NEWSLETTER

Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Ordóñez: No soy cavernario ni fundamentalista

Eventos

El procurador Alejandro Ordóñez, quien se ganó la fama de ‘conservador’ y ‘mojigato’, abrió las puertas de su casa, donde habló de su turbulento noviazgo con su esposa Beatriz Hernández, quien adelanta un libro con las intimidades de aquella época.
Beatriz Hernández de Ordóñez y el procurador Alejandro Ordóñez en compañía de sus hijas, Ángela María, de 19 años; María Alejandra, de 25, y su esposo Jorge Arturo Moncada; y Natalia, de 23. Foto: Imagen Reina/11.
Por: 15/9/2011 00:00:00
Mientras llega la publicación, sus hijas lo describieron como un padre liberal que las deja rumbear y tener novio.

Una vasija rebosante de agua bendita se encuentra a un costado de la entrada principal del apartamento del procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez. Unos pasos más adelante, la figura de un ángel con alas enormes domina el área social que él y su familia convirtieron en una especie de santuario religioso. Allí, entre otras imágenes, como las de San José y la Virgen María, una gigantesca Biblia de solapa desvencijada sobresale en este ambiente de religiosidad que el jefe del Ministerio Público no oculta en los medios, aun en detrimento de que sus detractores lo sigan tildando de “cavernario y fundamentalista”, como él mismo dice.

Pero esta pasión dedicada además a la lectura diaria de las escrituras y la adoración al Santo Rosario se remonta a casi tres décadas, cuando él tenía 28 años. De hecho, en esos días en que se debatía entre la vocación por el sacerdocio y la necesidad de conformar una familia, nació su romance con su actual esposa Beatriz Hernández de Ordóñez. Era una suerte de ‘pájaro espino’ que buscaba a Dios, pero en medio de la confusión que le producía el amor terrenal por aquella jovencita extrovertida, sagaz e igualmente creyente.

El primer flechazo que los hizo pensar en la atracción que sentían los dos se disparó en el claustro de la Universidad Santo Tomás, de Bucaramanga, donde ella era su estudiante en la clase de Filosofía de la Facultad de Derecho. El inicio de aquel noviazgo prohibido formará parte de un libro que Beatriz de Ordóñez empezó a redactar hace poco y que dará claves “para entender que el Procurador está más cerca a la debilidad humana que a la santidad”. O por lo menos así lo dijo él en Ocaña, donde se unió a la romería de la fiesta de la Virgen de la Torcoroma. “Yo tenía otro novio, pero de repente soñé con Alejandro y quedé enamorada de él. No me saludaba. Entonces, una vez que se atrevió a mirarme, dije: ‘al hombre hay que ayudarlo a romper el hielo’ porque es muy tímido”, recuerda ella.

Ocho días después del fugaz coqueteo, él le envió un ramo de flores y le declaró su amor, pero aún confundido por los conflictos internos que lo tenían con un pie dentro de un seminario. “Se iba a los retiros espirituales y cuando regresaba nos volvíamos a cuadrar en medio del malestar de mi familia que me veía sufrir por culpa de él”. Después de varios meses, llegó el día en que Ordóñez se mostró decidido y durante una inesperada conversación, que duró ocho horas, procuró buscar las palabras menos hirientes para explicarle que la vocación sacerdotal pesaba más que el amor de los dos. Beatriz, igual, quedó destrozada.

A los 20 días, cuando la joven apenas se reponía de la tristeza, la mamá de Alejandro Ordóñez la llamó para contarle que su hijo le había enviado una extensa carta que la haría creer nuevamente en el amor. “Por supuesto, mi suegra la leyó primero que yo. Pero no me importó. Alejandro se había salido del seminario. Me decía que no podía vivir sin mí y que nos casaríamos dentro de un año”.

El tiempo pasó, la pareja tuvo tres hijas, María Alejandra, Natalia y Ángela María, quienes hace un par de años también terminaron en boca de los opositores de Alejandro Ordóñez, cuando el jurista fue nombrado como el jefe máximo del Ministerio Público. Una mañana, cuando apenas se iban a estudiar, un noticiero radial soltó el chisme político que más ha martirizado a la esposa del Procurador: “Me dolió cuando dijeron que él era un papá tan supremamente malo y perverso que no dejaba salir a sus hijas. Dieron a entender que ellas eran unas mojigatas vestidas de monjas”. A las tres hermanas les tocó explicarles a todos los que escucharon aquel comentario radial que “mi papá nos dejaba tener novio, ponernos minifalda y nos permite rumbear hasta la madrugada”. Natalia, quien hace poco terminó Diseño de Modas en Milán, es de las que ataca los flancos desde donde disparan las críticas a la moral de su padre: “Si él hubiera sido como dice la gente, jamás me hubiera permitido vivir sola y lejos de casa.
 
Algunas veces me critica las pintas muy mostronas, pero jamás me las hace quitar”.
En el seno de su familia, Alejandro Ordóñez se siente seguro del cerco conformado por las cuatro mujeres de su vida. Cada una de ellas, esposa e hijas, lo han respaldado en sus decisiones, incluyendo los conceptos frente al aborto y el matrimonio gay que tantos enemigos le ha generado en la comunidad LGBT. “Nosotras no aceptamos el aborto porque desde el momento de la fecundación ya hay vida”, dice Ángela María, de 25 años, recién graduada como abogada. “Nosotras tenemos muchos amigos gays. Así que en esta familia no hay homofóbicos”, complementa la mamá.

Pero la avalancha de críticas hacia él sigue día a día, mientras ellas hacen el intento para que no las afecte. Beatriz aún se altera un poco y descarga sus nervios en los problemas del colon.

“Desde que comencé a buscar el camino para ser Procurador empezó una campaña mediática para desprestigiarme. Me atacaron por mis convicciones religiosas y eso que yo sólo hablo en función de la Constitución”, dice Ordóñez, quien sigue desmintiendo a todos los que dicen que es del Opus Dei. “Sólo soy un creyente, chapado a la antigua, al que le gusta la misa en latín y que reza el Rosario en familia”. En su habitación tiene un altar dedicado a la Virgen, San José, Jesús y a la Sagrada Familia. Hay más santos y a todos les reza.
LO MÁS VISTO