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Fundador de Wikileaks ¿Violador o víctima?

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En el apogeo de su fama de revolucionario de la información, Julian Assange fue detenido por denuncias de abuso. Pero la acusadora principal es cuestionada por escribir una guía de venganza contra los hombres y por sus posibles nexos con la CIA.
Para los defensores de Julian Assange resulta sospechoso que las denuncias de abuso hayan surgido después de que él golpeó a la diplomacia gringa con las escabrosas revelaciones de Wikileaks sobre la Guerra de Afganistán. Foto: AFP.
Por: 4/1/2011 00:00:00
Anna Ardin y Sofia Wilen, dos suecas anónimas, lograron lo que no pudieron los hombres más poderosos del mundo: poner tras las rejas al australiano Julian Assange por revelar los secretos y la hipocresía de su diplomacia en su portal Wikileaks, en el escándalo del año. Pero las dos mujeres no han obrado por altruismo, sino por razones íntimas, pues alegan que él abusó sexualmente de ellas. Sin embargo, sus historias son tan confusas, que para muchos se trata de un complot orquestado por la CIA de Estados Unidos, para silenciar al hombre que los ha dejado en ridículo.
 
En agosto pasado, Assange ya era una celebridad por sus wikilikis, cuando llegó a Estocolmo para intervenir en un seminario. Allí conoció a Anna Ardin, una de las organizadoras del evento, experta en equidad de género, miembro del Partido Social Demócrata, conocida por su feminismo recalcitrante, de acuerdo con informes de AOL News, y quien le ofreció quedarse en su casa. Todo terminó en romance y, según le dijo al Daily Mail una fuente de la policía sueca, la noche antes del seminario tuvieron sexo, “pero hubo un problema con el condón: se rompió. Ella pensó que él lo hizo a propósito, pero él insistió en que fue un accidente”. Ya en el seminario, ella apareció relajada y sin problemas.

Cuando el acto académico terminó, Assange cenó con un periodista amigo, dos socialdemócratas y Sofia Wilen, una fotógrafa de 26 años, que como las groupies de los rockeros, se las ingenió para llegar a Assange, a quien admiraba con locura. Finalmente, se quedó sola con él y, en la penumbra de un cine, iniciaron un coqueteo sexual que quedó en punta, ya que él tenía una fiesta que le ofrecería Anna, la anfitriona de la que supuestamente ya había abusado.

Días después, Assange volvió a ver a Sofia y tuvieron sexo sin condón, pese a que ella afirma que le insistió en que lo usara y no se detuvo cuando se lo pidió. Sin embargo, cuenta que minutos más tarde fue a comprar comida para el desayuno y en la mesa hizo bromas acerca de la posibilidad de haber quedado embarazada. Luego se despidieron amigablemente, pero él no la buscó más ni contestó sus llamadas.

El asunto cobró su giro dramático cuando Sofia llamó a Anna, pues la había conocido en el seminario, y descubrieron, con horror, que habían sido amantes del mismo hombre. El tema del coito sin protección desató sus temores de haber contraído una enfermedad de transmisión sexual o de haber quedado embarazadas. Y fue en este febril estado que fueron a la policía. Una primera fiscal elevó los cargos de abuso sexual, una superior de la misma los desechó y una tercera, Marianne Ny, reabrió la investigación y tiene hoy al periodista en jaque en el apogeo de su fama de revolucionario de la información.

Assange, quien se entregó a la policía de Londres luego de que la Interpol liberó una circular en su contra, sostiene que las relaciones fueron consensuadas. Sus abogados están desconcertados porque la Fiscalía sueca les informó que no era requerido por abusos sexuales, como se dijo primero, sino por algo llamado “sexo por sorpresa”, que se castiga con una multa de cinco mil coronas o 724 dólares, según AOL, y no se sabe exactamente qué es.

Los defensores del periodista en Internet se preguntan cómo las acusadoras pudieron ofrecerle fiestas y desayuno después de ser vejadas por él. Y hay quienes documentan la versión de que Ardin, autora de una guía de cómo vengarse de los hombres, trabaja para la CIA. En el pasado, fue expulsada de Cuba por sus labores contra los hermanos Castro, informó AOL y, según publicó Kirk James Murphy en Firedoglake.com, ella colabora con grupos financiados y animados por el periodista Carlos Alberto Montaner, de quien Murphy también dice que es de la CIA, y el terrorista Luis Posada Carriles. Por ahora, el destino de Assange está en manos de los británicos, quienes deberán decidir si lo extraditan o no a Suecia.
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