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Las mujeres de Gadafi

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Las famosas guardaespaldas del extinto líder libio hoy lo acusan de violarlas sistemáticamente. El mundo se sorprende además con la revelación de que su misteriosa esposa no era libia, sino húngara, y que amasó una fortuna de 30 billones de dólares.
A sus viajes al exterior, Gadafi solo llevaba a cuatro de sus amazonas, entrenadas en artes marciales, armas y combate cuerpo a cuerpo. Foto: AFP.
Por: 17/11/2011 00:00:00
El apego al poder, que lo tuvo por cuatro décadas como el amo de Libia, no fue la única excentricidad del fallecido dictador africano. Su otra debilidad eran las mujeres y se inventó la manera de rodearse siempre de ellas al crear la Brigada 77. Conocido en Occidente como la Guardia de las amazonas, de este batallón exclusivo para integrantes del sexo femenino salían las famosas guardaespaldas encargadas de proteger su vida, las cuales se volvieron un distintivo tan propio de Muamar Gadafi como sus fastuosos atuendos.

Ahora, luego de la espantosa muerte del Coronel a manos de los rebeldes contra su régimen, se ha conocido la verdad de lo que parecía ser un gesto de progresismo en un país donde las mujeres están relegadas al hogar. Aisha Abed El Salaam Ali, exlugarteniente de las amazonas, le dijo a unos reporteros desde una cárcel que el verdadero fin de Gadafi con su escolta femenina, la más famosa del mundo en su género, era proyectar la idea de que en Libia las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres.

Pero la inclusión en el escuadrón, según Aisha, no tenía nada de igualitario, pues el dictador las escogía a dedo. Debían ser altas, por cuestiones de seguridad, explicó Aisha, según la agencia ANI. ¿Bonitas? “No necesariamente”, contestó, “con un poco de maquillaje, cualquier mujer puede verse linda”. En efecto, además de usar labial y pestañina, las amazonas de Gadafi llevaban joyas, tacones altos y peinados de peluquería, otro aspecto raro en un país donde las mujeres, por precepto musulmán, se cubren la cabeza en público. Estas mujeres de élite debían pasar por un fuerte entrenamiento en artes marciales, armas de fuego, pilotaje de aeronaves y combate cuerpo a cuerpo, para custodiar efectivamente al dictador. Así mismo, tenían que jurar que permanecerían vírgenes durante su estadía en la Brigada 77, lo cual sería una leyenda si son ciertas las denuncias de varias examazonas que aseguran que Gadafi y sus hijos las violaban y cuando se cansaban de ellas las echaban o se las entregaban a militares de alto rango para que siguieran abusando de ellas. Según The Guardian, de Londres, muchas entraron al escuadrón presionadas por chantajes, como involucrar a sus familiares en casos de narcotráfico.

El misterio de la Primera Dama

Con la caída del dictador se develó por fin, además, el enigma de su esposa y madre de siete de sus ocho hijos biológicos. Durante años, Safiya Gadafi permaneció oculta de la mirada pública debido a sus orígenes europeos, algo que podría ser tildado de inconsecuente en un hombre tan apegado a sus orígenes árabes como su marido.

Exilada hoy en Argelia, al lado de su hija Aisha y sus hijos menores, el nombre original de la primera dama de Libia es Zsófia Farkas, de familia húngara, pero criada en Bosnia, donde trabajó en un centro militar de la Organización de Países No Alineados. Según el semanario Heti Válasz, de Budapest, allí conoció a Gadafi, quien se casó con ella, al parecer antes de su ascenso al poder, luego de divorciarse de su primera esposa. La versión oficial decía que era originaria de la ciudad de Ajdabiya, donde curiosamente nadie daba razón de ella, y que había conocido al dictador en un hospital donde era enfermera. Mientras que su marido se rodeaba de sus bellas guardaespaldas, ella vivía de compras en las grandes capitales europeas. En los últimos años, empezó a verse más a menudo fuera de casa, pero visitando a las tribus árabes del desierto, que como no hablan el árabe culto, no les chocaba el mal idioma de la ilustre huésped, quien además amasó una fortuna independiente a la de su esposo. La prensa europea asegura que hasta antes de la muerte de él, poseía una riqueza de 30 billones de dólares, incluidas 20 toneladas de oro.
 
Verónica Durán entrevistó a Gadafi

“En 1999 fui invitada, junto a periodistas de otros países, al trigésimo aniversario de la toma de poder de Muamar Gadafi. Entonces, era enemigo declarado de Occidente y sólo ingresaban al país africano las personas expresamente autorizadas por él. Era una oportunidad única para conseguir una entrevista con el líder libio.

“Esa meta fue la que nos llevó a mí y a mis compañeros del programa de Caracol TV Pasabordo  a permanecer en Trípoli durante más de un mes, vigilados y sin poder salir de nuestro hotel. A medida que pasaban los días, el resto de corresponsales fueron abandonando el país, pero yo no estaba dispuesta a irme sin la entrevista. Para ejercitarnos subíamos las escaleras del hotel y para no perder la calma realizábamos ejercicios de yoga.

“Una noche me despertó un ruido en mi habitación del hotel. Frente a mi cama había alguien observándome. ‘Los occidentales no saben esperar, pero ustedes han sido los únicos periodistas que lo han hecho. El líder de la Revolución Verde los espera, salimos en diez minutos’.

“Nos llevaron a Sirte, ciudad natal de Gadafi, y desde allí a su caravana de lujo en el desierto, donde vivía. Entramos en una gran jaima (tienda en el desierto). Al rato vimos a lo lejos a un grupo de personas corriendo. Era Gadafi, que hacía deporte en sudadera protegido por una tropa de bellas mujeres de uniforme.

“Llegó literalmente corriendo a nuestro encuentro y nos explicó que estaba haciendo sus ejercicios diarios y que prefería que volviéramos a la caída del sol. Finalmente nos recibió, en esta ocasión vestido con uniforme militar. Tras la entrevista me regaló un reloj con una fotografía suya en la esfera; dijo que había comprado la fábrica en Suiza.
“Han pasado ya doce años, y desde la distancia surgen los atributos de un retrato más objetivo, pero no menos fascinante, del personaje. Intimidante, egocéntrico, inteligente, seductor, manipulador, desconfiado y seguro de sí mismo. Para conservar durante más de cuatro décadas el poder, quizá todos fueron necesarios”.

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