y piernas gruesas.

La pantalla engorda. ¿Sigue con esa presión? -Ahora no vivo con esa presión. Hago ejercicio de la mano de una nutricionista.

¿Recuerda su primer desfile en Colombia?
-No. Recuerdo el primer casting que hice en mi vida y fue para el Bogotá Fashion. Estaban todos los diseñadores. Me sentí como si fuéramos unos caballos. Nos miraban como tal.

¿Y el primer sueldo?
-Eran unos desfiles en los que no te pagaban nada. Los diseñadores te daban camisetas o pantalones. Y, ya.

En el concurso de la revista Fucsia le dieron un carro…
-Claro. En el jurado estaba Paula Jaramillo. El premio fue un carro último modelo, lo vendí y me fui para Barcelona, donde estudié Actuación y modelé.

En la entrevista que concedió en ese entonces a Fucsia ya tenía claro el tema de la actuación… -Siempre ha estado ahí, pero yo no quería presionar para llegar a la actuación. Cada día llega con sus penas y glorias.

¿A cuáles modelos del país recuerda? -Hacíamos la gira de Lafayette con Adriana Arboleda y Lina Marulanda. Fue bueno compartir con ellas, que eran las grandes.

En ese entonces era novia de Camilo Baena. ¿Qué quedó de aquello? -Viví el cuento del accidente con él. Ahora, nos hablamos mucho por teléfono. Yo estoy casada desde hace cinco años. Pero, de eso no hablo. Mi vida privada no es interesante. A nadie le importa.

También la invitaron a que fuera Señorita Santander… -Claro. Mis papás lo querían muchísimo, pero la verdad eso de ser reina no me gustaba. No quería, no quería y no quería. Por eso, hice a escondidas unas fotos para Soho.Una vez que haces eso, bloqueas la petición de ser Señorita Santander. Mi papá dejó de hablarme durante muchos días. Luego me arrepentí, y dije: debí ser Señorita Santander y luego Señorita Colombia.

Como modelo también pasó sus sofocos… -Había cosas de la narcocultura, pero uno aprende a manejar eso. Aparecían tipos preguntándome dónde vivía para dejarme un carro frente a mi casa. Yo decía: muchas gracias, y me iba. Me daba miedo decir no, porque era peligroso. Eso pasaba porque había niñas que de un día para otro querían todo. Yo no.

Vamos al cine. En Francia actúo en Go Fast, producida por Luc Besson… -Claro. Un gran director también. Me gustan sus películas como Le Grand Blu, El quinto elemento, Leon o El profesional y Nikita. Todas.

Sus personajes en el cine europeo son muy temperamentales…
-De niña tonta, jamás. Qué pereza. Rico interpretar mujeres fuertes.

Todas son prostitutas, stripers o matonas. ¿No teme quedarse en estos roles? -Eso depende de las actrices. Penélope Cruz lo ha hecho y no la han encasillado. El de striper es porque quería estar con Carmen Maura, que es una señora actriz, y con José García. Cuando conocí a esas niñas que se desnudan, para interpretar al personaje, descubrí que siempre hay algo más allá de la fachada. Chévere tocar esos mundos que en mi vida normal jamás tocaría. Nunca me iría a un bar de putas, por ejemplo. Fue chistoso aprender a bailar en la barra y a mover el cuerpo como ellas.

¿Con qué actores quiere trabajar?
-Con Sean Penn hay un proyecto, pero no quiero prender la vela antes del entierro. Hay que dejar que las cosas se den.

¿Y de directores? -Michael Mann, de Heat y productor de la serie Miami Vice, en los 80. Me gustan sus personajes desestabilizados y de bajo mundo.

¿Qué tan desestabilizada es usted? -Mucho. Por eso tengo que actuar. Me puedo pasar un día entero pintando.
En Francia la llaman la “bomba latina”, ¿le gusta? -En Francia, Shakira, Eva Mendes, Penélope Cruz y Salma Hayek son wao. Para ellos, todo lo que venga de lo hispano es sexy. Es el primer adjetivo que encuentran. No me incomoda porque hay peores apelativos que usar. No me quejo. Gracias a Dios no soy la más fea del mundo .

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