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Larry Fortensky, el último marido de Liz Taylor

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El último esposo de la fallecida actriz, está hoy alcoholizado, obeso y en bancarrota. Podría resolver sus problemas económicos ventilando en los medios su vida privada junto a la diva y cobrar miles de dólares. Sin embargo, prefiere mantener su silencio.
Descalzo y en piyama. Así se ve hoy Larry Fortensky, el último esposo de Elizabeth Taylor. Foto: Queen Internacional.
Por: 9/5/2011 00:00:00
El 6 de octubre de 1991, Elizabeth Taylor se casaba por octava vez con un obrero de construcción, 20 años menor, llamado Larry Lee Fortensky. El escenario elegido para la boda, la residencia de Neverland, propiedad de Michael Jackson, amigo íntimo de la actriz, era en aquel momento tan particular como la pareja de novios. Ella, rica, glamurosa y asediada. Él, pobre, burdo y anónimo. Se conocieron cuando ambos ingresaron al centro de rehabilitación Betty Ford en Palm Springs. Liz había recaído en su adicción a los sedantes y Larry hacía un último intento para superar el alcoholismo.
 
Se hicieron amigos, y un día cualquiera Liz lo invitó a quedarse un fin de semana en su mansión de Bel Air. Eran sólo amigos y a la diva le divertía la simplicidad de Larry, quien jamás había subido a un avión ni conocido a una persona que fuera gay.

Un mes después el obrero seguía frecuentando la mansión y quedándose en el cuarto de huéspedes, hasta que una mañana Liz Taylor llamó a la cocina para pedir que llevaran dos desayunos completos a su habitación. Fue el comienzo de un nuevo romance para la actriz y el origen de toda clase de comentarios por parte de sus amigos más cercanos, que no veían con buenos ojos a Fortensky y lo señalaban como un vividor que sólo quería el dinero y la fama de Liz. Sin embargo, él se levantaba todos los días a las seis de la mañana para ir a trabajar, y siempre sostuvo que su relación con la actriz era honesta. Mientras tanto, ella parecía feliz, aunque era evidente su deseo de ‘pulirlo’ como a un diamante en bruto. “No escupas. No hables con la boca llena. No me contradigas”. Eran algunas de las frases que le repetía a su nuevo esposo, incluso en público, algo que irritaba mucho a Larry, que empezaba a sentirse harto de ser ‘el señor Taylor’, preso en un mundo ajeno. A eso se sumaban comportamientos como fumar en la habitación matrimonial, dormir con el televisor encendido y dejar la cama llena de migas, que terminaban por ponerle a Taylor los pelos de punta. Las peleas no tardaron en hacerse cotidianas. Larry volvió a beber más de la cuenta y a ponerse agresivo. Una noche estuvo a punto de acabar con la sala de la casa en un ataque de ira. Liz reunió a sus empleados para que se escondieran con ella en el baño, sin embargo, todos coincidieron en que a la hora de causar destrozos domésticos, nadie superaba a Richard Burton, el dos veces esposo de la actriz.

A partir de 1993, una serie de eventos desa-fortunados golpearon el ánimo de Liz, quien ya no parecía tener interés en el matrimonio. Su madre, Sara Sothern, falleció. Su secretaria se suicidó y su publicista murió de cáncer. En 1994, Taylor debió ser sometida a un transplante de cadera, pero no tuvo una buena recuperación. Para 1996, ya la pareja dormía en habitaciones separadas. Una mañana, Liz entró al cuarto de Larry y le dijo que era el momento de decir adiós. “Tú no eres feliz, ni yo tampoco”.
 
Firmaron el divorcio y Larry recibió poco más de un millón de dólares, según un acuerdo prenupcial que estipulaba esa cifra si el matrimonio duraba más de cinco años. Compró una casa de tres cuartos en San Juan Capistrano, California y lo que quedó de su fortuna comenzó a esfumarse por cuenta de su adicción al alcohol, a las mujeres y a los amigos oportunistas. Taylor y Fortensky siguieron siendo cercanos y hablando por teléfono de vez en cuando. En 1999, luego de una fiesta en su residencia, Larry rodó por las escaleras y fue encontrado inconsciente por una de sus hermanas. Todos creyeron que iba a morir y llamaron a Liz para que pudiera despedirse en el hospital. Finalmente, Fortensky sobrevivió al accidente y recibió una pensión de invalidez por 25 mil dólares al año por las secuelas de movilidad en su pierna y brazo derechos.

Se mudó a un rancho en Temecula, pero el año pasado debió entregarlo al banco porque no tenía cómo pagar la hipoteca. Ahora vive en Menifee, un pueblito polvoriento y sin pretensiones donde puede andar todo el día en piyama, fumando un poco de hierba y bebiendo whisky barato. Duerme en una casa alquilada y tiene un corral de pollos. Se enteró de la muerte de Liz Taylor mientras veía un noticiero. Al día siguiente, le llovieron ofertas para contar las intimidades de su relación con quien fuera considerada “la mujer más famosa del mundo”. Todas las rechazó colgando el teléfono. ¿Mantendrá Larry Fortensky la lealtad de todos estos años a su difunta ex? ¿O cambiará de parecer, y se dejará tentar para salir de la pobreza?
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